Gregorio Morán, el cronista incómodo contra los consensos que recorrió el camino del torrelaveguense Barrett
El periodista y ensayista Gregorio Morán falleció esta semana, just el 23 de febrero, el aniversario del golpe de Estado que sirvió para asentar el relato del papel del anterior rey en la transición a la democracia, un relato general con el que este periodista y articulista inconformista, incómodo, fue crítico incluso mientras estaba pasando.
A sus publicaciones periodísticas y sus distintos libros (como sus famosas biografías sobre Adolfo Suárez o el PCE, o el repaso a los intelectuales de la España de la transición), se le suma algún trabajo que repasamos en clave cántabra, como su aproximación al escritor nacido en Torrelavega Rafael Barrett, de quien publicó en 2007 el ensayo ‘Asombro y búsqueda de Rafael Barrett’ con Editorial Anagrama dentro de la colección «Biblioteca de la memoria».
Rafael Barrett nació el 7 de enero de 1876 en Torrelavega. Se educó en París y Madrid, en un ambiente cosmopolita y acomodado, vinculado a la ingeniería y a los círculos culturales. En su juventud frecuentó ambientes literarios madrileños de fin de siglo, pero un duelo y varios escándalos sociales marcaron su ruptura con ese mundo y precipitaron su salida de España. Esa fractura personal fue el inicio de una transformación ideológica profunda.
En 1903 viajó a América y se estableció en Paraguay, donde desarrolló la parte esencial de su obra. Allí ejerció como periodista, cronista y ensayista, denunciando las condiciones de explotación de los trabajadores —especialmente en los yerbales del Alto Paraná— y la corrupción política posterior a la devastadora Guerra de la Triple Alianza. Su escritura evolucionó hacia posiciones cercanas al anarquismo, con un fuerte compromiso social y ético.
Sus artículos, reunidos póstumamente en libros como El dolor paraguayo, combinan lirismo, crítica social y reflexión moral. Barrett defendió la dignidad humana frente al autoritarismo y el abuso económico, y cuestionó tanto a las élites políticas como a los poderes empresariales. Su estilo, sobrio y aforístico, influyó en generaciones posteriores de pensadores latinoamericanos y fue reivindicado por autores como Augusto Roa Bastos.
Enfermo de tuberculosis, pasó temporadas en Uruguay y Francia buscando tratamiento, mientras seguía escribiendo. Murió en 1910 en Arcachon (Francia), con apenas 34 años. Pese a su corta vida, su figura se consolidó como una referencia ética y literaria en Paraguay y en el pensamiento libertario hispanoamericano, y hoy es considerado uno de los grandes ensayistas sociales de comienzos del siglo XX.
El contexto era el derrumbe del frente norte republicano. Tras la caída de Bilbao en junio de 1937 y el avance de las fuerzas franquistas sobre Santander, el Ejército vasco —el Euzko Gudarostea— quedó en una situación militar insostenible. El Gobierno vasco, presidido por el lehendakari José Antonio Aguirre, buscó una salida que evitara represalias masivas y garantizara un trato de prisioneros de guerra conforme a las normas internacionales vigentes.
Las negociaciones se desarrollaron en la zona de Santoña, donde unidades vascas se rindieron a las tropas italianas en lugar de hacerlo directamente ante el mando franquista. La expectativa era que la mediación italiana permitiera condiciones más favorables, incluida la posibilidad de evacuación o internamiento bajo garantías jurídicas.
Sin embargo, el acuerdo no se tradujo en las protecciones esperadas. Muchos de los combatientes entregados fueron finalmente puestos a disposición de las autoridades franquistas, lo que derivó en encarcelamientos, consejos de guerra y condenas. La rendición no evitó la represión posterior.