Leonora Carrington y los vecinos de Hermanos Calderón: Allí abajo
Hay una frase de Leonora Carrington que resulta difícil de olvidar: después de pasar por el sanatorio de Peñacastillo, escribió que había experimentado algo parecido a estar muerta. Ochenta años después, a pocos kilómetros de allí, cerca de 80 familias viven otra forma de incertidumbre: no saben cuánto tiempo podrán seguir en sus casas.
En agosto de 1940, Carrington fue ingresada durante cuatro meses en el sanatorio de Peñacastillo, bajo la supervisión del doctor Luis Morales. Aquel periodo, que la artista evocaría en Down Below (Allá abajo), fue para ella una experiencia semejante a estar muerta. La exposición que Faro Santander le dedica, hasta el 31 de enero de 2027, recupera precisamente las imágenes del descenso y el ascenso.
La historia de Carrington no explica la crisis de la vivienda actual en nuestro país, ni el conflicto de unas familias puede reducirse a una metáfora artística. Pero la exposición invita a mirar de nuevo la relación entre una persona y el lugar que habita. En la ciudad de hoy, esa relación también está en disputa en la Porticada.
Nigredo: el descenso
El descenso de Carrington no fue una aventura elegida ni una fábula de liberación. Fue una crisis y un internamiento que ella describió como una experiencia de muerte. En su relato, el sanatorio de psiquiatría franquista no es un espacio de cuidado, sino una institución empeñada en corregir aquello que se salía de la norma.
La alquimia ofrece una forma de leer después aquella experiencia: descomposición, transformación, renacimiento. Pero hay algo que ninguna metáfora debería hacer desaparecer. Allí abajo había una mujer encerrada.
Porque las casas también tienen un abajo. No el de la alquimia, sino el de las llaves, los contratos y las llamadas. El de saber que alguien, en algún despacho, puede estar tomando una decisión que afectará a la habitación en la que duermes.
La casa como frontera
La promoción, con 107 viviendas de alquiler asequible, fue construida por la antigua Obra Social de La Caixa y posteriormente vendida a Mosaic Propco, un fondo de inversión. Con el cambio de propietario cambió también el horizonte: sus contratos no serían renovados al llegar a su vencimiento.
El pasado 24 de septiembre, la Cadena SER informó de que una de las inquilinas había presentado una denuncia por presuntas coacciones inmobiliarias contra IMASS, una empresa que se presenta como mediadora social. Según los residentes, sus representantes habrían contactado con ellos para ofrecerles dinero a cambio de abandonar sus viviendas.
Para quien posee un inmueble, una casa puede ser un activo. Tiene un precio, unos gastos, una rentabilidad. Para quien vive dentro, la misma casa contiene otras cosas mucho menos fáciles de poner en una hoja de cálculo: el colegio de los niños, el bar de la esquina, el vecino que tiene una copia de las llaves, la ruta al trabajo, las cajas en el trastero.
La rentabilidad se calcula con números. El desarraigo se paga con vidas. Porque una operación inmobiliaria no solo cambia la propiedad de un edificio: cambia quién puede decidir quién se queda y quién tiene que marcharse.
Albedo: lo que queda a la vista
Carrington salió de Santander. Su historia siguió con ella.
Los vecinos de Peñacastillo no están intentando salir de una experiencia surrealista. Están intentando no salir de sus casas.
Son historias distintas y sería absurdo fingir lo contrario.
Lo difícil es reconocer que, para quienes viven hoy en Peñacastillo, la historia todavía no ha terminado. No hay una pared que la cierre ni una placa que explique lo ocurrido. Hay llamadas, contratos, viviendas y familias intentando averiguar cuánto tiempo les queda en el lugar que creían suyo.
Lo que ocurre en Peñacastillo tampoco sucede en el vacío. En el segundo trimestre de 2026, el precio de la vivienda aumentó un 13,5 % en Cantabria, frente al 12,2 % nacional, según el INE. Pero las cifras, por sí solas, no cuentan lo que significa recibir una llamada en la que te dicen que tengas que abandonar la casa en la que vives.
