La juventud cántabra reivindica los servicios públicos y el cuidado como base del desarrollo, pero evidencia dificultades para imaginar alternativas sistémicas

El informe ‘Semillas de Tejo’ recoge el trabajo de 654 jóvenes en 23 talleres y señala consensos claros en defensa de la sanidad y la educación públicas, junto a tensiones en torno al trabajo, la tecnología y la participación política
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La defensa de la sanidad y la educación públicas, el rechazo unánime a la guerra y al egoísmo, y la centralidad de los vínculos y la naturaleza configuran el núcleo del informe ‘Semillas de Tejo para un Desarrollo a Escala Humana’, elaborado tras la participación de 654 jóvenes de entre 18 y 30 años en 23 talleres celebrados en 15 instituciones de Cantabria durante 2025 .

El documento, impulsado por La Columbeta e Ingeniería Sin Fronteras Cantabria y subvencionado por la Dirección General de Cooperación para el Desarrollo, Juventud y Voluntariado del Gobierno de Cantabria, se apoya en la teoría del Desarrollo a Escala Humana formulada por Manfred Max-Neef, junto a Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn.

Según se recoge en el marco conceptual del informe, esta corriente plantea que el desarrollo debe centrarse en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales —como subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad— y no limitarse al crecimiento económico .

Consensos claros: servicios públicos, naturaleza y vínculos

Entre los principales consensos destaca la “centralidad de los servicios públicos universales”. La educación y la sanidad públicas aparecen como derechos “innegociables”, mientras que la vivienda digna y asequible se consolida como tercer pilar, en un contexto marcado por la crisis habitacional que afecta a la juventud .

En el plano de los valores personales, la empatía es el atributo más citado en la dimensión “Ser positivo”, con 47 menciones, seguida de respeto, solidaridad y amabilidad . En contraste, el egoísmo encabeza los antivalores, con 38 menciones, configurándose como el principal elemento que, a juicio de los y las participantes, destruye la posibilidad de una vida buena .

La naturaleza ocupa también un lugar central. En la dimensión “Estar positivo”, los espacios naturales son el entorno más demandado, junto a la familia, el hogar y las amistades . Frente a ello, la guerra se identifica como la negación absoluta de la vida buena, con 40 menciones en la dimensión “Estar negativo”, seguida de la contaminación y la soledad no deseada .

El rechazo a la violencia adopta distintas formas. En la dimensión “Tener negativo” destacan armas, guerras y conflictos, junto a pobreza, adicciones y dictadura . En “Hacer negativo” se citan odiar, agredir, maltratar o acosar como acciones incompatibles con una vida buena .

Tensiones generacionales: trabajo, tecnología y política

Más allá de los consensos, el informe identifica varias tensiones. Una de ellas es la paradoja entre trabajo y vida. Aunque el trabajo se reconoce como necesario, no aparece asociado a realización personal. Se valora el tiempo libre y se rechaza la explotación laboral, en un contexto que el propio informe vincula a precariedad, temporalidad y dificultades de emancipación .

Otra tensión se sitúa en la tecnología. Internet y las herramientas digitales se valoran como recursos imprescindibles, pero al mismo tiempo se rechazan las redes sociales y las adicciones asociadas a pantallas . El dilema, según el análisis recogido, no es usar o no usar, sino cómo hacerlo y bajo qué lógicas.

En el ámbito institucional, se observa una distinción entre la valoración positiva de la democracia y los derechos humanos y el rechazo a partidos y políticos, asociados a corrupción . Este contraste apunta a una brecha entre principios y prácticas políticas.

El informe también señala que, aunque la juventud identifica con claridad antivalores interpersonales como el egoísmo o la envidia, aparecen con menor frecuencia referencias a estructuras de dominación como el racismo o el machismo . En la dimensión de acciones positivas, ayudar y amar son las más citadas, mientras que el activismo o la manifestación apenas aparecen mencionados .

Alta valoración de los talleres

En la evaluación final, la media global de satisfacción se sitúa en 8,57 sobre 10 . Las mujeres otorgan puntuaciones superiores en todos los ítems analizados, mientras que los hombres tienden a valorar principalmente el componente lúdico del juego utilizado en los talleres.

En conjunto, el documento describe a “una generación en búsqueda” que tiene claridad sobre lo que rechaza —guerra, pobreza, violencia, precariedad— y sobre lo que necesita —servicios públicos, vínculos, naturaleza—, pero que presenta dificultades para imaginar alternativas sistémicas o articular propuestas de transformación estructural .


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