José Nicolás Saiz: “Aprender a leer las imágenes suponer aprender a leer una sociedad”

La Escuela Oficial de Idiomas de Laredo acoge un curso de verano de la UC sobre el legado visual de la Antigüedad clásica
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«Aprender a leer las imágenes supone aprender a leer una sociedad». Con esta reflexión, el codirector del curso ‘El mundo clásico a través de las imágenes: de Homero a la era de las revoluciones’, José Nicolás Saiz López, ha resumido el espíritu de esta propuesta de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC), dirigida junto a la profesora de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Pilar Díez del Corral Corredoira, y que ha comenzado hoy en la Escuela Oficial de Idiomas de Laredo. El programa ofrece un recorrido desde Homero hasta la era de las revoluciones para analizar cómo las representaciones del mundo clásico han modelado la cultura occidental y siguen presentes en la forma de comunicar, ejercer el poder y comprender la sociedad.

Saiz ha explicado que «vivimos en una sociedad profundamente marcada por la imagen”, por lo que aprender a interpretarla resulta “más necesario que nunca». En este sentido, ha señalado que el mundo clásico no es solo un objeto de estudio para historiadores o arqueólogos, sino que“forma parte de nuestra vida cotidiana». Esa presencia se refleja en la arquitectura, las instituciones políticas, el derecho, la literatura, el cine, la publicidad o incluso en expresiones lingüísticas de uso cotidiano. “Seguimos hablando de un talón de Aquiles, de una odisea o de un caballo de Troya sin detenernos a pensar en el origen de esas expresiones”, ha enfatizado.

Además, ha recordado que los mitos clásicos siguen inspirando a creadores contemporáneos porque abordan cuestiones universales «como el poder, la guerra, el amor, la justicia o la condición humana, que continúan siendo plenamente vigentes».

Uno de los principales objetivos de la formación es enseñar a interpretar las imágenes para comprender la historia. «Las imágenes nunca son inocentes», ha afirmado Saiz, consciente de que, detrás de una escultura, una pintura, una moneda o un relieve «hay siempre una intención: transmitir una idea, legitimar un poder, difundir una creencia o conservar una memoria». A su juicio, las representaciones visuales permiten comprender cómo se construyeron las sociedades antiguas, cómo proyectaban su identidad y qué mensaje pretendían transmitir a quienes las contemplaban.

Ese poder de las imágenes para construir discursos ocupa buena parte del programa académico. Según Saiz, desde la Antigüedad los gobernantes comprendieron que una representación visual podía transmitir un mensaje «de forma más inmediata y duradera que cualquier discurso escrito». Retratos imperiales, monumentos conmemorativos o representaciones de dioses y héroes sirvieron en su momento para proyectar autoridad, reforzar el poder y construir una memoria colectiva. «Las imágenes no son un simple reflejo de la historia”, ha opinado.

El curso, impulsado en colaboración con el Ayuntamiento de Laredo, también pone el focoen el análisis del arspolitica, el uso del arte público como instrumento de propaganda en la Roma imperial. Para Saiz, los mecanismos empleados entonces mantienen claros paralelismos con la comunicación política contemporánea. «Han cambiado los soportes y los medios de difusión, pero los mecanismos de comunicación política siguen respondiendo, en muchos aspectos, a las mismas lógicas». Como ejemplo, ha citado la cuidada escenografía que acompaña las visitas oficiales de jefes de Estado y de Gobierno, donde cada elemento forma parte de un mensaje visual destinado a proyectar una determinada imagen del poder y del prestigio institucional.

El profesor también ha establecido un paralelismo entre el mundo antiguo y la actual cultura visual. «Las sociedades antiguas ya comprendieron que una imagen bien construida podía emocionar, persuadir y transmitir un mensaje con una enorme eficacia». En su opinión, las redes sociales han multiplicado la velocidad con la que circulan las imágenes, manteniendo intacta su capacidad para influir en la opinión pública y generar relatos.

El programa también muestra a los participantes cómo era la vida cotidiana de la antigua Roma, una perspectiva que permite descubrir una sociedad sorprendentemente cercana. «Eran personas muy parecidas a nosotros», ha señalado Saiz, al recordar que millones de ciudadanos compartían preocupaciones relacionadas con el trabajo, la educación de los hijos, el ocio o la vida urbana. Esa mirada, ha explicado, amplía la comprensión de una historia protagonizada tanto por emperadores como por hombres y mujeres anónimos.

Según José Nicolás Saiz, la respuesta del público confirma el interés que sigue despertando el legado clásico. El periodo de matrícula se completó en pocos días y la organización tuvo que ampliar el aforo para facilitar la asistencia de un mayor número de participantes. «Estoy convencido de que los alumnos encontrarán muchas más conexiones entre el mundo clásico y nuestro presente de las que imaginan», ha concluido Saiz.

 

 

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