Reflexiones para una acogida de menores libre de odio
Lo acontecido en Cartes ante la decisión del Gobierno de Cantabria de asignar a ese municipio 18 menores procedentes de Ceuta, Melilla o Canarias ya ha dado para varios ríos de tinta, argumentos muy desafortunados y también muchas conversaciones al respecto, de las informales que mantenemos en el banco del parque o en la barra del bar, pero también reuniones específicas para hablar de ello.
Este martes ha estado en Torrelavega el secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez, invitado por Izquierda Unida a un acto en el que participaban dos asociaciones que siguen muy de cerca este asunto. Una es la Fundación CUIN, directamente encargada de gestionar el centro donde ya están llegando menores en situación de vulnerabilidad. Estaba presente Pedro Tresgallo, su presidente. Otra es Pasaje Seguro, a través de Aurora Otero, que ya acumula unos cuantos años de activismo en lo que se refiere a la acogida de personas que llegan desde otros países para intentar lograr la oportunidad de una vida mejor. Y también participaba Omar El-Khatabi, una persona que contó su experiencia personal de llegada a España. Algo que se estaba echando en falta, las voces de quienes sufren el fenómeno de la migración y no sólo de quienes defienden sus derechos y de quienes los atacan con discursos de odio.
La historia de Omar es de las que emociona, porque es el relato de una experiencia de sufrimiento y de un agradecimiento por la acogida recibida. Tenía 16 años cuando llegó y ahora es trabajador de una gasolinera, mientras consigue el carné de camión para dedicarse al transporte de mercancías. El suyo es un ejemplo de una persona a la que no le han regalado nada y que está teniendo que trabajar duro en un sitio del que desconocía el idioma cuando llegó, muy al contrario de lo que profesan, insistentemente, los bulos que dicen que toda persona extranjera recibe una ‘paguita’ al llegar, como si fuera tan fácil sortear la burocracia de la que tanta gente se queja.
Otro de los argumentos de odio más habituales apareció en la primera pregunta que el público hizo en la charla: si tanto bueno hacen los migrantes, llévatelos a tu casa. La pregunta la formuló alguien que, en efecto, se llevó a una persona a su casa. Cada acto de solidaridad de este tipo refleja que hay una parte de la sociedad verdaderamente disputa a implicarse en ayudar en este tema. Pero son las administraciones las que deben ocuparse de esa función.
Pérez se encargó de aclarar que la tutela efectiva de estos menores que llegan a España corresponde a las Comunidades Autónomas, pero eso no significa que la Administración General del Estado no pueda trabajar en desatascar situaciones peliagudas. Esta llegada a Cartes, más la futura de Castro Urdiales, son el resultado de una situación desesperada. Ceuta y Melilla, pero sobre todo Canarias, se hallan en una situación de desbordamiento. Son los puntos de entrada más habituales y ha llegado a un punto en que no tenían suficientes centros donde acogerlos, y eso desembocaba en un estado de hacinamiento.
El propio Pérez comprobó la situación en persona y comprendía al Gobierno canario, que ya no sabía de qué forma pedir ayuda al resto de Comunidades. La solución está llegando con mucha lentitud y con resoluciones del Tribunal Supremo para que se agilice la llegada de menores a distintos puntos de España y que los lugares que son de entrada directa puedan atender mejor a quienes necesitan ese recurso.
El secretario de Estado también se refería a los datos que dicen que el año pasado han llegado menos migrantes. Advertía de que acuerdos bilaterales de España con países de África Occidental pueden frenar las salidas desde ahí, pero eso hace que se busquen otras rutas mucho más largas y, por lo tanto, peligrosas para quienes pretenden huir del hambre, la miseria, la falta de respeto a los derechos humanos y las guerras. Por ejemplo, reducir los cayucos que parten de Mauritania o Senegal, pero salen más desde Guinea Conakri, mucho más al sur.
Después están los discursos de odio que se encuentran en el lugar al que llegan. Ni siquiera hace falta entrar en las redes sociales, como se ha comprobado en el caso de Cartes. Se han encontrado el desprecio de un Gobierno de Cantabria que no quiere aceptarlos, pero también de un Ayuntamiento que llegó a decir que no tenía recursos para acoger a 19 personas.
Pérez se refería a las declaraciones de la alcaldesa de Cartes diciendo que «si hablas de castigo porque llevan menores migrantes a tu pueblo, te estás poniendo en un lugar de la trinchera que no es el de la izquierda». A la vez, lamentaba que son ya varios los países que están entrando en la espiral del odio al diferente y, muchas veces especialmente, a las personas migrantes, desde los Estados Unidos de Donald Trump hasta, probablemente, el Chile de José Antonio Kast, una vez que tome posesión como nuevo presidente.
También puso otros ejemplos de administraciones públicas que hablan de la llegada de menores migrantes desde el punto de vista del coste económico, cuando son personas que la ley te obliga a atender y que conllevan un gasto que un Presupuesto debería poder cubrir sin problemas, máxime si una administración no ejecuta todas las partidas con tenidas en esa ley.
Respecto a la gran cantidad de desinformación que gira por medios de comunicación y redes sociales, Pérez hablaba de propuestas legislativas que el Gobierno central trata de poner en marcha, regulando los ent0rnos digitales para que sea más difícil mentir y manipular a los usuarios, y limitando la publicidad institucional en los medios, de manera que la financiación sea más clara y no dependa, en gran parte, de las administraciones públicas.
