La sociedad civil expresa en Santander que las administraciones deben aportar soluciones duraderas que eviten un accidente como el de El Bocal

Centenares de personas marchan entre la Delegación de Gobierno y el Ayuntamiento con un sonido principal de silencio por las seis jóvenes víctimas que cayeron al ceder una pasarela de madera
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Las dos instituciones que más han litigado en público sobre el accidente que se llevó la vida de seis personas (más una herida grave) en El Bocal han sido Gobierno central y municipal. Precisamente ese ha sido el recorrido de esta marcha, en la que el objetivo primordial era reconocer y acompañar en el dolor a las familias de Lucía, Xabier, Celia, Eunate, Lluna, y Elena.

Desde la Delegación de Gobierno hasta el Ayuntamiento, el silencio ha sido muy habitual. Ya en la manifestación del 8 de marzo, la misma semana del accidente, se celebraron algunos minutos de silencio, durante el recorrido o ya en la plaza del Ayuntamiento. Hoy se ha querido concluir el acto de esa misma manera.

 

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Se ha querido incidir en las víctimas y sus nombres también para aludir a que esta es una tragedia ocurrida en Santander, pero que afecta también a otros territorios. De hecho, sólo una de las seis víctimas era cántabra.

Otra de las cosas que produce ensalzar y repetir los nombres de las personas fallecidas es que un hecho como este no caiga en el olvido. La necesidad de recordar que dar un paseo por un lugar de un a ciudad no debería conllevar un serio riesgo para la salud.

Diversas asociaciones han querido sumarse a esta movilización, desde asociaciones de vecinos, como la de Cueto o la de Pombo-Cañadío-Ensanche, hasta asociaciones feministas y también ecologistas, como Arca y Ecologistas en Acción. Muchas personas que se asoman al litoral norte de la ciudad con asiduidad y que ya en el pasado criticaron las actuaciones llevadas a cabo en la senda costera.

Gritos de «nunca más» también se dejaron escuchar al final de la manifestación, con la exigencia de que las instituciones tomen el papel que les corresponde para que este accidente no se vuelva a repetir. No sólo se trata de pedir responsabilidades por lo que ha pasado ahora, sino el preguntarse cómo se pueden mejorar las cosas.

El proceso de escucha hacia la ciudadanía es un ejemplo. Dar la posibilidad de participar a quienes tienen cosas que aportar para un determinado proyecto. Y que la actuación no termine en el momento de la inauguración, sino que haya un mantenimiento activo y vigilado después. En fechas pasadas se ha llegado a escuchar a la alcaldesa de Santander reivindicando que los vecinos fueron capaces de frenar las obras en la senda costera, cuando el equipo de Gobierno municipal (del que ella ya formaba parte), deseaba esa obra y el central, del mismo color político, es quien lo ejecutaba. Escuchar antes de ejecutar.

Lo primero, las familias de las vecinas. Después, el que se lleve a cabo una investigación clara y transparente, sin obstáculos. Al final, certificar las responsabilidades y mirar al futuro con una perspectiva diferente, donde el trabajo en equipo para mejorar una ciudad tenga más en cuenta a quienes la viven a diario.

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