LA ENERGÍA DEL CAMBIO

«Cuando reciclamos un material, los compuestos tóxicos no desaparecen por arte de magia»

La energía del cambio, la sección de entrevistas en colaboración con Solabria, cooperativa comercializadora de energías renovables en Cantabria, aborda con Ethel Eljarrat y José Antonio Sánchez Raba la presencia de sustancias potencialmente tóxicas en los pavimentos de caucho de los parques infantiles y la campaña 'Parques con Salud', que reclama alternativas más seguras para la infancia
Tiempo de lectura: 7 min

Los parques infantiles se diseñaron para que niñas y niños pudieran jugar con mayor seguridad, con superficies blandas que amortiguasen las caídas y facilitasen el acceso. Sin embargo, los pavimentos de caucho, especialmente los fabricados con neumáticos reciclados, también pueden contener sustancias químicas potencialmente tóxicas.

La campaña ‘Parques con Salud’, impulsada desde Cantabria por Ecologistas en Acción, quiere situar esta cuestión en el debate público y reclamar que se sustituyan estos materiales por alternativas que protejan la salud y el medio ambiente.

La iniciativa se presenta con el apoyo de la comunidad científica y de organizaciones de familias como la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) y la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y padres de Alumnos (CONCAPA). También busca incorporar a los sindicatos, al considerar que la exposición afecta no solo a los niños y niñas, sino también a las personas que trabajan diariamente en centros educativos.

José Antonio Sánchez Raba, integrante de Ecologistas en Acción y exdirector del Colegio Cisneros, explica que la campaña tiene alcance estatal, aunque se ha gestado en Cantabria. Por su parte, Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aporta la perspectiva científica sobre la presencia de estos compuestos y las posibles vías de exposición.

Eljarrat explica que los pavimentos de los parques pueden fabricarse con caucho sintético o con caucho procedente del reciclaje de neumáticos. En un estudio realizado hace varios años junto con el Ayuntamiento de Barcelona, su equipo analizó muestras de ambos materiales para identificar diferentes familias de compuestos químicos. Entre las sustancias detectadas figuran los ftalatos, utilizados como plastificantes, y los compuestos organofosforados, que pueden emplearse como plastificantes y retardantes de llama.

La investigadora señala que también existen estudios que han identificado otros compuestos, como las parafinas cloradas. Además, advierte de que las resinas utilizadas para fijar los pavimentos pueden contener sustancias de estas familias y de que determinados pigmentos incorporan metales pesados.

El estudio encontró los compuestos analizados en todas las muestras examinadas, con concentraciones notablemente superiores en el caucho reciclado respecto al sintético. Según detalla Eljarrat, las diferencias dependían de la sustancia estudiada y podían oscilar entre diez y 10.000 veces. «Cuando reciclamos un material, los compuestos tóxicos que tiene ese material no desaparecen por arte de magia, sino que se quedan en el material reciclado», señala la investigadora.

El proceso de recuperación de los neumáticos, por tanto, no elimina necesariamente las sustancias que contenían. La presencia de estos compuestos no permite establecer por sí sola cuál es la cantidad que acaba incorporándose al organismo de los menores que utilizan los parques. Precisamente, el grupo de investigación trabaja actualmente en evaluar la exposición real a través de los materiales instalados.

Ingestión, inhalación y contacto con la piel

Eljarrat identifica tres vías principales por las que los niños y niñas pueden entrar en contacto con estas sustancias. La primera es la ingestión accidental de pequeñas partículas desprendidas del pavimento, que pueden llevarse a la boca mientras juegan. La segunda es la inhalación de partículas muy pequeñas que vuelven a quedar suspendidas en el aire. La tercera es el contacto dérmico, especialmente cuando los menores juegan directamente sobre el suelo y llevan brazos y piernas descubiertos.

Los materiales se deterioran con el uso y con las condiciones meteorológicas, como la lluvia, el sol y el viento. La investigadora añade que las temperaturas elevadas pueden favorecer la liberación de determinados compuestos, lo que convierte el calor en otro factor que debe tenerse en cuenta al evaluar la exposición. «Si durante la hora o dos horas que ese niño va a estar en el parque podemos evitarle esa exposición, pues ya vamos a conseguir que su exposición diaria a esos compuestos haya disminuido», explica.

La científica recuerda que estas sustancias están presentes en distintos ámbitos de la vida cotidiana, desde los hogares y los medios de transporte hasta los alimentos y las bebidas. Por ello, defiende identificar las fuentes de contaminación y reducir la exposición siempre que sea posible. También insiste en que los materiales alternativos deben estudiarse antes de extender su uso: que una superficie sea de madera o esté etiquetada como biosintética no garantiza por sí mismo que esté libre de aditivos potencialmente tóxicos.

La campaña reclama alternativas y compromisos públicos

Sánchez Raba defiende que existen otras opciones para acondicionar los espacios infantiles, como la arena, la hierba o determinadas superficies de madera. La campaña recoge ejemplos de parques de distintos países y plantea que la seguridad de las instalaciones debe compatibilizarse con la protección de la salud.

El representante de Ecologistas en Acción también amplía el problema más allá de las zonas de juego. Advierte de la presencia de caucho en patios escolares, campos de deporte de hierba artificial y otros espacios de uso cotidiano. En el caso de los centros educativos, subraya que la exposición puede repetirse durante numerosos días del curso, tanto para el alumnado como para el personal docente.

En Cantabria, la campaña señala el compromiso del Ayuntamiento de Puente Viesgo para eliminar los parques de caucho de su municipio. Sánchez Raba reclama, además, que las administraciones educativas y locales actúen para sustituir los pavimentos, empezando por los espacios más utilizados y aquellos que presentan un mayor deterioro.

El activista también apunta al impacto ambiental de estos materiales: cuando llueve, el agua puede arrastrar sustancias presentes en los pavimentos hacia el suelo y los cursos fluviales. Por eso, la retirada de los parques debe acompañarse de una gestión adecuada de los residuos y de una evaluación previa de los materiales que se instalen en su lugar.

Uno de los motivos para lanzar la campaña es el calendario europeo de retirada de estos materiales, que, según se explica en la entrevista, contempla un periodo transitorio hasta 2031. Para Sánchez Raba, ese margen prolonga una situación que debería abordarse con mayor rapidez.

Eljarrat distingue entre la presencia de sustancias potencialmente tóxicas y la evaluación de sus efectos en condiciones concretas de exposición. La investigadora explica que algunos de estos compuestos pueden generar efectos crónicos que no se manifiestan inmediatamente, por lo que resulta difícil establecer una relación directa entre una exposición puntual y un problema de salud.

La científica recuerda que la lentitud normativa también se observa en otros ámbitos. Como ejemplo, menciona los estudios de su equipo sobre sustancias presentes en alimentos y envases, y señala que la aprobación de medidas legislativas no siempre se traduce en una aplicación inmediata.

La campaña ‘Parques con Salud’ busca, en este contexto, movilizar a familias, profesionales y administraciones para que la retirada de los pavimentos no se limite a cumplir los plazos previstos. Sus impulsores reclaman que las decisiones se basen en la evidencia científica, que se evalúe la seguridad de las alternativas y que tanto la salud infantil como el impacto ambiental se incorporen a la planificación de los espacios públicos.

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