Qué tener en cuenta en el genocidio palestino
Un artículo del exministro de Finanzas de Grecia Yanis Varoufakis, resumido y traducido por Pilar Salamanca
Al observar, por un lado, las confesiones en vídeo de los soldados israelíes sobre sus intenciones y actos genocidas y, por otro, las transmisiones en directo que hacen los palestinos sobre sus propias muertes y la devastación sufrida, es muy fácil rendirse e intentar buscar consuelo en el olvido y la indiferencia. Pero nosotros no queremos hacerlo porque no solo es incorrecto -desde un punto de vista ético – sino también erróneo creer que ya no se puede esperar nada bueno. Las cosas cambian cada día y, sí, las semillas de la esperanza están bien plantadas en la tierra ensangrentada de la antigua Palestina. Quizás sean solo semillas, pero son semillas de esperanza capaces de arraigar bajo los escombros.
I . Israel no está ganando en el campo de batalla
Sí, Gaza ha sido destruida. Sí, su población está en peligro de muerte. Y, sin embargo, los altos mandos militares israelíes saben perfectamente que la destrucción que han causado no equivale a una victoria. Quince meses después de su reinvasión a la Franja de Gaza, convertida en una prisión al aire libre desde 1948, siguen sin poder controlar más que una pequeña parte. Continua la destrucción sistemática de los poderosos tanques israelíes, pero también la resistencia armada. Los oficiales militares israelíes saben también que el objetivo declarado de sus líderes políticos de erradicar a Hamás, jamás podrá lograrse de forma demostrable, por muchos combatientes de Hamás que consigan matar. Como confesó a Varoufakis un exgeneral israelí: «Aunque matemos a la mayoría de los gazatíes antes de declarar la victoria, un solo adolescente izando la bandera de Hamás sobre un montón de escombros demostrará que hemos fracasado».
Y algo parecido está ocurriendo en Líbano. Sí, Israel ha abatido a gran parte de la cúpula de Hezbolá y, sí, el alto el fuego que impuso a Hezbolá logró detener, en el sur, los lanzamientos de misiles en solidaridad con la resistencia palestina. Sin embargo, el alto el fuego, también se vio forzado por la incapacidad del ejército israelí para adentrarse en territorio libanés más de unos pocos kilómetros sin tener que soportar pérdidas masivas. Por cierto, y para que quede claro, no es cierto que Hezbolá tuviera que aceptar el alto el fuego porque su arsenal de misiles hubiera sido destruido: la realidad es que Israel firmó el alto el fuego apenas unas horas después de que varios misiles de Hezbolá impactaran en Haifa, e incluso en Tel Aviv.
En otras palabras, 2025 será recordado como una cruel paradoja: Israel destruyó Gaza y gran parte del sur de Líbano, principalmente desde el aire, pero – y aquí está la paradoja – fracasó estrepitosamente en el control del territorio. Y ahora, no hay más que ver los informativos israelíes o leer Haaretz, se acerca rápidamente el momento en que la sociedad israelí terminará por darse cuenta de que los miles de soldados israelíes que murieron o resultaron gravemente heridos en estas espantosas razzias fueron víctimas de un liderazgo que, en última instancia, relegó los intereses del pueblo israelí a un segundo plano. Lo que queda confirmado por la disposición del gobierno israelí a mentir descaradamente sobre sus propias bajas en el campo de batalla: compárese el bajo número de bajas admitidas oficialmente con los más de veinte mil soldados que, según las autoridades sanitarias israelíes, han sido ingresados en centros de rehabilitación para veteranos.
II . La economía de Israel ha entrado en una «espiral de colapso»
Analizando ahora el impacto a medio y largo plazo que está teniendo el genocidio y el resto de las hazañas bélicas (me niego a llamarlas “guerras”) en la economía israelí resulta instructivo leer una carta firmada por economistas israelíes, entre ellos Dan Ben-David, quien explica cómo el milagro económico de Israel depende de un sector de alta tecnología que emplea como máximo a 300.000 personas (entre médicos, científicos, académicos, etc.). ¿Su argumento? Si tan solo el 10% de estas personas abandona el país, digamos treinta mil, la economía israelí, ya de por sí enormemente endeudada, se desmoronará. En palabras aún más contundentes de Ben-David: “No nos convertiremos en un país del tercer mundo, simplemente dejaremos de serlo. Solo el 0,6% de la población son médicos, pero ¿quién los forma? El personal directivo de las universidades de investigación representa el 0,1% de la población. Los trabajadores de alta tecnología constituyen el 6%. En total, son 300.000 personas. Basta con que una masa crítica de este grupo decida no estar aquí mañana por la mañana, y el Estado de Israel abandone el mundo desarrollado.”
