Semana acalorada: abanicos y paraguas en conciertos. Eliades Ochoa se mojó junto al mar; Nacho Mastretta no; los líricos necesitaron ventiladores de mano en salas argentas

Las altas temperaturas han llegado al Palacio de Festivales que lleva dos semanas necesitando de ventilación en su sala principal: no funciona el aire -condicionado o sin condicionar- y esto hace un suplicio cualquier concierto, con el público saliendo acalorado de la sala o las autoridades y mecenas quejándose. Se sabía que iba a ocurrir, pero laissez-faire, dejar pasar.
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Lo contrario que le ocurrió a Eliades Ochoa al aire libre: un aguacero persistente suspendió temporalmente su sonoro concierto. Nacho Mastretta, más listo, tuvo aire acondicionado a cubierto de la calle. Semana movida con chupinazo santanderino.

Yutong Wei y Sua Lee

Gran Gala Lírica (GGL) – Encuentro Música y Academia – Sala Argenta – 14 de julio – 20:00 horas

Sanele Mwelase y Elisabeth Kim

Con algunos pequeños cambios en el programa (dos arias de Mozart que no se entendieron entre ellas) comenzó la GGL donde seis jóvenes cantantes lucieron sus cualidades vocales. Buena entrada en día de Mundial de Fútbol en una sala en la que faltaba un cartel: “Por causas ajenas a los autores -solo protestó Verdi- se ruega utilicen los programas de mano para abanicarse”. Era el cuarto día del mes de actuaciones en la sala Argenta y buena parte del público trajeron sus abanicos de casa. La tarde prometía aires y arias.

Dieciséis fueron las arias y seis los cantantes: cuatro sopranos, un barítono y un contratenor en la tesitura de soprano. Impresionaron todos por su calidad y diversidad de timbres, pero dos de ellas lucieron en sus solos: la coreana Sua Lee (Corea del Sur, 2000) y la croata Jelena Knezović (Split, 1999). Sua demostró su dominio escénico y su excepcional agilidad vocal cantando el aria A vos jeux, mes amis de la ópera Hamlet (Ambroise Thomas, 1868), una desgarradora escena preludio de locura y muerte. Jelena cantó la Canción a la luna (Mĕsíčku na nebi hlubokém, Antonín Dvořák, 1901), otro desafío vocal que hizo con una delicadeza en cada frase que emocionaba conociendo que es una de las mejores canciones de amor jamás escrita.

Bernarda Fink (izq.), pianistas y cantantes

Un gran plantel en el que estuvieron también como solistas, en duetos y tríos, el barítono chino Yutong Wei, la soprano belga Phaedra Pribilla, la soprano coreano-estadounidense Elisabeth Kim (una soprano feliz en escena) y Sanele Mwelase, contratenor sudafricano. Una fantasía para flauta y piano sobre La traviata y otra fantasía para dos flautas y piano sobre Rigoletto fueron el homenaje de la cálida noche a Giuseppe Verdi en los 125 años de su fallecimiento.

Detrás de todo este gran esfuerzo de preparación de artistas y de un largo programa lirico está la mezzosoprano Bernarda Fink (Buenos Aires, 1955) que ejerció de maestra vocal y presentadora de una propina entrañable: el brindis de hermandad o de la fraternidad (conocido en alemán como «el brindis de los hermanos» o Brüderlein), un vals de la opereta El murciélago (Die Fledermaus) de Johann Strauss hijo. Bernarda y sus seis aventajados cantantes se tomaron de las manos para celebrar la amistad y la fraternidad universal: «¡Brindemos por el amor y la alegría!». Un brindis caluroso. Fuera de la sala España ganaba ya dos a cero a Francia. Gran gala lírica (GGL) también en grados centígrados (GC).

Nacho Mastretta – Melodías del café Berlín – UIMP/Teatro Casyc – 15 de julio – 20:00 horas

Nacho Mastretta (Barcelona, 1964) vivió toda su infancia en Santander y en uno de sus conservatorios aprendió piano. A los 27 años se marchó a Madrid, capital desde donde ha desarrollado su larga trayectoria como músico, compositor y productor. Desde hace veinte años -esos que no son nada- funciona en modo banda con una pequeña orquesta de ocho artistas. En Santander -una vez más, o una vez menos- se presentó sin su habitual violonchelista Marina Sorín. Alineación: Nacho (clarinete), Javier Quintana (guitarras), Jorge ‘Coke’ Santos (batería), Luca Frasca (piano), Pablo Navarro (contrabajo), Joaquín Sánchez (saxo tenor y clarinete bajo), Laicha Mansilla (saxo tenor), David Herrington (trompeta). Javier se estrenaba con el grupo y parecía dominar sus instrumentos en acompañamientos y solos.

