Desconexiones
Apenas se rozaron un instante y fue suficiente para que se activara una reacción en cadena en la que cada capa de la epidermis explosionó de intensidades cuya expresión más visible era la piel erizada, el sonrojo de su cara. Una sobredosis de energía electrostática donde el chute de heroína capilarizaba en cada poro, en cada terminación nerviosa. Es normal que el amor así vivido sea algo adictivo, es normal que enganche esa intensidad que te pide más y más sin pensar en la resaca o el síndrome de abstinencia. Al llamarlo amor lo colocamos en una narrativa que le da contexto a esa ansiedad que hace que busques en la otra persona esa parte amputada que solo ella puede llenar, no es que te falte nada y sin embargo te falta Ella.
Es revolucionario, porque es profundamente antisistema ese sentimiento te lleva a cuestionar todo el orden establecido; las relaciones afectivas, el trabajo, las rutinas, los compromisos y los horarios pasan del segundo al tercer plano, a un plano de otro universo que ya no es el tuyo porque tus coordenadas ya son otras. Lo mas parecido a la locura que dirían los sicólogos del s XIX cuando diagnosticaban de Histéricas a las mujeres como única forma de entender esos estados de ánimo que las llevan de un extremos a otro, o que transitaban como lacónicos espacios de un devenir insondable. Para los médicos en aquella época (hombres, claro), el deseo femenino no existía, lo que creaba un marco sesgado de entender las reacciones femeninas, catalogando de locura o desequilibrio mental, cualquier intensidad, cualquier atisbo de deseo. Cuando el instinto se reprime, es lo que tiene.
Entonces esa explosión de dopamina no censurada, incluso sobre cargada de conexiones neuroquímicas, se presenta sin esas limitaciones en Ella. Aunque hubiera nacido en la época victoriana se las habría saltado, la habrían llamado “loca” y no la habría importado, habría sido capaz de crear su propio universo, de liberar esa fuerza contenida en la cápsula de unos tiempos que solo la querían para idealizarla e infantilizarla. Un poco como hoy, en esa constante revisión del deseo que nos hace perder las coordenadas del placer, por un lado por el miedo a no hacer lo correcto, por el otro el acceso a chutes de dopamina constantes, como micro-orgasmos interactivos que nos colocan en una recurrente sensación de mini euforia administrada en repetidas dosis de validación externa. Cuando la recibimos y cuando la damos, en ese intercambio de papeles en el que nos vemos envueltos sin tener muy claro si viene con hoja de instrucciones o si hablamos el mismo idioma.
Abrazada a Él mientras hacían el amor, o en el momento después, se preguntó porqué seguían llamando “hacer el amor” a esos movimientos mecánicos, vacíos de improvisación y sujetos a una coreografía repetida del placer diluido en un espasmo de desahogo. Es como si todo fuera la repetición de una repetición…y eso la exasperaba. No entiendo lo que pasa, escribía en el wasap, le preguntaba a la Inteligencia Artificial. ¿Dónde ha quedado el instinto que desborda, que no entiende de razones, que anula todas las leyes creando unas propias que al instante desaparecen, porque su lógica, su naturaleza, revienta todo lo que encuentra a su paso? Demasiado larga la pregunta, le contesta la IA, inténtalo más tarde le dice en un perfecto inglés que luego traduce al castellano. Mientras, tú repreguntas una y otra vez de manera compulsiva como quien llama tantas veces confiando el resultado a la insistencia. ¿Dónde ha quedado esa red eléctrica que explotaba como una puta súper nova? Eso es propio de los cuerpos adolescentes te contestabas, no es algo que se puede mantener para siempre. ¿O sí?
Abrazado a Ella, aún teniéndolo claro, algo le faltaba, no se trataba exactamente de eso, era algo más, una sensación de vacío acumulado de los pequeños vacíos que día a día se iban acumulando. La distancia no era tanto física, era otro tipo de distancia, no era falta de sentimientos o de poder mostrarlos y compartirlos. Se reía para adentro imaginando ese nuevo proyecto de hombre de vitrubio posmoderno siempre en proceso de deconstrucción, de autodestrucción y otras de volverse a reconstruir. Hace tiempo que tanta retórica le resultaba fatua, que sentía que era por algo más, algo que no acababa de entender, que lo tenía en la punta de la lengua, o se le escapaba de entre los dedos en el momento justo de materializarse. La I.A seguía sin contestarles. Quizás si le pregunto directamente a Ella, decía Él. Quizás si le pregunto directamente a Él decía Ella, todo será más fácil. No se trata solo de follar y convivir, de ser amigos y tener gustos comunes, de compartir un proyecto, de llevarnos bien y de cuidarnos. Y fíjate tener todo eso es increíble hoy en día, sólo con intentar tenerlo ya me daría por satisfecho, escribe Él, ya me daría por satisfecha, escribe Ella. Es como si faltara ese hilo invisible que une cada una de esos vínculos tan increíbles. No busques una respuesta en nuestra historia no la tenemos. Mensaje leído…En la zona superior: …Escribiendo….
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