Concierto-sauna: 29º grados en la sala Argenta. Abanicos y sonrojos de calor. Triste despedida de los 25 años del Encuentro Música y Academia de Santander.

No se pueden hacer conciertos de calidad y con repercusión internacional con temperaturas de 29º grados en el interior de una recalentada sala. No funcionaba la ventilación y esto no es de ahora: el Palacio de Festivales lo sabe y no hace nada. Ver la cara sudorosa de Péter Nagy y media sala abanicándose -incluso por la grabación que se hizo a través de Youtube- es una vergüenza para los responsables. ¡¡¡Vaya imagen de Santander!!! La Gala de Clausura fue un despropósito que no permitió apreciar cómo se merece el esfuerzo de los intérpretes. Gracias a ellos brilló el encuentro. Y, una vez más: si las autoridades saben del problema, ¿cuál es el problema? ¿Las autoridades?
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Péter Nagy al piano

Gala Clausura Encuentro Música y Academia de Santander – Sala Argenta – 22 de julio – 20:00 horas

Nivel amarillo: Entrar al Palacio de Festivales con el termómetro a 28.9º fue de asustar (ver testimonio gráfico), incluso a Paloma O’Shea que entró sola y demasiado trajeada por la puerta sur; ya tenía experiencias calurosas de días precedentes con quejas a quien la pudo escuchar incluidas. La sala era una sauna todavía soportable, unos con abanicos, otros con programa de mano, las hojas de las puertas de camerinos abiertas “para que se pueda ventilar”. 

Y empezó el concierto de clausura con un Cuarteto en re menor de “Musique de table” de George Philipp Telemann (1681-1767). Publicado en Hamburgo en 1733 con bajas temperaturas, en este 2026 fue tocado en Santander con acaloramientos varios por dos oboes, clave, violín, violonchelo y fagot. El profesor y virtuoso Christoph Hartmann se esforzó por mantener el tono feliz de los alumnos, consiguiendo una correcta versión. Hasta los abanicos aplaudieron.

Nivel naranja: Cambio de interpretes y un trio muy español poco conocido: las Tres piezas originales en estilo español op.1 de Enrique Fernández Arbós (1863-1939), obra de 1884. Tocado por estudiantes de buen nivel, incluido el zapateado improvisado del chelista, fueron tres movimientos llenos de ritmos bailables -bolero, habanera, seguidilla- y diálogos entre los instrumentos -violín, chelo y piano- que pasaban de lo enérgico a lo sentimental. Los aplausos aumentaron, ahora de abanicos y programas de mano en posición horizontal.

Octeto de 9

Pausa de hidratación: Una obra de Mozart (1756-1791) siempre es un momento de frescor. Y lo fue en los elegidos cinco movimientos de Die Entführung aus dem Serail (El rapto en el serrallo) K 384 (versión para octeto de viento de Donaueschingen). Y el octeto fueron nueve intérpretes, con dobles instrumentos -oboes, clarinetes, trompas y fagots- y un solitario contrabajo. Vuelta del profesor Hartmann al escenario con otros ocho felices estudiantes que resolvieron con nota alta el “exceso de notas” que se atribuyó al compositor salzburgués en esta opereta con turcos y amores ardientes (como el calor de la sala, reitero). Emotivo final con el reencuentro entre amantes, algo que se percibe en la versión arreglada para vientos de 1782 tocada -y expresivamente bien tocada- por el noneto, profesor ya sudoroso.

Nivel rojo: Terminar con Johannes Brahms (1833-1897) son palabras y calores mayores. El termómetro del Palacio ya marcaba 29.0º y el pianista lo notó en sus más de 40 minutos en el escenario, donde necesitó secarse cara y manos varias veces. Le acompañaron dos violines, una viola y un violonchelo. Péter Nagy era el pianista virtuoso que ejecutó con suavidad húngara el andante y con fiereza húngara allegri y scherzo. Pendiente desde su banqueta del grupo como director en la sombra que no había, su interpretación llenó de ideas lo escrito y reescrito por Brahms. Una ardorosa delicia. Gran cierre del 25 encuentro Música y Academia. (Y una más: a las 10 de la noche se coló en la sala la música de la terraza, compitiendo con Brahms y el pobre Péter durante siete minutos).

 

Dos pianistas (al piano Péter Nagy. Otro intérprete: Luis Fernando Pérez)

Encuentro Música y Academia – Charla profesor Péter Nagy – Auditorio del Conservatorio Jesús de Monasterio – 22 de julio – 11:30 horas

Algunas charlas permiten conocer de cerca a personajes originales como el profesor de piano húngaro de reconocido prestigio internacional Péter Nagy (Mátészalka, 1960), premio Franz Listz (ese húngaro que también tocaba el piano en el siglo XIX y cautivaba masas). Se le presenta como “uno de los representantes más jóvenes de una nueva generación internacionalmente reconocida de pianistas húngaros” (si Péter tiene 66 años, ¡cómo será un representante menos joven de esta generación!).

Danzando «verbunkos»

Después de escuchar la música ambiental de Ulrich Tukur & Die Rhythmus Boys (estos húngaros no son), Péter -ya estábamos en familia- preguntaba al público: “¿Han traído zapatos para bailar?”. Caras de sorpresa y excusas varias, cuando estaba claro de qué iba la conferencia: “Verbunkos: una danza húngara”, aunque “verbunkos” sea una palabra alemana y toda la charla fuera un repaso de compositores germanos de Bach a Brahms, pasando por Mozart, Haydn y Beethoven. Quedó claro (o no, daba igual) que el verbunkos era música muy rítmica y danzarina con elementos exóticos iniciada en 1784 en Viena, que se tocaba en el ¡reclutamiento de soldados para hacerles creer que la guerra era algo festivo y entretenido! No lo decía Obelix, pero lo pensaba: “Están locos estos germanos y húngaros”.

La segunda petición al público de Péter es de las a recordar: ruego de voluntarios para mover el piano del escenario. Un Kawai gran cola fue trasladado de un lugar a otro entre las risas del personal. Íbamos bien. Siguió: “Todo viene de algún sitio” (premisa musical imbatible) y lo verbunkiano es algo propio de la Europa Oriental. Ejemplos al piano y al ordenador hubo decenas, entre ráfagas de un Bach húngaro de adopción, frases musicales de un Mozart que parecían turcas del lado de Hungría, aprendizajes musicales en un burdel de Brahms del estilo húngaro o Haydn haciendo lo mismo bebiendo cerveza en un pub vienes. Este tuvo su oda al vino en una pieza coral: «Juhhe! Juhhe! Der Wein ist da» (¡Hurra! ¡Hurra! El vino ya está aquí).

Disipados los alcoholes clásicos todo acabó con el público y Péter danzando en el escenario en algo que parecía una mezcla de sirtaki, zortziko, jota aragonesa y vals con saltitos. ¿Será esto un verbunkos?

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