‘Semillas de Kivu’, Goya al mejor corto documental, se proyecta en Santander con un coloquio con la activista Quinndy Akeju
El cortometraje documental ‘Semillas de Kivu’, galardonado con el Premio Goya 2025 al mejor cortometraje documental, se proyectará el jueves 27 de noviembre a las 20:00 horas en la Filmoteca de Cantabria Mario Camus. La entrada es libre hasta completar aforo. Tras la proyección, se celebrará un coloquio con la activista afrodescendiente Quinndy Akeju, centrado en la violencia sexual en contextos de conflicto y en la reparación de las mujeres supervivientes.
La actividad está organizada por la Coordinadora Cántabra de ONG para el Desarrollo (ONGD) –que agrupa a entidades relacionadas con la cooperación y sensibilización– y la Comisión 8 de Marzo –en la que se integran distintas asociaciones feministas de Cantabria–, con financiación de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad del Gobierno de Cantabria.
Dirigido por Carlos Valle y Néstor López, ‘Semillas de Kivu’ documenta la vida de mujeres que han sido víctimas de violación sistemática en la región de Kivu, al este de la República Democrática del Congo, una zona marcada por la explotación de recursos naturales y la guerra. A lo largo de sus 29 minutos, el corto ofrece un retrato íntimo de la labor del Hospital de Panzi, fundado por el ginecólogo congoleño Denis Mukwege, premio Nobel de la Paz, donde miles de mujeres han sido atendidas tras sufrir violencia sexual ejercida como arma de guerra.
Valle y el también codirector de la obra Néstor López filman la cruda realidad que destapó el fundador y ginecólogo del hospital Panzi, Denis Mukwege, tras atender a mujeres que acudían al paritorio con signos de violencia y genitales mutilados. Las similitudes entre todas ellas destaparon las violaciones que sufrían a manos de los guerrilleros encargados de las explotaciones mineras en la zona.
Las víctimas del conflicto se enfrentan al dilema de aceptar a los bebés fruto de estos encuentros no consentidos. El trabajo de Mukwege, premio Nobel de la Paz en 2018, ha convertido el hospital de Panzi en un refugio social, psicológico y sanitario para miles de mujeres que han necesitado sanar heridas tanto visibles como invisibles.
A través de sus testimonios, la obra pone el foco en la sanación colectiva, la reconstrucción de la dignidad y las semillas —en forma de proyectos de vida— que mujeres congoleñas están plantando pese a la devastación. El documental ha sido reconocido por su enfoque humano y político, y ha sido premiado en más de una decena de festivales. Entre ellos destaca el Premio Amnistía Internacional en Abycine 2021 por su defensa de los derechos humanos, el Mejor Cortometraje Contra la Violencia de Género de la Diputación de Jaén, el Premio a Mejor Cortometraje del Festival de Derechos Humanos de Nápoles y una Mención Especial a Mejor Guion en el Ibizacinefest. Además, su impacto social ha conseguido que Semillas de Kivu se presente ante el Parlamento Europeo.
Tras la proyección, el coloquio contará con la participación de Quinndy Akeju, activista afrofeminista nacida en Zaragoza en el año 2000, de familia nigeriana. Akeju, que reside en el País Vasco y trabaja como enfermera en el sistema público de salud (Osakidetza), es una de las voces destacadas del afrofeminismo en el Estado. Desde su adolescencia ha denunciado las violencias racistas e institucionales que afectan a las personas negras en España, especialmente a las mujeres, y ha abordado temas como el racismo sanitario, la hipersexualización y la exclusión histórica de los cuerpos racializados.
Co-fundadora de Afrocolectiva, ha intervenido en espacios como el Parlamento Europeo, el Congreso Afrofeminista estatal o el Foro Social Mundial. Compagina su trabajo asistencial con la divulgación, el arte y la danza como herramientas de empoderamiento y visibilidad. En varias entrevistas ha relatado su experiencia personal de racismo estructural, acoso escolar y marginación durante su infancia en España, lo que la llevó a implicarse en movimientos sociales desde los 14 años.
Su mensaje es claro: «No basta con no ser racista, hay que ser antirracista». Defiende que los feminismos no pueden ignorar las desigualdades estructurales que afectan a mujeres negras, migrantes o pobres, y reclama una memoria que reconozca las violencias coloniales que aún hoy perduran.
La cita se enmarca en los actos organizados en torno al 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, con el objetivo de visibilizar las múltiples formas de violencia que sufren las mujeres en el mundo, especialmente en contextos de guerra o posguerra. Según Naciones Unidas, más de 200.000 mujeres han sido víctimas de violencia sexual en la región del Kivu en las últimas décadas, en un contexto de impunidad generalizada y ausencia de justicia.
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