Pasaje Seguro Cantabria y Las Calles contra el Fascismo convocan este sábado una manifestación en Santander contra el racismo y los discursos de odio
Los colectivos Pasaje Seguro Cantabria y Las Calles contra el Fascismo han convocado una manifestación en Santander bajo el lema “El odio no tiene cabida en Cantabria”, como respuesta al aumento de los discursos racistas y de señalamiento contra personas vulnerables, que se han recrudecido a raíz de la llegada de menores extranjeros no acompañados a Cartes y la alarma social que desató con sus mensajes la alcaldesa Lorena Cueto, adscrita a las filas del PSOE.
La movilización tendrá lugar el sábado 14 de febrero, a las 12.00 horas, con salida desde la Delegación del Gobierno en Cantabria –las sedes , y pretende visibilizar una respuesta social frente a los bulos, la estigmatización y el uso político del miedo como herramienta de confrontación social, además de lanzar un mensaje de bienvenida a estos jóvenes.
En el mensaje difundido en la convocatoria, los colectivos denuncian que la extrema derecha está utilizando a los colectivos más vulnerables como chivo expiatorio para desviar la atención de los problemas reales, fomentando la división y el rechazo. Frente a ello, reivindican que la dignidad no depende del origen ni de la cultura, y apuestan por una Cantabria diversa, unida y basada en la convivencia y los derechos sociales.
La protesta, en la que colaboran más colectivos, se define como una movilización antirracista y antifascista, abierta a toda la ciudadanía, con el objetivo de frenar la normalización de discursos que señalan a personas migrantes y otros colectivos en situación de vulnerabilidad.
En paralelo, distintas organizaciones de derechos humanos han venido alertando en los últimos años de que los discursos de odio no se quedan en el plano retórico, sino que contribuyen a crear un clima social de estigmatización que puede derivar en agresiones, discriminación y deterioro de la convivencia, especialmente cuando estos mensajes se normalizan desde ámbitos políticos o institucionales. Desde que estalló la polémica, ninguna administración (ni Gobierno de Cantabria ni Delegación de Gobierno ni Ayuntamiento) mandó mensaje alguno contra los mensajes de odio y los bulos racistas.
En el caso de Cartes, sin haber llegado los menores ya se estaba vinculando su presencia a la necesidad de más policía y se organizaron protestas en su contra, con destacada presencia de Vox y sus líderes autonómicos, hasta el punto de que se tuvo que activar un dispositivo especial de protección a estos menores de edad procedentes de países en contextos difíciles. El propio Ayuntamiento fue quien vinculó su situación a la inseguridad al asegurar, tras revelar la existencia del centro, que el municipio no tenía policía suficiente, para pasar luego a los hechos: intentar cerrar el centro antes de la llegada de los jóvenes apelando a trámites urbanísticos que, según dijo, tuvo que activar ante denuncias de vecinos, aunque días antes se había referido a una inspección urbanística municipal como una iniciativa propia.
Finalmente, la regidora dio todo un volantazo argumental, tras tardar siete días en usar la palabra bienvenidas o pasar a garantizar la prestación de servicios –primero aseguró que no tenía suficientes–, cuando en realidad hay servicios que dependen de otras administraciones y muchos otros los prestará la fundación que gestionará el centro, Cuin, con 30 años de experiencia en un proyecto educativo que acompaña a menores de edad en su paso a la edad adulta y el mercado laboral y que sólo necesitaba que no le pusieran trabas.
“Nuestro trabajo es generar oportunidades”: así funcionará el centro de menores migrantes de Cartes
Pero el discurso contra los jóvenes migrantes no fue un mensaje único, pese a que ese rechazo fue apoyado por el Ayuntamiento y otras instituciones no frenaron la criminalización, y también a la virulencia e insultos que sufren en redes sociales las personas que piensan distinto.
Pese a ello, distintas voces, tanto dentro como fuera de Cartes, se han mostrado a favor de la acogida a estos menores de edad, mientras que la última manifestación en su contra ha registrado una escasa afluencia.
“Llevamos años viviendo con gente de otros países sin ningún tipo de problema”
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