Esther López Sobrado recupera del olvido la inmensa obra que Santiago Ontañón creó con el colectivo Noctambulandia
Cuando Madrid fue tomada por las tropas sublevadas, 17 hombres encontraron refugio en la embajada de Chile. Un estrecho asilo que debía durar poco y que se extendió durante 18 interminables meses. Ocho de ellos eran artistas y tardaron poco en dedicar las noches a crear, a combatir la oscuridad que se extendía fuera como una mancha de aceite con la luz de un periódico —El cometa— y de una hermosa revista —Luna—.
El portadista, ilustrador y autor de un buen ramillete de textos en Luna fue Santiago Ontañón, el escenógrafo y creador cántabro cuya inmensa huella fue ocultada por el franquismo, primero, y por la amnésica transición, después.
Este sábado 22 de noviembre, a las 19:30h., cuando se cumplen 122 años del natalicio del santanderino, la historiadora del Arte Esther López Sobrado recupera del olvido el trabajo que Ontañón realizó con ese colectivo formado a la fuerza, y autodenominado “Noctambulandia”, en un hermoso libro que se convierte, también, en un recorrido por la vida y obra del artista.
La presentación del libro “Noctambulandia. Compás de espera en 30 Lunas” tendrá lugar en la librería La Vorágine, que también ha editado el volumen, e incluirá la lectura dramatizada a cargo de Gema Pérez y Pedro María Díaz Pedrosa, y las animaciones de Laura Ibáñez López, portadista del libro.
“Luna fue una ventana abierta a la esperanza, sin la que la posibilidad de resistir hubiera sido mucho más difícil”, explica López Sobrado, historiadora que ha recuperado las historias personales y artísticas de artistas cántabros tan destacados —y desconocido— como Rufino Ceballos, Ricardo Bernardo, Luis Quintanilla Isasi o el propio Ontañón. De los 30 ejemplares editados de Luna sólo se conserva una copia en la biblioteca de la Universidad Central de Chile y de La cometa no queda vestigio porque los autores la quemaron por miedo a las consecuencias que podía tener para ellos o para quienes los habían cogido generosamente.
Santiago Ontañón, ya muy conocido en 1939 por haber sido escenógrafo de Federico García Lorca en La Barraca o de María Teresa León, trabajó en el exilio con Margarita Xirgú y colaboró con Rafael Alberti o el bailarín Antonio, fue actor de cine y fértil escritor. Sin embargo, murió en Madrid en 1989 siendo un desconocido para el público y sólo unos meses después de haber publicado sus memorias: ‘Unos pocos amigos verdaderos’.
SANTIAGO ONTAÑÓN
Santiago Ontañón nació en Santander en el año 1903. Su familia se trasladó a Madrid durante su infancia. Desde muy joven mostró inclinación por el arte, frecuentando las tertulias madrileñas de los años veinte y relacionándose con figuras como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Luis Buñuel, lo que situó su formación en un ambiente cultural activo y vanguardista.

Santiago Ontañón con Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente
(Foto: margaritaxirgu.es)
Durante su estancia en París, hacia 1923, trabajó como ilustrador y realizó su primera escenografía para un ballet del bailarín ruso Boris Kniaseff en el teatro Gaité Lyrique. De regreso a España en 1927, dio sus primeros pasos como escenógrafo profesional para zarzuelas como Las golondrinas y La revoltosa.
Durante la Segunda República, Ontañón destacó en el mundo del teatro y de la ilustración. Colaboró con la compañía La Barraca de Federico García Lorca –que tenía como secretario a Rafael Rodríguez Rapún, enterrado en Ciriego–, diseñando decorados y figurines para piezas como Bodas de sangre (1933). También desarrolló publicaciones gráficas, ilustraciones y trabajos de escenografía que le consolidaron en su ámbito profesional.
Durante la Guerra de España colaboró con la causa republicana, sobre todo a través del teatro itinerante dirigido por María Teresa León. Al terminar la guerra, y tras 18 meses asilado en la embajada de Chile en Madrid, abandonó España y se exilió en Chile, Uruguay, Perú, Argentina y otros países. En Chile fundó junto a Margarita Xirgu una escuela de teatro.
Tras su retorno a España, Ontañón mantuvo una activa labor artística. Participó como actor en numerosas películas – entre ellas El verdugo (1963) de Luis García Berlanga – y diseñó cerca de cien escenografías en su trayectoria. Su legado se extiende al ámbito del cine, del teatro, del diseño escénico y de la ilustración. Falleció en Madrid a los 85 años de edad. Le dio tiempo a contar su vida y las personas a las que conoció en su biografía, ‘Unos pocos amigos verdaeros’.
ESTHER LÓPEZ SOBRADO
Esther López Sobrado nació en Burgos. Doctora en Historia del Arte, desde 1987 reside en la comarca de Las Merindades. Ha compaginado siempre su labor docente con la investigación de artistas cántabros, sobre los que versó su tesis doctoral y sobre los que ha publicado diversos libros, destacando su trabajo de recuperación de las figuras de Luis Quintanilla, Ricardo Bernardo, Rufino Ceballos o Santiago Ontañón.
Entre sus libros destacan: Ricardo Bernardo. Evocación de una vida truncada por el exilio (2025), Las pasiones de Santiago Ontañón (2022), Ricardo Bernardo, pintor (1987), Rufino Ceballos, vida y obra de un pintor (1997).