La manera de acoger y una atención diferente
Respecto a la acogida concreta, Pedreo Tresgallo, de la Fundación CUIN, explicaba que le parece importante lanzar mensajes ilusionantes, en positivo y con esperanza. No dejarse vencer por quienes llenan el debate de ruido y señalan al más débil como culpable de sus problemas.
Además, aseguraba que nueve de cada diez personas migrantes atendidas por ellos estudian o trabajan, y algunas, las dos cosas. Deshace así los estigmas asociados a ese colectivo, y también trata de deshacer la idea de que somos una sociedad que rechaza a quienes llegan de fuera. «Somos una sociedad extraordinaria y acogedora», aseveraba.
Tresgallo se refería también al tipo de trabajos que escogen, en muchos casos. El transporte de mercancías, trabajar en el campo… no son las salidas más atractivas, pero también están dispuestos a llenar los huecos que hay dentro del mercado laboral, y recordaba que el 26% de las cotizaciones a la Seguridad Social ya proviene del trabajo de quienes han llegado en busca precisamente de eso.
Pero el presidente de CUIN tenía otra cosa muy importante que señalar. Si muchos de los menores que llegan están en los 16 y 17 años, es importante tener en cuenta que tienen poco tiempo para prepararse para tener un vida independiente, porque si no, a los 18 años, lo que les espera es la expulsión del país.
Carmen Martín se unía a Tresgallo en el concepto de familia, algo que Omar ya destacaba en su discurso por ser tu círculo más íntimo y que tienes que dejarlo atrás, por lo que la familia es nueva. Al llegar a un sitio donde son entidades del tercer sector las que pueden ofrecer algo de ayuda, las personas concretas de las ONGDs pasan a ser ese círculo íntimo. «Somos la familia», así de fácil, pero también con lo que eso conlleva, convirtiéndose en un apoyo que debe intentar no fallar nunca.
La portavoz de Izquierda Unida también denunciaba la intención, constante, de estigmatizar y deshumanizar a quienes son, aún, niños. Poner en ellos el foco también tiene consecuencias. No es tan fácil asumir, a esas edades, que hay gente (y parece mucha por el ruido que hace) que te considera un estorbo, un problema, algo únicamente negativo. Y el griterío lo que puede conseguir es generalizar el prejuicio como un arma arrojadiza constante.
Llevar a personas migrantes por el camino del estigma y la desprotección también tiene consecuencias en la salud. Martín, activista en favor de los derechos de personas con VIH y presidenta de Coordinadora Estatal de VIH y SIDA (CESIDA), alertaba de que más de la mitad de los contagios de VIH en España se producen en personas migrantes. Eso es fruto de que sólo se les otorgue atención sanitaria de urgencia, pero no el resto.
Aurora Otero pretendía hacer un poco de marcha atrás para hablar de las migraciones de personas camino de Europa y de España. Recordaba la crisis de refugiados sirios, con motivo del estallido de una guerra civil en 2011 que llevó a millones de personas a querer abandonar su país para encontrar un sitio pacífico donde desarrollar su proyecto de vida. Aunque sí hubo una cierta acogida, la Unión Europea trató de blindar sus fronteras pagando dinero a países como Turquía para que contuviera a gente desesperada que tenía no mucho más que una tienda de campaña como objetos personales.
La representante de Pasaje Seguro citaba ese ejemplo, pero también señalaba que había muchos otros en los que las causas de las migraciones las producen los mismos países que después no quieren recibir a la gente desplazada de su casa, de su pueblo, ciudad y país. El expolio de materias primas, o su compra a bajo precio son claves para que el pastel no le llegue a todo el mundo. Y se establece una discriminación muy evidente: «no puede ser que nuestros hijos puedan migrar y otros no».
La manera de frenar a las personas migrantes también merece una reflexión. Los muros cada vez más altos, la cantidad de agentes policiales en las fronteras e incluso utilizar cuchillas que se ponen en lo alto de las vallas. Recordaba Otero que al Gobierno de España le costó quitarlas en Ceuta y Melilla, pero las acabó quitando. El único sitio de toda España donde todavía quedan concertinas es en el Puerto de Santander. Y puede que todavía vaya para rato su desinstalación.
Su misión consiste en poner el acento en las medidas en contra de estas personas y en los discursos, muchos de tipo xenófobo y racista, que se hace en su contra (por cierto, también en centros sanitarios). Y lo hacen acudiendo adonde se les invite, pero también creen que es necesario seguir diciéndolo en la calle, utilizando incluso el boca a boca y repartiendo tarjetas a los transeúntes que pasan junto a sus movilizaciones para promover una reflexión sobre lo que está ocurriendo.
Volviendo a Cartes, Tresgallo reconoció que habían unos «días malos, pero creo que de aquí van a salir cosas buenas». Pérez lamentaba los discursos de odio, y por eso invitaba a las administraciones públicas a no desvelar dónde habrá un centro de acogida, porque es otra manera de colgarles una diana. Y se mostraba conforme con la prohibición de concentraciones en las puertas de este tipo de instalaciones, aunque también decía que hay que tener cuidado con prohibir en general, porque puede ser una forma de que los movimientos ultraderechistas se puedan mostrar como víctimas.
Lo que también tenía claro es que los menores llegados a Cantabria acabarán trabajando y contribuyendo a la sociedad de Cantabria, por mucho ruido que se haya armado en las últimas semanas.
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