Concierto lleno de la espiritualidad de Gaudí detrás de cuatro compositores y una orquesta -OSCAN- que supo interpretarlos

Fotografías de la OSCAN: Joaquín Gómez Sastre
Orquesta Sinfónica del Cantábrico OSCAN – Arquitectura del alma – Sala Pereda – 4 de junio – 19:30 horas
“Escucho como cae la música. Se eleva y comienza a girar cantando. La imaginación canta”. Estas palabras, dichas con armonizada compostura por la actriz y recitadora Patricia Cercás, resumen lo que fueron setenta minutos de emociones y sonidos que querían arropar el alma musical de Gaudi. Ella fue la presentadora del espíritu con el que el programa titulado “Arquitectura del alma” intentaba agrupar a cuatro compositores del siglo XX, uno de ellos todavía vivo.

Foto: Joaquín Gómez Sastre
En el pequeño escenario de la sala Pereda, veinticuatro músicos con instrumentos de cuerda -y uno más, David Valdés, con percusiones y campanas tubulares- arropaban al director y concertino Miguel Borrego (Madrid, 1971), premio nacional de música y habitual de los escenarios cántabros con la orquesta de RTVE. Dirigir y tocar el violín a la vez no es cosa sencilla, pero Miguel lo consiguió y ofreció momentos donde como solista sobrevoló paisajes y mares. El manejo de su violín Carlo Tononi (Bolonia, 1710) lograba una riqueza tímbrica con bellos agudos y graves bien proyectados. Una delicia.
Comenzó la tarde con la orquesta respondiendo pausadamente a los toques de campana ideados por Arvo Pärt (1935-) en un Cantus in memoriam Benjamin Britten (1976) contemplativo del espíritu de Gaudí: “Lo más primitivo: una escala, una triada, tres notas”. Luego llegó una obra juvenil de Britten (1913-1976) que con veintiún años armó una Simple Simphony con mezclas de danzas, melodías británicas, zarabandas sentimentales y un pizzicato juguetón. Hace 50 años que Britten falleció y su sinfonía alegró la noche.

MIguel, Patricia y la orquesta
Cambios de lugar de los músicos para tocar The Lark Ascending (1914) de otro británico: Ralph Vaughan Williams (1872-1958), una obra coetánea de un Gaudí maduro. Fue el momento estelar del violín de Miguel Borrego, solista expresivo que elevó esa alondra ascendente que pedía la partitura a momentos de disfrute inmaterial.
Bajando de las alturas conseguidos por la alondra británico-española, Patricia Cercás volvió al escenario para cerrar la tarde y recitar versos con el cercano mar como tema de la pieza de Eduard Toldrá (1895-1962) Vistas al mar (1920), año en que músico y arquitecto pudieron conocerse y compartir emociones. La obra tiene tres movimientos en un aire evocador marino que se saborea y que pasó de la noche a alegres oleajes. Un cierre lleno de suavidad para un concierto con alma, violinista con gran técnica, violín capaz de una expresividad emocional especial y orquesta con renovados aires gaudianos: Gaudí, Miguel Borrego, OSCAN.