Salir a ganar, o…
Siempre distinguí entre la izquierda que aspira a ganar, a intentarlo, aunque se caiga en el intento; y quien solo aspira, o se conforma, que es lo mismo, con defender lo que posee, aunque solo sea un montón de ideas con las que ser coherente. Ser coherente es necesario pero, para generar confianza, hay que esforzarse por ganar, arriesgando si es preciso.
Por lo mismo, siempre me merecieron poco respeto quienes se contentaban con el mal menor y, sobre todo, detesté a quienes apostaban por el “cuanto peor mejor” con la ilusión de que, en medio del caos, ellos podrían crecer.
En elecciones, se puede perder votos una vez, ser castigado por los votantes por algún error cometido. Pero si se siguen perdiendo una y otra vez, algo mal se está haciendo, y los votos perdidos no se recuperan fácilmente.
La historia demuestra que, para que surja una organización política “rompedora”, tiene que producirse dentro de un movimiento generalizado de movilizaciones populares y conflicto. En tiempo de calma, Podemos no hubiera sido posible: la movilización del 15-M lo hizo posible. También muestra la historia que, cuando el movimiento llega a entrar en las instituciones, obteniendo representación en ellas, la movilización desaparece o, cuando menos, disminuye. Los verdaderos cambios se consiguen desde el gobierno pero, y sobre todo, por la presión en las calles.
Las grandes transformaciones no las han conseguido los partidos políticos en solitario, ni la acción política institucional. Se producen cuando junto, o tras los partidos, está la gente. Y no solo apoyando, sino aportando, ideas, corazón, organización y fuerza.
En una lucha encarnizada de clases, la valía y grandeza de un movimiento se mide por el poder de su enemigo. Lo decía el gran Jefe Indio. Y no vale estar siempre lamentándose de que el enemigo te persiguió, te discriminó, te boicoteó. Ser perseguido, discriminado o boicoteado por tu enemigo, es un título de grandeza del que hay que sentirse orgulloso, por mucho mal que te haya hecho. Es lo que te justifica, te distingue, te confirma: tener un enemigo importante porque tú eres importante. Cuando el enemigo deja de perseguirte… malo.
Vivimos una situación en la que vemos cómo avanza, a golpe de encuestas y, en los últimos tiempos, a golpe de resultados electorales, el principal enemigo de los y las trabajadoras, los pensionistas, los jóvenes, las mujeres, los emigrantes y las personas vulnerables, en general: todo apunta a que, PP y VOX, pueden ganar las próximas elecciones generales y lograr formar gobierno.
Y que gobiernen la derecha extrema y la extrema derecha no será, si eso se produce, algo pasajero, un paréntesis “soportable”, en el que se perderán derechos, pocos para quienes más tienen (derechos), y muchos para quienes tienen pocos (los trabajadores, los y las personas dependientes, las viudas, los sin techo, los que no pueden alquilar una vivienda, los que no tienen papeles… los más vulnerables). Por ellos, por quienes más sufrirán, si llegan a gobernar las derechas y, más aún, si llegan a gobernar más de una legislatura, las izquierdas tenemos la necesidad y la obligación de ponernos en movimiento para que eso no ocurra. No podemos consentir que quienes más sufren, lo vayan a soportar un año, cuatro, ocho años. Y no es cuestión de miedo: es solidaridad y compromiso con quienes más sufren. ¡Salgamos del confort en que vivimos!
Los últimos acontecimientos políticos demuestran que hay izquierda, izquierda plural, y que, la necesidad de conseguir la mayor unión posible entre esas izquierdas, es una aspiración que se ha asentado en la sociedad, hasta llegar a ser “de sentido común”, para alboroto mediático y preocupación de muchos.
Y ante esta situación, caben alternativas.
Desde quedarse de brazos cruzados, “a ver qué pasa” (ésta no es alternativa), a conformarse con el mal menor, con resistir… o con salir a ganar.
Contentarse con el mal menor es resignación, es conformismo, es aspirar a quedarse con lo que se tiene y aferrarse a ello, temiendo que se puede perder. Es mal menor encubierto jactarse de que con lo poco que se tiene se pueden conseguir cosas importantes. Lo hace Junts per Cataluña, una y otra vez, y presume de ello ante sus votantes… y también lo hace Podemos con lo de la regularización de los emigrantes. Tener uno, dos, cuatro, siete votos “determinantes” no es título de nada, no te da más poder, solo muestra la debilidad del conjunto del que tú también formas parte, solo es muestra de que la mayoría progresista en el Congreso es exigua, y nada más. Y no podemos conformarnos, tampoco Podemos, creo, con que así siga siendo. Necesitamos una mayoría amplia. Con una amplia mayoría sobrarían votos y no habría votos “determinantes”.
Resistir es agarrarse a lo poco que se está haciendo (Sumar) dentro del Gobierno, sin tomar decisiones importantes, no solo amenazas, que puedan justificar seguir dentro, cuando el socio mayoritario en el Gobierno, el PSOE, rechace, desprecie o boicotee tus propuestas.
Salir a ganar es… salir a la calle, movilizar, atreverse a convocar, sin miedo a que la gente, al principio, no te siga; con propuestas creíbles, llenas de contenido práctico, que mejoren la vida de la gente… salir con la frente alta, confiados en nosotros mismos, convencidos de lo que decimos, única manera de que la gente confíe en nosotros y se sume…
… Y es salir ahora, no vamos a votar mañana, queda tiempo por delante, se pueden lograr muchas cosas todavía, se puede, desde ya, dejar claro por qué vamos a luchar después, porque lo estamos defendiendo ahora ya. Se puede debatir mucho, se puede acordar lo necesario, se puede escuchar a la gente, se puede concretar un programa que recoja los puntos fundamentales, los más necesarios, se puede dar participación a todo el que quiera… se puede. Lo que no se puede es quedarse fuera por estar en desacuerdo con el “para qué”, el “cómo o el “quién”, cuando aún nadie lo ha definido. Abramos la posibilidad de que entre todos podamos hacerlo. Nadie es imprescindible, pero TODOS somos necesarios.
… Y no es cosa de los partidos solo: los sindicatos, los movimientos sociales, vecinales, feministas, ecologistas… todos tenemos algo que decir y todos podemos aportar, comprometernos y arrimar el hombro.
Hay tiempo, pero el tiempo corre, deprisa, no para. Solo falta voluntad de intentarlo. Y no quedan excusas.
Nota.- Hay quien, intentando llevar las cosas al extremo, plantea que deberíamos implicar al PSOE en esto. No sería la primera vez que se plantea y que se acuerda. En el 2000, Joaquín Almunia (PSOE) y Francisco Frutos (IU) llegaron a un acuerdo electoral con resultados desastrosos para ambos partidos, y ganó Aznar. Otra cosa fue el Frente Popular del 36, pero las condiciones eran distintas. El PSOE, todavía mayoritario, debe sentirse clara y públicamente presionado a su izquierda, desde ya. El objetivo no consiste en la sola repetición de un gobierno progresista, el objetivo es conseguir el gobierno MÁS progresista posible y, para ello, hace falta que, a la izquierda del PSOE, haya la mayor fuerza posible.