¿Es imposible ser artista en Cantabria? Entrevista a David Macho

En Cantabria se emplea la palabra bardal para describir un caos, un desorden, o una situación desastrosa. Es un término que encaja bien para describir el arte de David Macho (Cantabria, 1994). Plasmar su universo requiere ponerse gafas de relojero, pues sus cuadros de gran formato están construidos a partir de múltiples escenas en miniatura que hacen convivir figuras de la cultura pop, dibujos animados, personajes de internet y referencias de la cultura contemporánea. Un bardal en el que lo macro contenido en lo micro, el humor y la saturación invitan a detenerse y mirar de cerca cada detalle
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Macho, que empezó a pintar “porque le vino dado”, tuvo que salir de Cantabria porque, en su momento, la oferta de estudios de arte era muy limitada. Estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco y, de ahí, fondeó en Barcelona, donde reside actualmente. En esta conversación con El Faradio nos preguntamos si es posible ser artista en Cantabria: qué le falta a la región para que muchos de sus artistas tengan que marcharse, qué significa ser artista cántabro y cómo se relaciona él hoy con Cantabria. 

David Macho considera que haber nacido en Los Corrales de Buelna, “un valle entre montañas”, ha influido mucho en su arte. “Al crecer en un pueblo, me refugiaba en mi habitación para pintar y dibujar. Al final, siempre he pintado lo mismo, aunque de distinta manera: multitudes en espacios muy pequeños, con conflictos entre ellas”.  Y es que en sus todo existe: todas las posibilidades de la vida se relacionan dentro de ellos. “A pesar de que mis cuadros puedan recordar más a Barcelona, por ejemplo, son también muy bucólicos y están muy marcados por la vegetación, los tonos verdes y los colores terrosos”, reflexiona.

David Macho, cuando el artista solo tiene ganas ya de vivir de bien de su trabajo | Arte | ICON Design | EL PAÍS

David Macho en su estudio I ICONDESIGN

Hace 15 años que se fue de Santander y considera que en este tiempo «han cambiado muchísimas cosas». «Siempre han estado las galerías de toda la vida, como la de Juan Silió, pero ahora hay mucho más ecosistema artístico y son los propios creadores quienes lo están moviendo«.

Añade que la fiesta también es un elemento importante. «El arte va muy unido a la fiesta y a los eventos. Ahí se junta gente de la performance, gente a la que le interesa el arte, músicos experimentales… gente atraída por el arte y la fiesta». Pone como ejemplo la fiesta Motel, que ya va por su tercera edición y busca dar visibilidad a las disidencias en la escena de la música electrónica, además de apoyar el talento local y crear un espacio seguro en Santander.  “Si no hay eventos, la gente no puede hacer cosas. La magia surge en esas fiestas donde, tomándote algo a las cinco de la mañana, comentas: ‘Tengo un nuevo proyecto’. Ahí es cuando alguien responde: ‘Pues hacemos esto juntos’, y así se empiezan a montar las exposiciones”.

En este contexto, el tejido artístico cántabro se ha visto alterado por la irrupción de Faro Santander, que se inaugura con obras maestras de la Colección Banco Santander, una muestra sobre el México moderno de la Colección Gelman y una exposición de Leonora Carrington. Frente a esta nueva propuesta, David Macho recuerda el MAS, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander, fundado hace 118 años en la calle Rubio y de entrada gratuita. Hoy dedicado al arte moderno y contemporáneo, «también tiene muchísima obra de artistas del nivel de Frida Kahlo», indica. «Mezcla el arte cántabro desde el siglo XVI con piezas de, por ejemplo, Goya. Igual la gente no lo sabe porque, evidentemente, no tiene tanto bombo como los proyectos que tienen detrás al Banco Santander, pero el museo está súper bien», señala. 