La pregunta es, ¿Se están yendo? ¡Por supuesto que se están yendo! Y lo peor (o lo mejor, según desde el punto de vista desde el cual se mire) es que dejan tras de sí a unos colonos fanáticos y fascistas de productividad nula. Y cuanto más dominantes sean estos fanáticos de baja productividad en el gobierno y en la sociedad, mayor será el éxodo de los israelíes de alta tecnología, laicos y de mentalidad más liberal. Podría decirse que esta es la definición de una espiral de colapso.
III.- Israel ha perdido en el tribunal de la opinión pública: la ilusión de un Estado democrático liberal se ha desvanecido
Entretanto, el genocidio palestino y en particular la forma en la que tantos soldados y políticos israelíes lo celebran en vídeos, discursos y publicaciones, ha destruido lo que quedaba de la ilusión de Israel como una democracia liberal europea enclavada en un Oriente Medio hostil. Esa ilusión fue un pilar fundamental de la propaganda que ayudó a los grupos de presión israelíes a triunfar en Washington y Europa. Ahora se ha desvanecido. Se ha ahogado en el mar de sangre que el ejército israelí ha sembrado por toda Gaza, y en el rastro de destrucción, odio y crueldad que los colonos han desatado en Cisjordania y Jerusalén Este. Una vez que la reputación de Israel, hábilmente construida, se ha perdido, manchado jamás volverá a recuperarse. Y eso es una buena noticia, en el sentido de que el primer paso hacia una paz justa es la caída en desgracia ética del agresor.
IV.- La situación en los Territorios Ocupados
Pasando ahora a la situación en Cisjordania, es desgarrador presenciar la violencia incesante contra los palestinos que allí viven bajo las brutales condiciones de apartheid. Esta violencia proviene de tres frentes: del ejército israelí, de los colonos israelíes y, lo más trágico, de las propias fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina (AP), que, en medio del genocidio de su pueblo a manos del Estado de apartheid, cooperan plenamente con las fuerzas de seguridad de dicho Estado. Sabemos por qué el ejército actúa así. También sabemos por qué los colonos lo hacen. Pero, ¿por qué lo hace la cúpula de la AP?
No es la primera vez que la Autoridad Palestina coopera plenamente con los ocupantes israelíes, quienes rechazan rotundamente cualquier posibilidad de un Estado palestino, (objetivo declarado de la Autoridad Palestina). De hecho, lleva años haciéndolo. Pero ahora, ante la campaña genocida de Israel, sus excusas se vuelven evidentes. La dirección no electa, no representativa y manifiestamente corrupta de la Autoridad Palestina se comporta como si quisiera impresionar a Netanyahu y Trump, haciéndoles creer que pueden hacer el trabajo sucio por ellos, con una apariencia de legitimidad por el mero hecho de ser palestinos. Que “todavía” tienen un papel que desempeñar. Esto es lo más parecido a una súplica patética al establishment genocida estadounidense-israelí para que les encomienden alguna tarea contra la Resistencia Palestina ahora que el pueblo palestino los ha desenmascarado. Nada más explica por qué ahora este engendro de la A. P se vuelve incluso contra los miembros de Fatah que siguen resistiendo todavía en Jenin y otros lugares. Es por tanto más que urgente la necesidad de elegir a un representante, un líder legítimo del pueblo palestino. De otro modo, no se puede imaginar la paz, y mucho menos negociarla. En cuanto a nosotros, lo que debemos hacer es estar presentes para ayudar a que esta voz, la voz de los palestinos, tenga la oportunidad de ser escuchada.