LA ENERGÍA DEL CAMBIO

«No hay posible sociedad democrática sin que echemos mucho tiempo en la actividad desde abajo»

Jorge Riechmann es un pensador, poeta y activista. Va a tener que afrontar dos juicios penales tras ser detenido en sendas movilizaciones por el clima. Reflexiona sobre emergencia climática, democracia, capitalismo y activismo en 'La energía del cambio', la sección en colaboración con Solabria, la cooperativa comercializadora de energías renovables en Cantabria
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Jorge Riechmann comenzó a andar por los caminos del activismo dese bien joven. Aclara que, aunque su conciencia se empapó desde pronto en los valores ecologistas, el activismo es algo que tiene que ir más allá de lo climático. «Ojalá tuviéramos que ocuparnos solo del clima», dice en una entrevista concedida a EL FARADIO.

Recuerda que el Instituto de Resiliencia de Estocolmo lleva hablando mucho tiempo de nueve límites planetarios contra los cuales están chocando nuestras sociedades, y que el clima es sólo uno de esos nueve. «Me considero una persona que se ha construido en buena medida dentro de los movimientos ecologistas», dice, pero esto también le ha creado algunos problemas. De hecho, tiene pendientes dos juicios penales distintos tras ser detenido en un par de ocasiones mientras participaba en sendas acciones por el clima, ambas en Madrid.

La primera de ellas se produjo en octubre de 2019, en un momento donde el activismo por el clima tuvo un momento más vivo. Se juntó a unos pocos centenares de personas para cortar uno de los puentes que pasa sobre el Paseo de la Castellana de Madrid, en la zona de Nuevos Ministerios. Tres fueron los detenidos, entre ellos él. Cuenta que el 17 de marzo se celebrará el juicio, después de que, en la fase de instrucción, la Fiscalía decidiera seguir adelante con la acusación, que es por un delito de resistencia a la autoridad, «una acusación en falso, bueno, de tantas como hemos visto en años recientes en que la policía pues se inventa resistencias o agresiones que no fueron tales», cuenta.

La segunda fue en una acción que tuvo más reflejo mediático, cuando decenas de activistas, en 2022, acudieron a la puerta del Congreso de los Diputados para arrojar un líquido de color rojizo que semejaba sangre, «un líquido biodegradable y fácilmente limpiable, pero que ha dado lugar también a una acusación, en ese caso, de daños al patrimonio», explica. Este juicio aún tardará en producirse, pero el caso es que Riechmann enfrenta dos peticiones de cárcel que, si se dieran por buenas en ambos juicios, podrían llevarle a estar entre rejas, aunque fuera poco tiempo. Se trata de dos acciones de desobediencia civil no violenta que podrían desembocar en la privación de libertad.

Esta segunda acción es la que dio origen a ‘Zumo de remolacha’, la obra teatral en la que participa el investigador Fernando Valladares y de la que ha hablado en ‘La energía del cambio en alguna ocasión. Valladares también estuvo en esa movilización.

«Este verano con los incendios hemos tenido una lección muy dura de lo que ocurre en algunas zonas que se han ido abandonando»

 

Esta problemática ha generado ya muchas acciones y reivindicaciones en numerosas partes del mundo. Subraya Riechmann que «lo que está en juego realmente con el calentamiento global, caos climático, pues es la habitabilidad de la Tierra para seres como nosotros, no la vida como tal, a veces se exagera un poco con eso, la vida en la Tierra va a seguir adelante, pero, en cambio, no está claro que los homo sapiens podamos seguir adelante si las cosas van muy mal y, de momento, están yendo mal, claro».

La reflexión que hace respecto de aperturas de juicios contra personas que protestan por la falta de acción contra el cambio climático es que «se supone que nuestros ordenamientos jurídicos protegen bienes comunes, derechos fundamentales, apenas puede uno pensar en un bien común más importante que esa tierra habitable para los seres humanos y los demás seres vivos parecidos a nosotros y, sin embargo, de manera paradójica, en todo el mundo están persiguiéndose, en distintos países europeos, cada vez más las protestas cívicas en general y las protestas climáticas en particular». Y también se producen daños a personas que resisten pacíficamente en las protestas, aunque recalca que él no recibió malos tratos por parte de la policía. Otros activistas, sí.

Lo que ve Riechmann es otro problema muy de fondo, «hay una tensión que no se puede eliminar y que va empeorando, va agravándose, entre capitalismo y democracia», y otro problema «igual de serio y de fondo entre capitalismo y sustentabilidad». Son cuestiones que es imprescindible entender para descifrar los tiempos que estamos viviendo.

En opinión de Riechmann, es un tiempo de «extralimitación ecológica de las sociedades industriales con respecto a esos límites biofísicos del planeta Tierra y la fuerza que está impulsando eso es la dinámica auto expansiva del capitalismo, es el capitalismo funcionando como lo hace el que nos lleva a chocar contra los límites». Reclama mucha más presión social hacia quienes toman decisiones, porque ni siquiera en España, un Estado con un Ministerio para la Transición Ecológica, se trabaja lo suficiente en la dirección que marca el nombre del Ministerio.

La dinámica no se centra sólo en España, claro. Activistas climáticos en Reino Unido que entran en la cárcel, activistas por Gaza con sanciones severas en Alemania, proyectos de normas antimigratorias en Italia y en la Unión Europea en su conjunto. Por no hablar de lo que sucede en Estados Unidos. «Hay un proceso muy preocupante de desdemocratización en muchos lugares», describe Riechmann. Si se criminaliza la protesta cívica no violenta, nos encontramos ante otro síntoma de erosión de la democracia.

El activista recuerda una de las frases célebres que dejó Oscar Wilde, que decía que «el socialismo cuesta demasiadas tardes libres». Se trata de cambiar la palabra socialismo por la palabra democracia y ver si estams dispuestos a dedicarle muchas tardes libres. «No hay posible sociedad democrática sin que echemos mucho tiempo en la actividad desde abajo, que pueda contrarrestar algo esa tensión del capitalismo contra la democracia y el capitalismo contra la sustentabilidad», afirma.

Aunque ve que hay muchas actividades y muchas organizaciones que llevan a una mayor diversificación en los movimientos sociales respecto a los tiempos en que él empezó a ejercer el activismo, a finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, cree que «el problema que afrontamos es como los vínculos sociales han ido disolviéndose y degradándose en estos varios decenios de inversión neoliberal del capitalismo».

Riechmann explica esto también a través de la precarización, no sólo laboral, que se está produciendo en general, también en los países centrales del sistema. Y esto incluye a investigadoras e investigadores, que deberían ser uno de los motores de esa presión social, pero ve que el trabajo que se realiza a nivel social sigue sin ser suficiente para cambiar las dinámicas que se están imponiendo a nivel global.

a administración y amparados por la legislación vigente.


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