Jazz en Santander con un septeto que son “algo más” (Something Else!). Lo fueron: vendaval de vientos con el saxo alto Vincent Herring dirigiendo

Something Else! (Septeto de Jazz) – Sala Pereda – 14 noviembre – 19:30 horas
Dentro de unos días -el 19 de este mes- Vincent Harring cumplirá 61 años tocando en Berlín, tras pasar por Italia, Portugal y… Santander. Uno de los grandes saxos alto (altoistas les dicen) existentes actualmente que empezó con artistas como Lionel Hampton o Nat Adderley y que ahora ejerce su magisterio en Manhattan. De Nueva York a Santander viajó con un grupo que dice llamarse “Something Else!”, puede que en homenaje a otro Aderley (Cannonball, saxo alto que tituló así un disco en 1958) o simplemente porque son gente que ofrece “algo más”, buena música.
Su presencia en la llena sala Pereda del Palacio de Festivales empezó como mandan los cánones jazzísticos, presentando al grupo: a las trompetas Freddie Hendrix, al saxo tenor Wayne Escoffery, a la guitarra Paul Bollenback, al piano Dave Kikoski, al bajo eléctrico Essiet Essiet y a la batería Joris Dudli. Se excusó no poder hablar español porque no puede conocer todos los idiomas de los sitios en que toca (Japón, Corea, China, Ciudad Real…); a partir de ahora aparecerá Santander como lugar donde hablan raro.
Y en el idioma de John Coltrane, Thelonius Monk, Miles Davis o el actual alcalde de Nueva York empezó a explicar cada tema de la noche. Fueron 7+1 (el uno la propina) con Naima de Coltrane como calentamiento local y ajustes de sonido. Cada tema se alargaba en solos en los que cada artista mostraba su sentido del ritmo y del soul. Fue un recorrido por estándares clásicos donde despuntó la manera de acariciar las notas de Herring en una de las más bellas canciones de amor existentes: My one and only love, hecha inmortal por Hartman & Coltrane e interpretada ahora con un fraseo lleno de matices y una expresividad muy personal. Lo mejor de la noche, junto a la conjunción de dos saxos y una trompeta en los arreglos grupales de los vientos donde primero parecían negociar lo que iban a hacer para luego crear un vendaval sonoro: impresionante trío. Felices todos, la propina fue la canción de Roy Hardgrove Strasbourg / St. Denis (2008) donde, por fin, el bajo se puso a tocar el contrabajo, como en sus tiempos con Art Blakey y sus Jazz Messengers.
Un concierto que recorrió décadas de jazz (y siglos) de bellas canciones tocadas por músicos con oficio y dominio de la escena. Necesaria y vital música. Ahora solo les queda a sus viajeros intérpretes hablar idiomas que no sean musicales.