Asma: «Hemos decidido convivir con el fantasma en casa y nos hemos aferrado a las situaciones a las que nos ha ido llevando»
Nos encontramos con Asma, tras la inminente salida de su nuevo trabajo Fantasma (Repetidor, 2025), su quinta referencia en lo que ya podemos considerar una trayectoria consolidada en el circuito underground estatal. Charlamos sobre espacios liminales, apariciones, ruido, comunidad… Esto no es Cuarto Milenio, prometido.
Antes que nada, enhorabuena por Fantasma. Quinta referencia. Quizá lo que más me llame la atención de vuestros discos es que parecen habitar lugares o crear territorios en los que quedarse a vivir hasta el siguiente lanzamiento. Por situar, ¿cuál es el lugar que habita Fantasma? ¿Qué territorio dibuja esta última referencia?
Juan: Pues curiosamente yo diría que es un no lugar, es un espacio liminal, como lo llaman ahora. Un lugar un tanto inquietante.
Almu: Yo pensaba decir el lugar de la duda, porque ha sido un disco en que realmente, por los cambios de formación, por el tiempo que ha pasado, han surgido muchas dudas y también ha sido un intento de resolverlas lo mejor posible con los medios que teníamos. Al final viene de tan lejos… Todo esto arranca con la salida de Lobo (antiguo guitarrista de la banda) dejando la formación en tres personas, entonces ahí ya hay una pérdida. Poco antes de empezar la grabación se va Litos (antiguo bajista), lo que ya es otra pérdida, entonces realmente nos ha rondado siempre la duda de cómo lo hacemos ahora para seguir expresándonos sin que sea radicalmente distinto, manteniendo esa emoción, aplicando nuevos recursos. Ha sido un poco lucha por lo que comentamos de las ausencias. De ahí el título, claro.
En resumen, que nos dejáis en la calle, en el limbo (risas)
Juan y Almu: Exactamente (risas)
Precisamente de ese limbo vamos a hablar. A lo largo de vuestro recorrido, el uso de los silencios, las pausas, lo que se dice y lo que no, suponen un elemento comunicativo importante a lo largo de vuestra discografía y definen un poco la voz de Asma ¿cómo se da forma a algo que aparentemente parece no estar? ¿Cuál es la fórmula o el proceso para materializar esas emociones? ¿Cómo se da forma a un fantasma?
Juan: Es algo que te encuentras, al fantasma te lo encuentras más que crearlo. El proceso creativo siempre se sitúa en el límite entre lo que existe y lo que no existe, entonces tratas de poner un pie en lo que ya habías hecho, pero siempre quieres hacer algo nuevo. Los cambios de formación nos han facilitado cambiar de piel un poco, todos esos cambios han apuntado a diferentes direcciones y la llegada de Emilio también nos planteó unas posibilidades nuevas respecto a su manera de tocar y enfocar la música. De ahí surgen una serie de cosas que empiezan a tomar forma y un día surge esta posibilidad de llamarlo Fantasma. Aparece y se dibuja donde antes no había nada. Así que creo que no ha sido algo que hayamos buscado, si no que nos hemos encontrado.
Almu: Yo pienso que es algo que ha llegado, con lo que nos hemos encontrado y con lo que hemos sido capaces de habitar. De hecho es un disco que, a nivel personal, me ha planteado incomodidades y retos, pero me he agarrado a ellos. Hemos decidido convivir con el fantasma en casa y nos hemos aferrado a las situaciones a las que nos ha ido llevando.
Quiero pensar que las referencias van más allá de lo estrictamente musical, al tratarse de un ámbito emocional abstracto y conociendo la sensibilidad por lo experimental de la banda quería preguntaros si existe una imagen, un olor, textura o algún lugar (ya sea físico o mental) que haya sido importante o que se os haya venido a la cabeza a la hora de poneros a componer/grabar el disco?
