Con F de Filoetarra y Fachapobre (FF)

Tiempo de lectura: 4 min

En 1917, Marcel Duchamp presentó su obra “Fuente” en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes en Nueva York. A pesar de ser rechazada por el comité, la pieza fue fotografiada por Man Ray y luego expuesta en la galería 291. Podríamos considerarla un acto de provocación dadaísta para desafiar el concepto tradicional de arte, convirtiendo un objeto cotidiano en una obra de arte, haciendo que, de esta forma, se definiera por el contexto. Aunque la obra fue rechazada, se ha convertido en un ejemplo que alimenta el debate de cómo los contextos tienen la capacidad de resignificar, de cómo un urinario pasa de ser un espacio donde se mea a convertirse en algo más, algo que es normal que resulte desconcertante, pero que a la vez nos ofrece herramientas de comprensión del mundo en el que vivimos y que nos ayuda a entender por qué nos encontramos a muchos “urinarios” en puestos de responsabilidad pública, cargos políticos, empresas, etc.

Nos ayuda a cuestionarnos a nosotros mismos en una sociedad en la que lo que somos y las oportunidades que tenemos dependen en gran medida del lugar donde hayamos nacido, el entorno familiar, la clase social. Se rompe así el mito contemporáneo del ascensor social que, si bien a veces funciona, no tanto como debería, algo así como las escaleras mecánicas de Santander.

De la misma manera que el ejemplo de urinario de Duchamp nos ayuda a entender cómo el contexto influye en la percepción que tenemos de las cosas y del mundo que nos rodea, podemos ver otros ejemplos como las también famosas latas de sopa de Warhol. En estos procesos de reapropiación también aparece ese principio de resignificación que comentábamos, algo que trasladado a la realidad social podemos encontrar en cómo aquellos colectivos tradicionalmente marginados, en los que la diferencia era convertida en estigma siempre señalado y etiquetado como insulto, propusieron una alternativa revolucionaria: reapropiarse del insulto, resignificarlo como estrategia de lucha y de no victimización.

Así, la resignificación de palabras se convierte en un poderoso acto de resistencia y aparece como clave dentro de la elaboración teórica de la teoría queer, dentro de su crítica cultural, como nos recuerda una de las autoras más influyentes en este tema, Judith Butler. Un ejemplo claro de esto es la reapropiación de la palabra «maricón» por parte de la comunidad LGBTQ+. Originalmente, esta palabra fue utilizada como un insulto para denigrar a los hombres homosexuales. Sin embargo, en la década de 1970, la comunidad gay comenzó a reapropiarse de esta palabra y a utilizarla como un término de orgullo y autoafirmación. Butler argumenta que esta reapropiación no solo cambia el significado de la palabra, sino que también desafía la estructura de poder que la creó. Al reapropiarse de la palabra, la comunidad LGBTQ+ está diciendo que no se avergüenza de su identidad y que no se deja definir por los términos de la opresión.

Trasladado a la opinión pública, que ya no es tanto la opinión publicada como decía allá por 1922 Walter Lippmann, por lo menos no publicada en papel para ser leída a media mañana o a lo largo del día. Ahora son las redes sociales quienes ocupan gran parte de esa opinión publicada, y la verdad es que lo hacen a un ritmo tan rápido y visceral que no queda apenas espacio para pararte a reflexionar o siquiera entender y dar contexto a la información que recibes. Una información, que en la mayoría de los casos no es más que munición para atacar, ridiculizar, menospreciar, etc., a esa política de bloques, de trincheras en las que a golpe de algoritmo el objetivo no es entender, ni siquiera convencer.

Así, en las redes sociales o eres fascista o eres filoetarra, categorías creadas para la deshumanización de quien piensa diferente o más bien, de quien no piensa como tú. Y todos creyendo que pueden hacerlo porque se sienten con la autoridad moral de estar en el lado correcto. Pero cuando en ese lado correcto se obvian sus propios demonios, algo falla. Cuando se habla de derechos humanos, pero no vemos las cárceles repletas de presos políticos, las detenciones indiscriminadas, los bombardeos aleatorios, los atentados, las mujeres invisibilizadas, detenidas, violadas y asesinadas, los atentados terroristas, los colectivos segregados, los secuestros, los genocidios normalizados.

No va de equidistancias, sino de no usar la supuesta superioridad moral o ideológica como coartada para la impunidad propia. De no instrumentalizar principios universales para tapar la injusticia en el contexto que sea. Va de evitar una ceremonia de la confusión en la que si manipulamos los contextos o los convertimos en trincheras que no nos dejan ver a quien tenemos en frente, quizás acabemos meando sobre alguien porque sólo vemos en él o ella un urinario.

Y eso, te identifiques con la ideología que te identifiques, ya sabemos cómo se llama.

Mostrar comentarios [0]

Comentar

  • Este espacio es para opinar sobre las noticias y artículos de El Faradio, para comentar, enriquecer y aportar claves para su análisis.
  • No es un espacio para el insulto y la confrontación.
  • El espacio y el tiempo de nuestros lectores son limitados. Respetáis a todos si tratáis de ser concisos y directos.
  • No es el lugar desde donde difundir publicidad ni noticias. Si tienes una historia o rumor que quieras que contrastemos, contacta con el autor de las informaciones por Twitter o envíanos un correo a info@emmedios.com, y nosotros lo verificaremos para poder publicarlo.