Vinieron a presentar en directo su último álbum «Melodías del Café Berlín», que pronto podrá ver la luz y la sombra en formato físico. Lo que es y será esta nueva aventura de Mastretta se mostró en el concierto: doce temas y una propina llenas de sorpresas, cambios escénicos y alegría. Desde el comienzo de la tarde los asombros iban desde el escenario -donde con mucho ritmo e improvisación Luca Frasca aporreaba con muchas partes de su cuerpo, culo incluído, un pobre piano Bosendofer- a las gradas de donde salieron, deambularon y volvieron a darse una vueltecita la banda como músicos de Hamelín en busca de clientes y de parejas de baile.

La música de Nacho siempre es evocadora, mezcla reciclada de su pasado clásico, su querencia por el jazz europeo, el cabaret y el circo, lo popular y lo culto. Son historias que no cuentan con letra, pero si con contexto: el tema Leo dedicado al hijo de su contrabajista preferido o la juerga de la banda sonora de El gran Vázquez (2010). Mastretta ofició de presentador de sus amigos locales dispersos entre el público y de aglutinador de una orquesta donde predominan los vientos y un gusto por lo teatral. Todo acabó con el publico coreando un tema con comprometida letra: “Laralaralá Laralaralá”. Melodías del ayer y del mañana.

Eliades Ochoa – Anfiteatro Centro Botín – 16 de julio – 22:00 horas (retraso horario por lluvias)

Llovía en Santander con ganas. A las ocho de la tarde la organización confirmaba que el concierto de Eliades Ochoa (Loma de la Avispa, Santiago de Cuba, 1946) iba a comenzar a horario: “Esto es pasajero y vienen claros”. A la hora de comienzo continuaba lloviendo (véase foto) y allí nadie sabía lo que iba a pasar hasta que tras alguna consulta a secretos meteorólogos se anunció -primero a voces, luego con luminoso- el retraso de una hora. ¿Comenzó a las 10 de la noche? Casi; lo hizo diez minutos más tarde. Los paraguas agradecieron que ya no les hicieran trabajar, aunque toda la zona estaba mojada y remojada.

Eliades Ochoa es una de las estrellas del Buenavista Social Club, un sonero guajiro nacido en la tierra del son y la guaracha. Guitarrista autodidacta, no usa una guitarra normal, sino un tres cubano de 8 cuerdas que él mismo diseñó. Residente actualmente en Madrid (barrio de Quintana) hace tres meses inició una gira internacional desde México a Amsterdam: “Tocar la guitarra me da esa energía para continuar viviendo, siento esa fortaleza que me da la guitarra. Y tocar en los escenarios me da salud, mucha salud”. Con 80 años y 23 días tocó en Santander en un camión-escenario de los locales Solo Saxo, animadores como él de verbenas y otros saraos. El camión se mojó, Eliades no.

Catorce fueron las canciones tocadas y cantadas, más una propina –Ay, candela– con el maestro retirándose del escenario. Eliades anunció el final, cansado pero animoso: “La ley de la Naturaleza; todo lo que nace muere y todo lo que empieza se acaba”. Filosofía oriental (del Oriente cubano). Acompañado de un quinteto poderoso (timbales, trompeta, saxo, bajo y piano) se mostraron enérgicos en las descargas sonoras y delicados en los boleros. Trasmitieron una alegría continuada que bailaron cientos de personas. (Eduardo Pineda al piano, Santiago Félix Giménes al bajo y coros, Ángel Herrera a la percusión y coros, Roque Martínez al saxo, flauta, maracas y coros, Frank Maella a la trompeta, güiro y coros).

Y pasaron todos sus clásicos: Chan Chan, Estoy como nunca, El Cuarto de Tula, Vamos a bailar un son… Pero, de repente y bien sentido, quizás reflejando el estado profundo de su alma, la emoción de la noche fue un tango cantado en forma de bolero: Volver. Eliades adivinaba el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su retorno, “Las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida, que ochenta años no es nada…”. Gracias, maestro, tenga usted esa esperanza humilde que es una gran fortuna para todo corazón. No salió la luna a acompañar el tema, pero en el mar cercano se sentían las olas. Hubo felicidad lograda por uno de los grandes músicos cubanos vivo y dichoso. ¡Chapeau!

 

 

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