Sobre el creciente peso de la empresa privada en la cultura y su posible influencia en decisiones culturales, urbanísticas y de movilidad, el artista incide: «A las grandes corporaciones no les interesa el arte, les interesa desgravar, aunque siempre será mejor que lo hagan comprando arte a que lo hagan de otra forma». También defiende la accesibilidad del proyecto para la población cántabra: «A los turistas les da igual pagar la entrada, pero para la gente local debería ser accesible. Siempre será mejor refugio climático un museo que un centro comercial». 

Con todos estos factores, el panorama artístico de la región se está moviendo, aunque en su día hacerse un hueco era muy complicado. «En Cantabria me habría comido una mierda», afirma, y sostiene que hoy también sería difícil. Actualmente trabaja representado por una galería y desarrolla su carrera a través de colaboraciones con marcas y otros proyectos. “Aquí me representa una galería. La alternativa sería trabajar con Madrid, donde tienen sucursal, o con París, pero pilla muy lejos y requeriría buscar representación allí también”. Además, logísticamente sería “un follón” enviar sus obras desde Cantabria. “Ahora, cuando termino un cuadro, vienen a recogerlo directamente a mi estudio en furgoneta, o lo llevo yo mismo si el tamaño lo permite. El envío desde allí sería un lío y habría mucho más riesgo por la distancia. Solo de pensar que se pueda perder un cuadro en el transporte, después de haber estado pintando tanto, me da algo”.

David Macho, ‘El cuadro del abuelo y el niño ’, 2023

Una de las obras de David Macho I Artsy

 

Paradójicamente, son muchos los artistas que han vuelto a Cantabria y ahora contribuyen a mantener viva la escena. «La realidad es que quienes están dinamizando ahora el panorama en Cantabria son artistas que regresaron hace relativamente poco, unos cuatro o cinco años. Muchos volvieron de Madrid porque las cosas dejaron de irles bien, se quedaron sin trabajo o ya no tenían oportunidades. Por eso ahora hay ese pequeño fervor allí: porque han regresado los que se habían ido». 

Sin embargo, Cantabria sigue sin retener a sus artistas. «Igual me equivoco, pero creo que la mayoría seguimos fuera y, si volvemos, suele ser para trabajar de profesores de arte o de plástica, que es otra opción». 

Ante la pregunta de si es posible ser artista desde Cantabria, responde: «Yo diría que no. Puedes compaginarlo, claro; conozco gente que lo hace. Igual venden 5.000 euros al año en obra, pero con 5.000 euros, ¿qué haces? Al final estás obligado a compaginarlo con alguna otra cosa».

Durante años, David Macho no guardó los mejores sentimientos hacia Cantabria. «Al principio sentía mucho rechazo a volver por los traumas que arrastraba de mi etapa en el colegio«. Su obra, marcada profundamente por haber crecido en un entorno digital, también está atravesada por el entorno físico en el que creció. «De pequeño tuve mucho contacto con gallinas, cabras, conejos… y siguen apareciendo en mis cuadros. A veces desde el trauma, pero sí, hay mucha gallina y mucho conejo. Al final, es una mezcla entre lo que vi digitalmente y lo que viví de pequeño. Que, a ver, son Los Corrales, tampoco es que haya nacido en un portal de Belén ni en una pocilga, pero sí que he estado siempre rodeado de ovejas y de todos los animales habidos y por haber», bromea. Con los años, a medida que en Cantabria han ido surgiendo nuevos proyectos, también ha conocido a personas con las que ha colaborado y ha recuperado el vínculo con la región. «Ahora, genial, y me gustaría que ese vínculo siguiese».

¿Qué tendrá, o qué le faltará, a Cantabria, que cada vez atrae a más turistas, pero no consigue retener a sus artistas? El escritor Luis Mario, que comparte con David Macho las raíces cántabras, haber desarrollado su carrera en Barcelona y el haberse reconciliado con los años con la región, cierra su novela Calabobos dedicándole estas palabras: «A la Tierruca, por, a pesar de todo, todo lo bello». Quizá sea esta la contradicción que albergan las mentes más brillantes al verse forzadas a marchar por falta de oportunidades. Esperemos que esos huecos vayan apareciendo o que, al menos, les permitan volver de visita: nos hacen sentir orgullosos.

 

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