Rubedo: permanecer
Es aquí donde las dos historias dejan de parecer tan lejanas.
Carrington convirtió aquella experiencia de Santander en una obra extraordinaria. Down Below sobrevivió al internamiento, a la guerra y al tiempo. Hoy podemos contemplarlo en la ciudad donde fue concebido, dentro de un nuevo centro cultural impulsado por la Fundación Banco Santander. El sufrimiento de aquella mujer ha encontrado, décadas después, un lugar en el patrimonio de la ciudad.
Y no hay nada que reprocharle a eso. Al contrario: que una experiencia tan terrible pueda transformarse en arte, conservarse y volver a ser mirada es precisamente una de las cosas que hace que el arte importe.
Las viviendas que fueron construidas como alquiler asequible por la antigua Obra Social de La Caixa acabaron en manos de CaixaBank y después de un fondo de inversión, Mosaic Propco. Ahora sus habitantes esperan saber qué ocurrirá con sus casas.
Dos historias pasan, de algún modo, por las mismas palabras: propiedad, poder, permanencia. Pero con una diferencia decisiva. Una ha tenido décadas para convertirse en cultura. La otra está ocurriendo ahora mismo, mientras sus protagonistas siguen haciendo llamadas, leyendo contratos y preguntándose dónde vivirán.
La exposición no tiene por qué resolver nada de esto. Tampoco Down Below necesita convertirse en una alegoría sobre la vivienda. Carrington merece algo mejor que ser utilizada como metáfora.
Pero su historia puede recordarnos algo que resulta fácil olvidar cuando una ciudad convierte el pasado en patrimonio: detrás de cada edificio hay personas. Y detrás de cada decisión sobre una vivienda, también.
Esa es la diferencia esencial entre ambas historias. Una pertenece ya a la memoria y al patrimonio de una ciudad. La otra sigue sucediendo, sin distancia histórica y sin la protección que da el tiempo. Mientras las obras de Carrington regresan a Santander para ser contempladas, cerca de 80 familias esperan saber si podrán seguir viviendo en sus casas.
Unas tienen un lugar asegurado en la historia. Las otras todavía están luchando por conservar la suya
Yo solo espero que, cuando terminemos de convertir el sufrimiento de ayer en patrimonio, alguien se acuerde de que el de hoy todavía paga alquiler.
Referencias
Faro Santander. El surrealismo sintomático. Leonora Carrington.
https://www.farosantander.com/es/inicio/explora-y-participa/exposiciones/el-surrealismo-sintomatico-leonora-carrington
Cadena SER Cantabria. La SER accede a los audios de WhatsApp que una empresa de desocupación envía a los inquilinos de Hermanos Calderón en Santander para que abandonen sus casas. 24 de septiembre de 2026.
https://cadenaser.com/cantabria/2026/09/24/la-ser-accede-a-los-audios-de-whatsapp-que-una-empresa-de-desocupacion-envia-a-los-inquilinos-de-hermanos-calderon-en-santander-para-que-abandonen-sus-casas-radio-santander/
Fundación Banco Santander. Faro Santander saca a la luz una obra inédita de Leonora Carrington. 2026.
https://www.fundacionbancosantander.com/es/prensa/2026/faro-santander-saca-a-la-luz-una-obra-inedita-de-leonora-carring
El Faradio. Primera noche de acampada por la vivienda en Santander: “Queremos independizarnos sin dejarnos el sueldo y parte del de nuestros padres”. 29 de septiembre de 2026.
https://www.elfaradio.com/2026/09/29/primera-noche-de-acampada-por-la-vivienda-en-santander-queremos-independizarnos-sin-dejarnos-el-sueldo-y-parte-del-de-nuestros-padres/
Público. Torturas, psiquiatría franquista y la clínica de Santander: la historia de la artista Leonora Carrington.
https://www.publico.es/politica/torturas-psiquiatria-franquista-clinica-santander-historia-artista-leonora-carrington.html
Instituto Nacional de Estadística (INE). Índice de Precios de Vivienda (IPV). Segundo trimestre de 2026.
https://www.ine.es/dyngs/Prensa/IPV2T26.htm