“Hemos resistido 50 años y estamos dispuestos a resistir lo que haga falta”: La educación saharaui afronta el reto de sostener sus aulas tras 50 años de exilio:
Abba Abdulah Mueisa, miembro del Ministerio de Educación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), visita Cantabria esta semana para participar en las conferencias ‘Sáhara Occidental: 50 años construyendo país’, organizadas por Mundubat y Cantabria por el Sáhara dentro de la iniciativa ‘Rompiendo el silencio’.
Los encuentros tendrán lugar este miércoles 7 de octubre, a las 19:30 horas, en La Vorágine, en Santander, y el jueves 8, a las 19:00 horas, en el cine de la Casa de Cultura Doctor Velasco de Laredo. Las dos actividades son de entrada libre y gratuita hasta completar aforo y se enmarcan en el proyecto que Mundubat desarrolla en apoyo al ámbito educativo saharaui, con financiación de la Dirección General de Juventud, Cooperación al Desarrollo y Voluntariado del Gobierno de Cantabria.
La visita coincide con los 50 años transcurridos desde el inicio del exilio saharaui y sirve para abordar la construcción de las instituciones de la RASD, pero también la situación actual de los campamentos de población refugiada, donde la educación afronta problemas derivados de los recortes de la cooperación internacional, la falta de profesorado cualificado y las dificultades alimentarias.
En una entrevista con EL FARADIO en su espacio en el centro social SMOLNY, Mueisa explica que las reducciones de ayuda de los últimos años han afectado de manera importante al sistema educativo. Según los datos que maneja el Ministerio de Educación saharaui, los recortes rondan el 50 % en algunas áreas.
“Nosotros vivimos de las ayudas internacionales”, señala Mueisa, quien advierte de que uno de los principales problemas es mantener en las aulas a personal docente cualificado.
Según detallaba, el 98 % del profesorado son mujeres y alrededor del 30 % de esas personas son jóvenes que imparten clases sin contar con una titulación específica. Mueisa vincula esta situación a un proceso que comenzó en los años 90, cuando parte del profesorado formado abandonó la educación para trabajar en otros sectores que ofrecían mejores condiciones económicas.
“La incentivación actual es el problema más grave que afronta la educación”, asegura. Un maestro o una maestra recibe, según sus datos, alrededor de 30 euros mensuales, una cantidad que considera insuficiente para atraer y conservar personal cualificado.
Esta falta de docentes especializados está teniendo consecuencias sobre los resultados académicos y el abandono escolar. Para responder al problema, el Ministerio de Educación de la RASD ha creado centros de formación pedagógica en los que quienes ya están impartiendo clases sin titulación reciben contenidos de metodología, matemáticas, español y árabe.
Por otra parte, las autoridades saharauis han impulsado centros de formación profesional para tratar de recuperar para el sistema educativo a jóvenes que han abandonado los estudios. El problema no se limita al material necesario para impartir las enseñanzas.
Mueisa pone el foco en algo todavía más básico: la alimentación. Explica que un alumno puede entrar en uno de estos centros a las 08:00 horas y permanecer hasta las 14:00 sin recibir “ni un vaso de leche”, por lo que considera fundamental disponer de alguna ración de comida que contribuya también a incentivar la asistencia.
La misma relación entre alimentación y educación aparece en las etapas iniciales. Los círculos infantiles atienden a menores de entre tres y seis años y permiten prepararles para su posterior incorporación a la escuela. Además, sirven como apoyo a unas familias cuya cesta alimentaria, según Mueisa, se ha reducido también de forma considerable.
En este ámbito destaca el trabajo de la ong Mundubat, que mantiene programas alimentarios en los círculos infantiles y en centros de secundaria. La organización trabaja desde hace décadas junto a la población saharaui y la actual gira de Mueisa por Cantabria forma parte precisamente de sus proyectos de apoyo al sistema educativo.
En primaria, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) aporta materiales escolares, mientras que otros programas internacionales permiten distribuir alimentos durante la jornada.
Las dificultades se acentúan en secundaria. Aunque existen instalaciones para impartir los cursos, Mueisa explica que en los campamentos solo se ofrecen primero y segundo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). El alumnado de tercero y cuarto es enviado a Argelia por falta de profesorado cualificado, y allí se cursa también el bachillerato.
La salida de los campamentos para estudiar plantea además otro reto: conservar la identidad saharaui. Durante años el sistema educativo se ha apoyado en el programa argelino, pero las autoridades de la RASD han ido desarrollando materiales propios sobre lengua, matemáticas, geografía e historia.
El español continúa siendo además la segunda lengua que se enseña en los centros saharauis. Para Mueisa, introducir desde primaria contenidos vinculados a la historia, la cultura y las tradiciones propias permite reforzar ese vínculo antes de que parte del alumnado deba marcharse a estudiar a Argelia.
“Cuando se manda ese niño a Argelia, casi pierde el hilo que tiene con la tradición y la cultura del Sáhara”, apunta el representante del Gobierno saharaui.
La situación educativa forma parte del contexto que Mundubat y Cantabria por el Sáhara quieren trasladar a las dos conferencias de Santander y Laredo.
La iniciativa recuerda además que el Sáhara Occidental continúa incluido por Naciones Unidas entre los territorios no autónomos pendientes de descolonización: era una colonia española que fue ocupada por Marruecos hace medio siglo, condenando a la población a vivir o bajo la opresión de ese régimen sin libertades o en los campamentos de refugiados en el desierto de Argelia. Los procesos de colonización se dan por cabados cuando el territorio logra la independencia, y esto no ha sucedido aquí, cuando ha pasado de España a Marruecos.
Mueisa enmarca las dificultades actuales dentro de cinco décadas de permanencia en los campamentos. La precariedad económica ha provocado también que parte de la población adulta salga hacia España y otros países en busca de ingresos que permitan sostener a sus familias.
Pese a ello, asegura que la mayor parte de las familias continúa viviendo en los campamentos. “Hemos resistido 50 años y estamos dispuestos a resistir lo que haga falta”, reivindica.
Santander y Laredo acogen la conferencia ‘Sáhara Occidental: 50 años construyendo país’
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