Juan: A eso probablemente te pueda responder mejor Almudena, yo en realidad soy bastante sonoro. La prioridad para mí siempre es sonora, la influencia siempre han sido bandas, sonidos y texturas de pedales, settings del amplificador o sensaciones que nos provocan las propias canciones durante los ensayos. En ese sentido yo creo que lo complementa muy bien Almu porque es una persona mucho más abierta y visual, al ser diseñadora.
Almu: Yo la verdad que mientras hacías la pregunta, me ha venido a la cabeza un concierto en el que estuvimos de A Place to Bury Strangers. La verdad es que últimamente nos cuesta encontrar conciertos que nos emocionen, quizá no nos estemos sabiendo mover lo suficiente, porque hay gente haciendo cosas bestiales, pero para mí es el único concierto en el que me he sentido absolutamente viva y envuelta por una emoción muy potente. El show que llevan de luces y la atmósfera que consiguen crear, que no sabes muy bien dónde estás, pero de la que no consigues escapar, para mí es algo que me ha rondado durante la grabación y algunas decisiones que he tomado en algunos de los temas.
Juan: Es verdad que la ausencia más importante de ese concierto, es que prácticamente no tocaron canciones, tocaron dos o tres temas. De repente dieron a un botón y estalló todo en mil pedazos. De repente todo se convirtió en un vacío de luz y sonido que a mí personalmente me pareció brutal. La idea de que ellos escriben canciones para los discos, pero luego vas a verles y es radicalmente diferente. Ahí también había una ausencia y una desaparición de la canción y la composición que me parece muy emocionante.
Es curioso, A Place to Bury Strangers, Fantasma, todo muy festivo (risas)
Antes hemos hablado de incomodidades, de tensiones y es verdad que existe en vuestras composiciones una tensión enorme, latente también en este último disco, como una goma elástica a punto de romperse en cualquier momento. ¿Qué tensiones internas atravesaron el proceso creativo? Entre control y libertad, claridad y neblina, lucidez y oscuridad…
Juan: Al final, son límites humanos. En ese sentido, una vez más, trabajar con Emilio ha traído nuevas “reglas” que hacen más divertido el cambio. Él por ejemplo necesitaba una estructura más prefijada.
Almu: Sí, unas decisiones ya tomadas, nosotros somos más abiertos en ese sentido, nos movemos más por el feeling, pero en todo momento, obviamente, hemos respetado siempre sus necesidades, nos gusta que la banda entre a estudio lo más cómoda posible y si para él era importante esa forma de trabajar pues lo apoyamos.
Juan: Se genera esa tensión entre los Asma de antes y los de después. Todo eso se soluciona a base de probar muchas cosas y de saber dónde puedes jugar a expandir y dónde tienes que contraer. Trabajamos temas incluso hasta dos semanas antes de entrar a grabar, donde apareció uno de los temas que está incluido en el disco. De hecho aparecieron dos, pero uno se quedó fuera, cuando ya dijimos buf, mejor no meter más (risas). Pero a mí esa es una fase del proceso creativo que me gusta mucho, lo de sobrecargar un poco de ideas porque nunca sabes cuales se quedan y cuales se van.
También el disco tiene un recorrido porque tiene canciones muy antiguas, algunas más recientes y en ese juego algunas se han quedado más verdes, algunas más cristalizadas y eso creo que le da un punto interesante.
Almu: Sí es verdad que hemos improvisado menos de lo que solemos improvisar en otros discos.
Hablemos de la edición, un 12” que pasa a formar parte de la familia del sello Repetidor. Hablemos un poco de cómo surge esto. ¿Qué afinidades encontrasteis que sentísteis que encajaban con vuestra filosofía, que hasta ahora había sido predominantemente DIY? ¿Qué os llevó a buscar el amparo de una disquera?
Juan: Repetidor nos acogió con mucha alegría cuando contactamos, nosotros éramos muy fans del sello y además cuando descubrimos que realmente es una asociación de músicos y que hay una comunidad, nos gustó mucho más.
