Dignidad frente a la guerra y frente a una derecha sin rumbo
Luis Ángel Ruiz Cardin. Secretario de Estudios y Programas de la Comisión Ejecutiva Municipal del PSOE de Santander
En tiempos de incertidumbre global, cuando el ruido de las armas vuelve a imponerse sobre la razón y la diplomacia se ve arrinconada por la lógica de los bloques, conviene detenerse y tomar posición. No desde el cálculo corto ni desde la consigna fácil, sino desde la responsabilidad política y moral. Y en ese ejercicio, me reafirmo, con convicción, como socialista.
España, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, ha optado por un camino que no siempre es el más cómodo, pero sí el más digno: la defensa del derecho internacional, el multilateralismo y un «no a la guerra» que no es retórica, sino compromiso político. Un compromiso que se traduce en medidas concretas para proteger a la ciudadanía: escudos sociales, políticas energéticas valientes y respuestas económicas que han evitado que las crisis internacionales recaigan, como tantas veces, sobre los de siempre.
Frente a ello, la derecha española vuelve a demostrar su incapacidad para estar a la altura del momento. Y lo hace de forma especialmente preocupante en la figura de Alberto Núñez Feijóo. Su ambigüedad constante, lejos de ser prudencia, revela una preocupante falta de rumbo. Pero es su comportamiento en momentos decisivos lo que realmente le define: su abstención ante medidas clave para reforzar el escudo social en un contexto de crisis internacional no es neutral, es perjudicial.
Porque cuando un país necesita proteger a su ciudadanía frente a la inflación, la crisis energética y la incertidumbre, abstenerse es desentenderse. Es debilitar la respuesta pública y castigar, en última instancia, a la mayoría social. Esa actitud evidencia que Feijóo no actúa como un hombre de Estado, sino como un dirigente más atento a equilibrios de poder que a las necesidades reales de sus compatriotas.
La historia reciente debería servirnos de advertencia. La guerra de Irak, impulsada por José María Aznar, arrastró a España a un conflicto injusto basado en falsedades como las inexistentes armas de destrucción masiva. Hoy, lejos de asumir responsabilidades, Aznar sigue influyendo en el Partido Popular, marcando discurso con una impunidad política difícil de entender. Ese pasado no es ajeno al presente.
Tampoco lo es la posición del PP ante el drama de Gaza. Su tibieza ante una tragedia humanitaria de enormes dimensiones contrasta con gestos tan frívolos como la fotografía de Isabel Díaz Ayuso con el equipo israelí de ciclismo en la Vuelta a España o la concesión de la Medalla de la Comunidad de Madrid a Donald Trump. Decisiones que evidencian un alineamiento acrítico con determinados intereses y una preocupante falta de sensibilidad.
En este contexto, el papel de VOX agrava aún más la situación. Su apuesta por la confrontación, su alineamiento sin matices con las posiciones más duras y su rechazo a cualquier salida diplomática empujan a la derecha española hacia posiciones cada vez más extremas y alejadas del interés general.
Y mientras tanto, sorprende el silencio de algunas voces históricas del socialismo que en otros momentos fueron especialmente críticas. Figuras como Felipe González han optado ahora por una discreción que contrasta con etapas anteriores. Un silencio que, cuanto menos, invita a la reflexión en un momento especialmente delicado.
Porque este no es un momento cualquiera. Es un momento en el que se mide el compromiso real con la ciudadanía. Y ahí es donde el socialismo vuelve a marcar la diferencia: defendiendo la paz, protegiendo a la mayoría social y ejerciendo una política con principios.
Frente a la guerra, más política. Frente a la incertidumbre, más justicia social. Y frente a la ambigüedad y la inacción, firmeza democrática.