«Los árboles urbanos dan una cantidad enorme de beneficios»

Entrevista a Enrique García, de Solabria, para la sección 'La energía del cambio', en colaboración con Solabria, la cooperativa comercializadora de energías renovables en Cantabria, sobre el ecomapeo ciudadano '¡Aquí falta un árbol!' y la importancia del arbolado para la salud y la habitabilidad de pueblos y ciudades
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Los alcorques vacíos, los árboles secos, los tocones o aquellos ejemplares que apenas tienen espacio para desarrollar sus raíces serán algunos de los elementos que centrarán los días 3 y 4 de octubre el ecomapeo estatal ‘¡Aquí falta un árbol!’. La iniciativa, impulsada por Ecologistas en Acción, busca identificar la situación del arbolado urbano y trasladar los resultados a las administraciones para reclamar mejoras en diversos municipios.

La convocatoria se extiende a más de 150 municipios de las 17 comunidades autónomas y da continuidad a la Termometrada Estatal de 2025, en la que participaron 67 municipios. Las personas participantes podrán registrar diferentes situaciones relacionadas con el arbolado a través de una herramienta de mapeo.

En Cantabria, Enrique García, integrante de Solabria, explica, en una entrevista concedida a EL FARADIO, que la iniciativa permitirá obtener una fotografía colectiva de la situación del arbolado en distintos municipios. Santander, Torrelavega, Cabezón, Camargo, Colindres, Liérganes, Los Corrales de Buelna y Riotuerto son algunos de los municipios en los que se habían registrado participantes para desarrollar la actividad.

«La idea es realizarlo en un montón de municipios, no solamente en Cantabria sino además en todos los municipios que tenemos en España», señala García, que destaca que la participación estatal permitirá recoger resultados y trasladarlos tanto a las personas responsables de las políticas municipales como a la sociedad.

El objetivo, explica, no consiste únicamente en localizar lugares donde sería posible plantar nuevos árboles. El ecomapeo también pone el foco en los espacios que ya existen y en las condiciones en las que se encuentran. «No es tanto el hecho de plantar en este caso sino de ver cómo nos encontramos con esos alcorques», señala. Algunos están ocupados por árboles que han crecido y proporcionan sombra, mientras que otros se encuentran vacíos, tienen un ejemplar seco o incluso han desaparecido como espacio destinado al arbolado.

Los alcorques son precisamente los espacios reservados en calles y otros entornos urbanos para albergar árboles. La convocatoria estatal contempla entre los elementos a registrar los alcorques vacíos o cegados, los árboles secos o con tocón y aquellos que presentan unas condiciones que dificultan el desarrollo del ejemplar.

Para García, el problema no se limita a las grandes ciudades. La falta de arbolado también puede detectarse en municipios de menor tamaño y en entornos rurales. A su juicio, una de las cuestiones que explica esta situación es la tendencia a pavimentar o cementar espacios que anteriormente podían contar con vegetación. «En pueblos donde realmente antes podía haber un montón de árboles, ahora mismo esas zonas muchas veces están siendo asfaltadas o cementadas», afirma.

En Santander, García pone el foco en el mantenimiento de los alcorques y en la gestión de las zonas verdes. Considera que no basta con disponer de contratos de parques y jardines, sino que es necesario que las administraciones realicen un seguimiento de las necesidades y exijan el mantenimiento, arreglo y sustitución de los ejemplares cuando sea necesario. «Hay un montón de alcorques que están, bueno, infrautilizados no, muchos de ellos han desaparecido, quedan solamente las baldosas», sostiene.

El problema también puede encontrarse en los alcorques que sí tienen árboles. García llama la atención sobre aquellos espacios en los que el pavimento rodea prácticamente por completo al ejemplar y limita el espacio disponible para sus raíces. «Yo creo que solamente necesitamos situarnos nosotros en el lugar del árbol», plantea. Su propuesta pasa por observar estos espacios desde la perspectiva del propio ejemplar y entender que el árbol no es únicamente el tronco que sobresale del pavimento. «El árbol además de las hojas y del tronco tiene unas raíces y hay que darle una posibilidad», señala.

En este sentido, explica que cuando las raíces no encuentran espacio suficiente pueden terminar levantando las baldosas y el pavimento que rodean al árbol. El ecomapeo estatal incluye precisamente los denominados alcorques «asfixiantes» entre las situaciones que se pretende identificar.

La cuestión del arbolado urbano también está vinculada, según García, con la salud y la habitabilidad. Los árboles proporcionan sombra y frescor, contribuyen a mejorar la calidad del aire y reducen el ruido, entre otros beneficios. Las organizaciones promotoras del ecomapeo señalan además su relación con la salud y el bienestar de la población. «Los árboles urbanos dan una cantidad enorme de beneficios, dan frescor, nos dan sombra en verano, limpian el oxígeno y el aire, reducen el ruido, reducen el estrés e incluso la tensión arterial de las personas, mejoran nuestro sistema inmunitario y nuestra salud y bienestar», explica García.

Para el integrante de Solabria, el debate también pasa por el modelo de ciudad y por el equilibrio entre los beneficios inmediatos de determinadas actuaciones y la calidad de vida a largo plazo. «No se puede vivir en una ciudad en la que tienes 60 grados con el asfalto», apunta durante la entrevista, en la que también relaciona la presencia de árboles con la gestión del agua de lluvia y la necesidad de disponer de espacios urbanos más habitables.

La relación entre energía y entorno es precisamente uno de los ejes de Solabria. La cooperativa, creada en 2013 como la primera cooperativa de energías renovables de Cantabria, plantea su actividad dentro de un modelo energético que define como democrático, social, distribuido y sostenible.

En este contexto, García defiende que la actividad de una cooperativa energética no puede desligarse de las condiciones ambientales y sociales en las que viven las personas. «Si no hay un cuidado del entorno, si no hay un cuidado del ambiente en el que nosotros nos encontramos, si las personas no están sanas porque su entorno no está perfectamente cuidado y acondicionado, ¿de qué le sirve a Solabria comercializar energía exclusivamente?», plantea. Y vincula esa visión con la dimensión comunitaria de la cooperativa: «Solabria como cooperativa busca la comunidad, no el individualismo».

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