Memoria de una Generación (casi) olvidada

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La Generación del 14 ni siquiera se estudiaba en la escuela. Se quedó encajonada entre la del 98 y la del 27, medio aburrida y un poco triste, como un día laborable en medio de un puente. Eran gente que tiraba hacia el racionalismo, la filosofía, el clasicismo y la forma, dejando la Literatura un poco aparcada, que alcanzaron la plenitud en una época que fue casi feliz, durante los años previos a la I Guerra Mundial y después, cuando España era un lugar que se recuperaba de los desastres abrazado a su neutralidad.

Ortega y GassetEran unos cuantos intelectuales elitistas que no querían saber nada del Romanticismo ni de las cosas del buen pueblo. Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Salvador de Madariaga, Eugenio D’Ors, Manuel Azaña, Zenobia Camprubí, Clara Campoamor: se juntaban en los cafés y se retrataban en blanco y negro, a veces sonreían, conscientes de cierta superioridad, de que estaban llamados a cambiar el país, seguros de sí mismos, sin saber que la Guerra que no les tocaba daría paso a un mundo nuevo que se los llevaría por delante.

Eran brillantes, a su modo, sabían de lo suyo y abogaban por la ciencia como paradigma de la modernidad y el desarrollo, de camino hacia una sociedad nueva donde el pensamiento y la creación fueran la norma. Ese esfuerzo colectivo quedó plasmado en importantes avances en el campo de la filosofía, la medicina, las matemáticas, la química, la historia, la música y las artes.

Todo eso y algunas cosas más, como el relevante papel que jugaron las mujeres en esta generación, lo recoge una exposición que puede verse en el Palacio de la Magdalena durante los meses de julio y agosto, de lunes a jueves entre las 18.00 y las 20.00 horas.

La exposición, organizada en colaboración con la Bilblioteca Nacional de España, aprovecha el centenario de la generación para acercar la memoria de unos intelectuales que casi no aparecen en los libros de texto de los colegios y que se enfrentaron, de alguna manera, a un puñado de problemas que no se diferencian demasiado de los que a nosotros nos amenazan.

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