Sobre la desaparición de Antonio Sedano que ya está en algún lugar de la “nada” con Pío Muriedas
El año 2026 empezó con la desaparición del gran pintor Antonio Sedano, pintor nacido en Santander en 1938 y cuyo desarrollo como pintor giró entre Santander Suecia y Madrid, para en los años 80 afianzar su arte en México y EE.UU. sin olvidar nunca la “tierruca”.
La obra de Sedano en España fue lírica, poética con sus “tamarindos”, su “bahía” su “Santander”, “sus retratos” de los intelectuales españoles, especialmente de la Montaña. Posteriormente esa obra trascendió a un nivel histórico y trascendental en su trabajo en México. Ha sido el pintor-escritor que logró poner en el presente, la importancia de la revolución mexicana especialmente cuando hablamos de Emiliano Zapata. Sedano construyó un lenguaje pictórico propio, donde la memoria, la emoción y la reflexión convivían en un equilibrio singular.
Su pintura compartía con la poesía ese pulso contenido, esa capacidad de sugerir más que de afirmar, de abrir preguntas más que de cerrarlas. Sedano no era complaciente ni superficial en su obra. En ella, habitaba la búsqueda constante: de capturar lo esencial más allá de la apariencia. Sus composiciones, a menudo cargadas de simbolismo, revelaban una sensibilidad que dialogaba tanto con la introspección como con el entorno. Había en su obra una tensión fecunda entre lo íntimo y lo universal, entre el gesto contenido y la intensidad expresiva.
El color en Sedano no era un mero recurso estético, sino vehículo de pensamiento y emoción. Sus gamas cromáticas, cuidadosamente construidas, sugerían estados del alma, atmósferas suspendidas, ecos de paisajes interiores. Y en sus formas —a veces reconocibles, a veces deliberadamente abiertas— se percibía una voluntad de invitar al espectador a completar el sentido, a entrar en la obra como quien entra en un diálogo.

Pio Muriedas pintado por Antonio Sedano, en el MAS
Entre Santander y México, entre la raíz y el viaje, Antonio Sedano levantó una obra coherente, honesta y profundamente humana. Una obra que no busca el ruido, sino la permanencia; que no se impone, sino que acompaña y permanece en quien la contempla.
Pío Muriedas mantuvo con Sedano una estrechísima amistad en los años 70/80, se admiraban mutuamente y además Antonio estaba muy orgulloso de parecerse en cierto modo a Pío, al menos en su amor sin paliativos al arte, la poesía y la pintura. Esa admiración mutua, se plasmó en la defensa de Pío hacía el arte y la personalidad de Sedano, incluso a través de un poema,cuestión que Pío no dedicaba prácticamente a nadie, salvo a su amor Mª Luisa. Cuando Sedano, venía por Santander, siempre me lo recitaba. Sedano reconoció su admiración hacía Pío realizando siete soberbios retratos, uno de los cuales está en el MAS, es un retrato extraordinario que no solo refleja fielmente al hombre, sino que aflora su alma. Es un retrato psicológico donde Sedano plasma todo el mundo de Pío.
En uno de nuestros encuentros, Sedano me decía que estaba orgulloso de parecerse a Pío por no haber cotizado nunca “a la SS”. Ambos fueron “hombres libres” con sus claroscuros, pero libres.
Quiero finalizar este recuerdo a Sedano, con su obra más significativa El inmenso mural que realizó en México en un mural de 30 metros de largo por 4 de alto realizado en cerámica de Talavera y financiado por el Banco de Santander. La obra representa la bahía y la playa de El Sardinero, símbolos de Santander, y se integra perfectamente con el espíritu de la Asociación Montañesa de México.

Mutal de Antonio Sedano en Casa de Cántabria en México, sobre la Bahía de Santander
Cuando me mandó las fotografías de la obra le escribí una reseña, que decía:
-Es invicta la calidad del mural “Portus Victorie”, una obra que perdurará por encima de los tiempos, incluso del edificio donde está ubicado. Ya ibas a quedar en la historia, pero ahora con esa obra, estarás en la élite de la misma.
Las soluciones que das a las intersecciones entre los diferentes escenarios de la bahía, denotan el ingenio que has utilizado para unirlas, es un espléndido trabajo de expresión de una espléndida ciudad como Santander. Ambos quedarais unidos en la historia.
-Qué majestuosidad de casino y del hotel Sardinero; qué recuerdo al faro de Cabo Mayor; qué encanto en la solución a los jardines de Piquío, con esos colores atrevidos en la serenidad de la segunda playa y ese camello a los pies de Pick, con los tamarindos de tu época romántica y otoñal; qué paseo de Reina Victoria con el Palacio de la Magdalena como testigo de la cultura de Santander; qué brava isla de Mouro compitiendo con la de los ratones; qué hermoso puntal enfrentado a los edificios de Castelar, testigos de la burguesía montañesa; qué atractivo Palacio de Festivales por encima de su pobre belleza arquitectónica; qué encanto de Puerto Chico junto al horroroso edificio del Club Naútico que en tus pinceles gana sobre la realidad; qué amables barcos de vela símbolo del Santander marinero; qué fuerza traslada el edificio del Palacio del Embarcadero con la bandera española, hoy tan denostada; el pirulí de Peña Cabarga no lo veo, cuestión que te agradecerá desde los confines Gerardo Diego; qué majestuosa grúa de piedra el auténtico símbolo de Santander; qué maravilla a la solución de los jardines de José Antonio o cómo se llamen ahora.
Has conseguido exponer el alma de Santander, igual que cuando retratas a los intelectuales de España. ¡Qué retratos de Machado, Guillén, García Lorca, Hidalgo,Diego, Llano, Hierro, Cossío, ¡de siete retratos a Pío Muriedas! Trasladas el alma, la sobriedad, la angustia, el desprecio hacía lo vulgar, de cada uno de ellos con tu técnica Dual-
Buen viaje, al confín de la nada, allí nos volveremos a ver.