Fotografiar el mundo para no olvidarlo
Hoy celebramos el Día Mundial de la Fotografía y, después de tantos años detrás de una cámara, sigo pensando que fotografiar no consiste simplemente en apretar un botón.
Fotografiar es mirar.
Y, sobre todo, decidir qué merece ser visto.
Una fotografía puede ser bella, incómoda, dolorosa o incluso provocar rechazo. Pero cuando consigue detener durante un instante la mirada de quien la observa, ya ha cumplido una función.
He aprendido que una cámara no sirve únicamente para guardar recuerdos. También sirve para contar historias, denunciar injusticias, conservar una memoria que puede desaparecer y poner rostro a personas que demasiadas veces permanecen invisibles.
Como fotoperiodista y documentalista, muchas veces he estado delante de situaciones que no son fáciles de fotografiar. Pero precisamente ahí es donde creo que la fotografía adquiere todo su sentido.
Porque una fotografía puede convertirse en memoria.
Dentro de unos años quizá olvidemos una fecha, una noticia o un discurso político. Pero una imagen puede permanecer. Puede recordarnos cómo éramos, qué ocurrió y, sobre todo, qué decidimos no mirar.
Vivimos además en una época en la que estamos rodeados de imágenes. Millones de fotografías circulan cada día. Nunca hemos fotografiado tanto y, paradójicamente, quizá nunca haya sido tan difícil conseguir que una imagen nos haga detenernos.
Por eso creo que el valor de una fotografía no está en los «likes», ni en la cantidad de veces que se comparte.
Está en lo que provoca.
En la pregunta que deja.
En la historia que consigue contar.
Una buena fotografía no necesita gritar. A veces simplemente permanece ahí, frente a nosotros, obligándonos a mirar.
Y eso es lo que sigo buscando cada vez que cojo una cámara: no hacer una fotografía más, sino intentar dejar constancia de algo que algún día alguien necesitará recordar.
Porque fotografiar, al final, también es una forma de luchar contra el olvido.
Feliz Día Mundial de la Fotografía. 📷