El PGOU de Santander aprobado en 2012 contemplaba un campo de golf en el entorno de El Bocal
El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Santander aprobado en 2012 incluía entre sus principales actuaciones la creación de un gran espacio verde en el litoral norte del municipio, denominado Parque Litoral Norte, dentro del cual se contemplaba la construcción de un campo de golf en el entorno de Cueto y El Bocal, el lugar en el que la semana pasada murieron seis jóvenes al ceder la pasarela de madera, un resto de la fracasada y paralizada senda costera que desviaba a los paseantes del paso natural y los llevaba a través de empalizadas y puentes como este a zonas que las instituciones admitieron luego que eran peligrosas para el paso.
La documentación del plan general planteaba la creación de un gran parque litoral que integraría la franja costera situada entre Cabo Mayor, Cueto, La Maruca y Virgen del Mar, un territorio caracterizado por praderías, acantilados y antiguas explotaciones agrícolas que en gran parte permanecían fuera de los desarrollos urbanos de Santander.
Dentro de ese esquema, el campo de golf se concebía como uno de los equipamientos recreativos del parque. La previsión quedó desarrollada posteriormente en el Plan Especial del Parque Litoral Público del Norte de Santander, el documento urbanístico encargado de concretar la ordenación de ese espacio.
Según la documentación del Plan Especial, revisada por EL FARADIO, el área delimitada para el campo de golf, con una superficie aproximada de 70 hectáreas, se sitúaba en el entorno de Cueto-Corbanera, quedando delimitada al norte por la línea de costa, al sur por el núcleo urbano de Cueto, al este por el Panteón del Inglés, el campo de fútbol de Cueto y las instalaciones de tiro al plato, y al oeste por la playa del Bocal y la zona de Corbanera.
La instalación se proyectaba en terrenos situados entre el barrio de Cueto, el Panteón del Inglés, la línea de costa y la playa del Bocal, en uno de los tramos más abiertos y paisajísticamente valiosos del litoral santanderino.
El planteamiento del PGOU situaba este equipamiento dentro de una estrategia más amplia de transformación del litoral norte en un gran parque público de carácter periurbano, combinando espacios naturales con instalaciones deportivas y recreativas. Según la documentación del planeamiento, el objetivo era incorporar a la ciudad una amplia franja del litoral que hasta entonces estaba formada en gran medida por fincas privadas y terrenos rurales.
CUANDO SANTANDER PENSABA QUE IBA A TENER 261.000 HABITANTES
En el momento de su tramitación, el entonces alcalde de Santander, Íñigo de la Serna (PP), defendió públicamente la necesidad de aprobar el nuevo plan general tras años de tramitación urbanística.
El plan incluía unas previsiones de crecimiento de poblaciónde 261.000 habitantes en el horizonte de 2024. Para absorber ese crecimiento, el plan preveía la construcción de 35.316 nuevas viviendas, lo que justificaba la ampliación del suelo disponible para urbanizar: el plan apostaba por una amplia reclasificación del territorio municipal. Santander cerró 2024 con una población de alrededor de 175.405 habitantes.
Durante ese proceso desde el PP de Santander en el equipo de Gobierno se insistió en que la ciudad necesitaba actualizar su planeamiento para poder desarrollar proyectos estratégicos y ordenar su crecimiento: el alcalde, Íñigo de la Serna, defendió reiteradamente que Santander se jugaba su futuro con ese proyecto, asegurando que “Santander no puede esperar más para tener un nuevo PGOU que permita planificar el desarrollo de la ciudad en las próximas décadas.”
El plan aprobado en 2012 pretendía sustituir al PGOU de 1997, que llevaba más de una década en revisión, y establecer un nuevo modelo territorial para la ciudad. El PP podía haber hecho modificaciones puntuales, pero optó por una revisión total, algo que no es, en principio. una decisión arbitraria sino consecuencia de criterios técnicos. En este caso, como contó en su día EL FARADIO, se forzaron los cálculos para llegar a la conclusión de la revisión total.
El Ayuntamiento forzó cálculos y priorizó ingresos para someter el Plan General a revisión
Sin embargo, ese planeamiento tuvo una vida jurídica breve. La falta de participación –la Justicia obligó a un nuevo período– generó mucha conflictividad, plasmada en tomos y tomos de alegaciones de ciudadanos a título particular, empresas, colectivos vecinales, organizaciones sociales o ecologistas, como documentó EL FARADIO en su libro ‘Expulsados’ en el que analizó la respuesta que se les dio a unos y otros, conectando la construcción reciente de Santander con la forma en que se gestionó la reconstrucción y expolio tras el incendio del 41.
Diversos recursos contencioso-administrativos presentados por colectivos ecologistas y ciudadanos, entre ellos la asociación ARCA (Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria), cuestionaron distintos aspectos del plan. El Tribunal Supremo acabó anulando el PGOU, lo que provocó que el planeamiento urbanístico de Santander volviera a regirse por el del 1997. El PP siempre lo excusó como una cuestión sobrevenida, la anulación judicial del bitrasvase que regula el abastecimiento a la capital como si fuera un argumento que les eximiera de responsabilidad en lugar de confirmar con la tramitación del documento urbanístico pese a no tener garantizada la fórmula de abastecimiento para sus altas previsiones de población.
El PGOU se aprobó pese a tener una sentencia de la Audiencia Nacional contra el bitrasvase
La anulación judicial dejó sin cobertura urbanística muchas de las actuaciones previstas en ese documento. Entre ellas figuraban el desarrollo del Parque Litoral Norte y el campo de golf proyectado en El Bocal, que nunca llegaron a ejecutarse y quedaron como previsiones recogidas en un planeamiento finalmente anulado.
En la actualidad se han iniciado los pasos para la redacción de uno nuevo que, en principio, toma como base el modelo de ciudad impulsado en la legislatura en que estuvo Ciudadanos al frente de Urbanismo y se encargó un equipo coordinado por la arquitecta Miriam García, tras un proceso participativo y apostando por las últimas tendencias del urbanismo global: la regeneración de las ciudades y sus barrios frente a la expansió habitual por la que se ha inclinado el PP. Está por ver si el resto del documento, todavía no adjudicado, recoge ese modelo o cae en las dinámicas habituales de la élite política e inmobiliaria santanderina.
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