“Queríamos hacer el sitio al que nos hubiese gustado llegar”: La Jirafa Verde, el lugar donde “siempre pasan cosas”
Rebeca Jiménez lleva toda la vida mirando más allá de la línea de horizonte que nos marca los límites. Desde que dejó Segovia para emprender una carrera musical en Madrid que la ha llevado a tocar sus propios temas, cantar en colaboraciones con referentes como Coque Malla, Miguel Ríos, Tarque, Calamaro o Neil Young, además de la aventura mexicana o incluso esa película en la que cantó a dúo la mismísima ‘Chica de ayer’ con el mismísimo Antonio Vega —que va a protagonizar uno de sus inminentes proyectos, una celebración de los temas de la añorada voz de Nacha Pop en clave de jazz—.
Y todo ese recorrido, eso sí, sin desprenderse de un piano al que a la ‘reina de la noche’ se le van las manos a la mínima ocasión, y que es una de las primeras cosas que vemos en La Jirafa Verde, el animal con la mirada elevada, teñido de verde en una mezcla de recuerdos personales, apelación a la esperanza y reflejo del color que domina Cantabria y los alrededores del local en el que se ha embarcado en Carriazo (Ribamontán al Mar), en la antigua posada Somavilla.
Con su ambiente cálido o su salón, La Jirafa Verde consigue el efecto que buscaba Rebeca Jiménez en esta nueva aventura emprendida junto a su pareja: se parece un poco a uno de esos espacios acogedores en las casas de tus amigos o en casas rurales en las que pasan las horas mientras se cena, fluye el vino, las anécdotas y, de pronto, alguien se arranca con una guitarra.

“Lo que ocurre, sobre todo cuando la gente entra aquí, es que siempre pasan cosas”, resume en conversación con EL FARADIO, en la que define a La Jirafa Verde como un “universo”, un “refugio”. “A la gente, nosotros, que tratamos a la gente muy de tú a tú, lo que les intentamos transmitir es que cuando entren aquí se olviden y sean felices por un rato”.
El enfoque es hacer el sitio al que “nos hubiese gustado llegar”, explica. Y por eso combinan sus grandes pasiones: una cuidada gastronomía —con parrilla para carnes de Cantabria; el éxito del pasado verano, el vitello tonnato; ensaladas y guiños a Cádiz con atún de almadraba de Barbate— y , teniendo en cuenta que «quedan tantas cosas por las que brindar», una mimada carta de vinos.

«LA GENTE ESTÁ CON MUCHAS GANAS DE CONCIERTOS»
Y, por supuesto, la música. Los carteles nos recuerdan algunos de los hitos de la carrera de Rebeca Jiménez, y el piano y el micrófono, así como una discreta pero eficaz instalación de sonido, nos recuerdan que entre las cosas que pasarán allí están las canciones. “La gente está con muchas ganas de conciertos, de tener un sitio donde escuchar música en directo”, reivindica. Por aquí han pasado ya Quique González, Juan Zelada, la argentina Guada o su productor Toni Brunet, en formato banda junto a Joe Eceiza, Dani Patillas y Lichis.
En La Jirafa Verde, una extensión de su forma de vivir el mundo y la música, el entorno permite un tipo de actuación más especial, más íntimo, muy en la línea de la forma en que Rebeca Jiménez concibe los conciertos, como una forma de comunicación. A veces se anuncian, algunos son los jueves, otros en sesión vermut, y otros son, directamente, sorpresa: “Lo más bonito, además, es que nosotros programamos y antes de anunciar qué artista va a venir, la gente reserva porque confía en nuestro criterio”.
Cantabria es una tierra en la que Rebeca Jiménez ya vivió y fue “muy feliz”, por lo que se dijo a sí misma un ‘Volverás’. De aquí conoce a los referentes musicales que han llegado a la escena nacional. como Rulo —con quien coincidió en México—, Nando Agüeros, La Sonrisa de Julia —prácticamente vecinos aquí— y la “gran artista y compositora” Vicky Gastelo, con la que ha participado en “un montón de conciertos”.
«Las canciones están ahí hasta que alguien se las pone y le quedan como un guante»
Y es ahora la base en la que empieza ese «resto de su vida» –al que alude en ‘Adiós tristeza’–, desde la que se mueve esta artista mientras continúa presentando su disco *Lady Luck*, cerrando fechas —alguna en Cantabria, atentos— y planeando proyectos como ese *Celebrando a Antonio Vega* en formato jazz.
Un puzzle de acogida, gastronomía, vino, proyecto personal y, sobre todo, música, porque Rebeca Jiménez ya se siente “muy feliz de las canciones que me dará el estar aquí”.
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