Almu: Realmente sigue siendo muy DIY, nos ayudan mucho, pero también lo interesante es que no es una discográfica al uso, sino que es un proyecto en el que tienes voto y opinión sobre tu música y eres muy libre. En ese sentido, lo más bonito de Repetidor es el apoyo que brindan y el carácter comunitario. Llegó en un momento en el que, personalmente, me sentía un poco aislada musicalmente porque me parece que la escena en Santander ha cambiado un poco y ya no tengo la sensación que tenía antes de colegueo, de que estamos todas las bandas juntas. Llega un momento en que ya tienes un recorrido, la ilusión del principio, sobretodo para la gente que te rodea, ha pasado un poco y entonces en esa búsqueda de hacer fuerza para continuar, de sentirte rodeado de gente que piensa como tú, que lo que le mola es lo mismo que a ti pues es muy bonito.
Juan: De hecho en el momento en el que entras en el sello, muchas bandas del propio sello te escriben, diciendo que les gusta el disco y empiezas a notar que estás metido en una gran familia en la que vas a poder intercambiar conciertos, en la que existe una red de apoyo. Ha sido un paso súper lógico y natural.
En un panorama musical saturado por plataformas y algoritmos, editar con un sello como Repetidor implica una forma particular de habitar la circulación: más lenta, más selectiva, más artesanal. ¿Qué significa para vosotros esa velocidad distinta?
Almu: Es precisamente lo que hablamos, es un paso absolutamente natural, muy compatible. En nuestro caso no existe la situación de que te coja un sello y quiere que des veinte conciertos en tres meses porque sería incompatible con nuestra vida.
Hemos compartido escenario en alguna ocasión, compartimos pared con pared nuestros ensayos. Me gustaría conocer vuestra opinión acerca de la situación respecto a espacios para el desarrollo de propuestas musicales, tanto salas de ensayo como de conciertos cada vez es más precaria. Desde vuestra perspectiva ¿es el futuro tan negro como se pinta?
Juan: Buena pregunta, ¿seremos fantasmitas en el futuro? (Risas)
Almu: Yo creo que el panorama no es especialmente bueno, ni especialmente malo, quizá no está en su mejor momento, pero si tú quieres y tienes ganas sigues haciendo música sin ningún problema. Tampoco hay que ponerse súper cenizo, sobre todo en cuanto a la parte de tener la capacidad de hacer música para ti, de ir al local, de ensayar, de mantener una banda en un perfil muy bajito. Sí que es verdad que ahora mismo la ciudad da muy pocas posibilidades de organizar un concierto, algo tan sencillo como eso es muy complicado porque hay muy pocas salas, los alquileres son muy caros o las salas que te lo ponen más fácil en ese sentido, están saturadas. Por esa parte sí que me parece que estamos en un peor momento respecto a hace unos años, que había un poco más de facilidad para organizar esto, pero bueno no lo veo negrísimo, lo veo gris (risas).
Juan: Yo tengo esperanza, la verdad, porque veo que, igual aquí menos, pero sí que está volviendo la música de bandas. Por lo menos en el territorio anglosajón sí que está la gente joven haciendo cosas. Entonces creo que hemos pasado por una fase, que no voy a juzgar si es buena o mala, en la que era todo más individualista y cargado del ego del cantante de turno, que les hay buenísimos, yo eso no lo juzgo, pero que de alguna manera volvemos a necesitar ese ratito de ver a cuatro o cinco personas que tocan juntas y que intercambian sensaciones, que tienen una complicidad que es lo que a mí desde el principio me interesó de la música, la relación que hay entre los músicos que suben a un escenario. Me parece lo más bonito. Me da la sensación de que quizá va a volver, es una esperanza que tengo a futuro, desde una perspectiva muy global. Aquí en Santander, tardará en llegar, como todo, para cuando llegue se habrá pasado en todo el mundo y estará otra vez vendiéndose el solismo (risas).