“El fantasma de la Ópera”, un musical con brillantes oscuridades que despertó otro fantasma local el primer día en Santander

El fantasma de la Ópera – Musical de Andrew Lloyd Weber – Sala Argenta – 1 de octubre – 20:30 horas

Eduardo Santamaria escondido detrás de Ana San Martín
El Fantasma del Palacio, prolegómeno acorde con el musical. Las puertas del Palacio de Festivales de Santander se abrieron a las 8 de la tarde, pero no se podía acceder a la sala por ninguna de sus cuatro plantas. Aglomeraciones en cada una de ellas y ninguna explicación, ninguna. A las 20 horas y 23 minutos se abre el paso (faltaban siete minutos para el comienzo del musical): ninguna aclaración por parte de empleados o de la producción. 20:42, aviso por la megafonía de la sala: “La función empezará con algunos minutos de retraso”. Ya era obvio que iba a empezar con algunos minutos de retrasos, pero ¿causa? No hay derecho como espectador a que se niegue conocer lo que ocurre en el local en el que están pasando cosas extrañas. A las 20:45 empieza el espectáculo con un aviso incomprensible: “¡Prohibido escribir!…» además de grabar, hacer fotos, dormirse y tener cuidado con las luces estroboscópicas (que pueden causar malestar, fatiga visual y ser peligrosas para quien tenga epilepsia fotosensible). Por si ocurriera lo detallan en el dossier: “La exposición a ciertos destellos o iluminación intermitente puede provocar ataques epilépticos o desmayos a personas fotosensibles”.

El Gran Candelabro sobre Ana San Martín
Catorce músicos en el foso y un director al frente de ellos que es todo un catedrático en funciones de gira: Jorge Molina Alba. Hora y poco más tarde se para la función y se anuncia que “por problemas técnicos (¡más!) habrá un parón”. ¿Hasta cuándo? ¿Suspenderán? ¿Qué pasa? Se oyen golpes de carpintería, se supone que es algún elemento de la caja giratoria. Doce minutos después se reanuda, termina el primer acto y se anuncian 15 minutos de descanso (al comienzo iban a ser 20, pero la noche iba retardadita). Al final (¡Oh, misterios fantasmagóricos!), son casi 25 minutos. A partir de aquí todo normal: explosiones, llamaradas, la caída mítica del gran candelabro, espejos que se desvanecen, dobles fondos, actores dobles. Esto, se sepa o no, es lo que ha llevado a El fantasma de la Ópera ha deslumbrar en 30 países, 21 idiomas diferentes y decenas de miles de representaciones.

Ana San Martín en su papel de Christine Daaé
Musical y sus artistas. Estrenado en 1986 en el Albert Hall de Londres (donde llegó a las 13.000 funciones) la gira española y su adaptación presentada en Santander aglutina partes que siempre funcionan: música reconocible (malo si tu vecino/a se la sabe), buenas voces, un ballet que tiene el plano del teatro, un coro bien empastado y las sorpresas continuas ya contadas (la explosión inicial asusta y las llamaradas finales casi se sienten de verdad). Destacar en esta versión la movida dirección de Federico Bellone, director artístico de espectáculos de reconocida trayectoria internacional, y la dirección musical de Julio Awad, pianista porteño ahora arreglista de diferentes artistas, espectáculos y comedias musicales.
Los cantantes y actores dominan su papel y saben trasmitir un enredado argumento que empieza en el París de 1919 escenificando una subasta celebrada en la Ópera Populaire donde Raoul, Vizconde de Chagny, ofrece una suma elevada de dinero por una extraña caja de música con la figura de un mono. Salto atrás o flash back de 38 años. Raoul es el mismo protagonista que en 1881 se enfrenta al fantasma de la ópera por su amor a Christine Daaé la joven soprano de la Ópera Garnier parisina. Raoul es Guillermo Pareja (Madrid, 1995), cantante y actor que sostiene un agitado peregrinar escénico. Christina Daaé, su amor, es Ana San Martín (Santiago de Compostela, 1991), dubitativa entre Raoul y el fantasma, versátil y con un timbre lirico-ligero que brilla en su primer tema Piensa en mí y resplandece en el emblemático dúo El fantasma de la ópera en la guarida subterránea con el fantasma. Daniel Diges (Alcala de Henares, 1981) es el fantasma, lleno de matices como actor y como cantante, siempre con su media máscara en la cara que le ayuda a trasmitir el dolor y la oscuridad del personaje. Un fantasma que quiere ser “la voz de tu interior” y que proclama “si no estás conmigo morirá la música que sale de la oscuridad”.
Junto al trio principal de cantantes un cántabro de Muriedas aporta una voz muy expresiva y divertida: el tenor Eduardo Santamaria. Su personaje es Monsieur Firmin, uno de los nuevos responsables de la Ópera de París, compartiendo esa tarea con Monsieur André, al que da vida Enrique del Portal. Una pareja con ratos entrañables dentro de una Ópera donde los problemas surgen a cada momento.

Llamaradas finales
Gustó y fue aplaudida, menos de lo debido por las horas en que terminó, unas horas en que hasta los fantasmas duermen, los de la Ópera y los de Palacio. Cosas de los retrasos. Un musical que sigue enganchando con sus canciones y una escenografía impactante.
Sugerencia final: En muchas obras de teatro y conciertos del Palacio de Festivales no se entrega una hoja informativa o publicitaria de lo que se va a ver y oír. En grandes eventos lo mismo: cero información para el espectador. Ni siquiera con precios medios de más de 60 euros, como es el caso de El fantasma de la Ópera, hay ese mínimo papel. Antes era normal en zarzuelas, óperas y galas líricas, un cartel anunciador del elenco del día. No lo hubo en un fin de semana con seis representaciones. Existen los cover, cantantes y actores que pueden hacer más de un personaje. ¿Actuó alguno en las seis funciones santanderinas?