Dos grandiosos recitales en Santander: actoral de Juan Echanove con “Esencia”, musical de Jordi Savall dirigiendo dos oratorios de Haydn y Beethoven

Esencia – Teatro: Juan Echanove y Francisco Climent – Sala Pereda – 20 y 21 de marzo – 19:30 horas
Asistir a aquellas obras teatrales que Juan Echanove (Madrid, 1961) acepta interpretar son un seguro de disfrutar con la palabra y gesto de un actor con largo historial de éxitos memorables (desde el abogado Cosme de Turno de oficio, cuarenta años ha, hasta el experto en asesinatos Carapocha de Memento Mori hace media temporada). Su presencia hizo bueno un texto intenso y con muchas capas con las que el autor -Ignacio García Gay- quiere mezclar realidad y ficción, distopía y charla de café (o té): “Si estamos en Canadá -Quebec- qué hacemos hablando en español”, galimatías repetido. (Galimatías: Lenguaje oscuro por la confusión de las ideas, de las palabras y de la realidad).
“¿Sabes lo que más me obsesiona?”, primeras palabras sentados en una mesa de un café (o té) entre dos viejos amigos que se reencuentran después de muchos años (tan pronto dicen 11, como 14, amnesia matemática). La escenografía no añade nada más (bueno, la puerta lateral para ir al baño). Dos actores frente a frente cuentan su pasado, el presente, recuerdos y opiniones. Uno es profesor de literatura norteamericana y otro novelista. Y llega el MacGuffin -la persona que va a impulsar la trama-: Baltasar Cromm, un escritor de una sola obra que ha desaparecido del mundanal ruido y parece haber quedado a las 8 de la noche con Cecil (Climent) para una posible entrevista. Pierre (Echanove) juega a disociarse: es él y… ¡Cromm! Mensaje en el móvil de Cecil: “La paciencia tiene recompensa”. Gracias por el aviso a los espectadores, la trama estaba caminando hacia muchos absurdos y se anuncia premio.
Entonces, giro de guion hacía un lugar distópico: Pierre-Echanove es ya Cromm, un escritor que desde un ente casi galáctico (Equipo Redactor de la Realidad) mueve el mundo. ¿Locura? ¿Dictadura planetaria? ¿Las palabras son usadas para destruir la sociedad? Empieza un desfile de nombres: Pitágoras, Beckett, Chejov, Balzac, Pichot, Borges… Cromm ha leído mucho, pero solo ha escrito una novela de culto: Náufragos. Se acerca el final de la noche y la pareja de actores vuelve a su charla de café (o té). La obra parece finalizar: el encuentro de dos viejos amigos con muchas metas en su interior (metaliteraturas, metateatros, metarrealidades) que parecen cerrarse. Pero no; la frase final vuelve a abrir el bucle de lo paradójico: “Pregúntame ¿por qué la novela se llama Náufragos?” dice Pierre a Cecil. ¡Por favor, más vueltas de tuerca NO!
Esencia se sostiene por labor actoral de un replicante que ha visto cosas que la gente canadiense que habla español no creería. Su discurso es brillante, su verbo cautiva, sus palabras son dardos a la realidad; ha estado al borde de la locura y ahora quiere apartarse del mundo descubriendo todo lo que la realidad oculta y lo fácil que es manipularla. El replicante es Juan Echanove en un papel memorable que maneja con sabiduría los intensos momentos que se suceden, haciendo creíble un texto enredado y obscuro. Se apodera de la obra y la encumbra con su buen hacer, decir e interpretar. Francisco Climent resulta una pareja que buscando a Cromm-Godot se encuentra a sí mismo como actor también replicante, humor incluido. Grandes ovaciones y bravos. Echanove da vida a un texto intrincado, logrando crear un personaje lúcido y atormentado. Todo un recital actoral para salvarnos del naufragio.

Le Concert des Nations & La Capella Nacional de Catalunya – Sala Argenta – 22 de marzo – 19:00 horas
Un año más (o un año menos) la academia que dirige Jordi Savall (Igualada, 1941) preparó en los locales del Palacio de Festivales su propuesta para esta temporada. La YOCPA (Young Orchestra and Choir Professional Academies) tenía por delante dos de los grandes oratorios del clasicismo: Las siete palabras de Cristo en la cruz de Haydn (1796) y Cristo en el Monte de los Olivos (1803) de Beethoven. Su puesta de largo fue el pasado domingo.
Una ocasión para volver a ver dirigir a Jordi, este año recuperado físicamente, con las mismas energías de siempre y más experiencia. Tiene toda la música barroca en su cabeza y ahora gusta por el clasicismo del primer Beethoven, inspirado en Mozart y Haydn. Sigue al frente de esa sobresaliente orquesta que son Le Concert des Nations junto a un coro cada vez más equilibrado y conjuntado: La Capella Nacional de Catalunya. Para los germanos oratorios del programa los solistas fueron la soprano Elianor Martínez, la mezzo Lara Morger, los tenores Emanuel Tomljenović y Ferrán Mitjans y el barítono Manuel Walser.
Primera parte: el oratorio Op. 85 de Beethoven, Cristo en el Monte de los Olivos. Compuesto en 14 días por un apresurado Ludwig, todo empieza en el huerto de Getsemaní y, tras la detención del hijo de Dios por parte de los soldados, acaba con ángeles cantando. Suavidad en las cuerdas, solistas competentes y un maestoso final – Welten Singen– que impresionó por la fuerza y convicción con que las 36 voces de La Capella lo afrontaron. Emocionó.
Segunda parte: el oratorio Hob. XX:2 de Haydn, Las siete palabras de Cristo en la cruz. Una obra encargada a Haydn para ser estrenada en la Santa Cueva de la catedral de Cadiz, algo que ocurrió el Viernes Santo de 1787. Nueve años más tarde es convertida por Haydn en una versión coral que fue la escuchada en Santander, una versión que respetaba los siete adagios originales: “No fue tarea fácil componer siete adagios que duraban diez minutos cada uno, y sucederse entre sí sin fatigar a los oyentes”. Y los oyentes de 2026 disfrutaron con la potencia de las palabras bíblicas (“Tengo sed”, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”…), la espiritual y cuidadosa versión de Savall y la delicadeza de unos solistas donde destacaba la voz de la soprano Elianor Martínez, brillante, cálida, angelical y con un futuro/a cantante en su interior: un embarazo con música celestial.
Un concierto que resulto bello y perfecto en cada momento, logrando dar Savall a las partituras el aroma de lo original (detalle: las de Beethoven pasaban a velocidades, las de Haydn se tomaban su tiempo). Armonías que nos llevaron a otras épocas. Una noche donde voces, músicas y Savall nos llegaron directamente al corazón.
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Frankie Riddle
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