Pinchas Zukerman / Fumiaki Miura, dos virtuosos violinistas recrearon Bach y Mozart con la orquesta “Sinfonia Varsovia” tocando, casi de incognito, en Santander

Dos de los mejores violinistas existentes en el mundo de la música clásica estuvieron tocando sus instrumentos en Santander. Una pareja de virtuosos que se entienden en escena, aunque se siga apreciando formaciones y estilos diferentes. Pero, merece la pena alegrarse con ellos y de una orquesta -Sinfonia Varsovia- mayor de edad y calidad. Lo peor de la noche fue un programa de mano lleno de erratas, de las gordas (crónica con “Fe de erratas”)
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Sinfonia Varsovia / Pinchas Zukerman / Fumiaki Miura – Sala Argenta – 27 de febrero – 19:30 horas

Gira española. Fotografía: Mario Wurzburger / Ibermusica

La gira de la orquesta Sinfonia Varsovia por España tuvo su quinto concierto en Santander con dos músicos excepcionales como solistas: Pinchas Zukerman (Tel Aviv, 1947) y Fumiaki Miura (Tokio, 1993). Violinistas hijos de violinistas, juntos ahora parecían maestro y discípulo (o como se estila ahora: mentor y mentoreado). Ante ellos: Bach y Mozart. Sin sus violines solistas la orquesta puso rumbo a una sinfonía de Antonin Dvořák y una canción de Wojciech Kilar.

Sinfonia Varsovia es una joven y ya reconocida orquesta polaca. Fundada en 1984 como resultado de la ampliación de la Polska Orkiestra Kameralna (Orquesta de Cámara Polaca). Ha realizado más de 4000 conciertos a lo largo de su corta existencia y más de 300 grabaciones (más de 100 conciertos y 8 grabaciones por año, un prodigio de producción musical). Se presentó en Santander adecuando su composición en escena a los compositores: 30 músicos para Bach, 18 para Kilar, 43 para Mozart y 60 para Dvořák. Toda una agitación en el escenario versátil y curiosa. El ajetreo continuó en el puesto de director: Zukerman de espaldas con Bach y Mozart, el concertino dirigiendo desde su puesto de primer violín con Kilar y otra vez Zukerman al frente -ya sin instrumento- con Dvořák.

Fumiaki Miura

La noche comenzó con el Concierto para dos violines, BWV 1043 de Bach en una versión para el lucimiento de los dos violinistas (Zukerman y Miura) que gustaban confrontar estilos entre miradas y medias sonrisas. La orquesta asistía a la amistad que tenía delante procurando no molestar mucho, cumpliendo con la partitura y asistiendo a los diálogos entre violines y al abrazo final como invitados privilegiados.

Cruzando el río Óder, frontera entre Alemania y Polonia, la Sinfonia Varsovia se sintió mucho más a gusto con la canción Orawa del polaco Wojciech Kilar (1932-2013), una obra de nueve minutos para cuerdas que en 1986 su autor escribió inspirado en músicas folclóricas de la Pequeña Polonia del sur del país. Una obra muy exigente para las cuerdas que, a ratos minimalista, a ratos llena de brío, resultó una sorpresa que embrujó con sus compases reiterativos y ese impactante grito final.

Gira española. Fotografía: Mario Wurzburger / Ibermusica

Los solistas de la noche volvieron para deleitar al respetable con la Sinfonía concertante para violín y viola de Mozart (1779), donde el violín Guarneri del Gesu (1732) de Miura rivalizaba con la viola de Zukerman con las cuerdas ajustadas un medio tono más alto (ya lo decía Wolfgang Amadeus: Accorda un mezzo tono più alto). Dicen que Mozart había compuesto la parte de la viola muy probablemente para sí mismo y por esta razón se encargó de escribir las cadencias finales en la partitura, de las cuales la del segundo movimiento es de notable belleza. Una sinfonía en tres movimientos donde Zukerman tocaba y giraba sobre sí mismo en un éxtasis personal que trasmitía. Fue su momento estelar.

Quedaba la Octava Sinfonía de Dvořák (1889) donde Zukerman reapareció, dirigiendo a una orquesta con una gran cuerda y una sección de viento notable. Una obra llena de lirismo y melodías folclóricas checas que agradaron. Orquesta y director se despidieron en el movimiento final, vibrante y frenético, sin una propina que llevarse a los oídos. Cosas de eslavos.

Fe de Erratas del Programa de Mano

  1. Fechas de vida de Mozart en el programa de mano: 1797-1828. Ya les vale hacer nacer a Mozart después de muerto (fallecido a los 35 años en 1791).
  2. Fecha del estreno de la sinfonía de Dvořák: 1990. ¿101 años después de haber sido compuesta y grabada decenas de veces?
  3. Otra vez Dvořák. Tenía “estétnica”. ¿Estética, técnica, algo étnico o es una traducción del checo del XIX?
  4. Pobre Krzysztof Penderecki convertido en “Pernderecki”. En general, gran parte de los compositores y artistas citados están mal acentuados.
  5. La más grave. No existe una Orquesta Sinfónica de Varsovia. Todos -medios, revistas, páginas web– llaman a la Sinfonia Varsovia por este nombre, pues no tiene otro y no es traducible (Sinfónica en polaco es “Symfoniczna”). Decidieron llamarse así hace 42 años, -simplemente Sinfonia Varsovia– pero no sabían que en Santander les iban a cambiar su renombre y hacerles parecer otra orquesta no conocida, incognita.
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