Fomentar la vida en el medio rural, pero sin alterar su inercia
Son un proyecto reciente, pero que ya va obteniendo frutos esperados. PAS es un coliving y un coworking rural, situado en Villegar de Toranzo. Están junto a la N-623, no en una de las zonas más perdidas de Cantabria, pero tampoco junto a las ciudades.
Lulú Escobar y Óscar Pérez Marcos decidieron dar el salto al medio rural, y parece que ya no van a querer moverse. Definen lo que han creado como un «laboratorio de vida, es decir, que cada persona que viene aquí experimenta en la cotidianidad, en el día a día, en su trabajo, en la rutina diaria, en la vida en comunidad, experimentos que nosotros queremos que sea esa semilla que queremos dejar en el mundo, experimentos relacionados con conexión con la naturaleza, con vida en comunidad, servicio comunitario y momentos de mucho aprendizaje», con el ruido del río Pas de fondo, como cuentan en una entrevista concedida a EL FARADIO.
Es una propuesta muy alejada del turismo tradicional, pero disponible durante todo el año. Y que tiene una base fundamental en estar abiertos a propuestas de quien quiera acercarse y que siempre está abierta a la colaboración con otros actores que desarrollen su actividad junto al río, sea en las zonas altas o en las bajas. Sirva La Teatrería de Ábrego como uno de los ejemplos. Sitio de descanso, de trabajo, de conexión y también de creatividad.
Lulú explica que atienden a tres patas principales: «tema de vivienda, tema de oportunidades y desarrollo económico y tema de comunidad, son tres patas que yo creo que cualquiera que quiera volver a Cantabria o intentar una vida en el rural son críticas y necesitan». Cuando reciben visita, animan a interesarse por otros comercios locales, que vean cómo se hacen los quesos o los sobaos, que hagan una ruta y que aprovechen la experiencia de otra forma.
Óscar incide en el tema de la vivienda, un auténtico reto, pero también en el hecho de que la gente no se vaya de esta zona. «Aquí cuentan los inviernos, cuánta gente de verdad vive el invierno, y ese es el verdadero reto para que no pase como en Soria o en Teruel». Por eso fomentan quienes van a PAS Coliving también conozcan otros sitios que merecen la pena y se fomenta una actividad económica que no revierte solamente en un sitio. Así se hace más y mejor comunidad.
Las estancias que tienen suelen ser más de dos a tres meses, y ya tienen algún lugar cerca que promueve estancias incluso de un año. Con el aumento de teletrabajadores es más fácil que haya gente que se plantee vivir y trabajar durante unos meses en los valles pasiegos.
Ambos están contentos porque «con los vecinos hemos tenido la fortuna de tener una gran acogida», y también se van sumando a algunas de las actividades que llevan a cabo, que van desde la danza hasta la siembra, pasando por momento de cocinar juntos, meditación y hasta surf, incluidos los meses de invierno.
No llevan más que un año, pero Óscar ya piensa que «este proyecto a 20 años puede plantear una comunidad de comunidades donde realmente puede haber oportunidades de quedarse, de vivir de otra manera, de ir más austeros, más ligeros, más conectados, más presentes y claro, en el momento en el que estamos, pues es una solución fantástica para temas de salud emocional, para temas de sobrevivir en las ciudades principales». Alejarse del mundanal ruido puede ser suficiente un fin de semana, pero PAS Coliving va más allá. Aprenden los valores y la manera de vivir del medio rural, la hacen suya y proponen cosas, pero sin ánimo de alterar la inercia del lugar, sino acompañando y ayudando a que quien se siente a gusto no se vea en la obligación de marcharse.
Reconoce Óscar que, a veces, hacen «experimentos más radicales de traer migrantes durante un tiempo al pueblo y bueno, no es lo mismo ver una persona afro o negra que camine por el pueblo». Dice que este «es un tema de apertura que todavía quizá cueste. Por eso creemos que nos faltan 10 años de blancos en el bar, de cafés, de estar aquí» para terminar de asentar la convivencia y entenderse todos de maravilla.
Hace ya 15 años que comenzó un proyecto conocido como ‘Hola Ghana’ y Óscar rememora cómo le transformó el viaje que hizo a ese país africano. «Me enseñó a ver la vida con otros ojos y replicamos esas experiencias». Pronto volverán a viajar, dentro de un proyecto de cooperación que es otra de las patas de su vida.
La filosofía es no entrar a formar parte de la manera más capitalista de concebir un negocio. Ellos prefieren «crecer en horizontal», en colaboración con los de al lado y dejando la posibilidad de que lleguen otras personas con otros proyectos, no se lo plantean como algo monopolístico. Viendo la vida pasar, escuchando las lecciones del territorio y con un río que les hará compañía siempre.
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peri saç kesimi
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