El color ilumina una historia oscura: la Plaza de Toros como campo de concentración

La cuenta de Instagram Guerra Civil española en color, que colorea imágenes en blanco y negro, difunde una imagen del coso de Cuatro Caminos
Tiempo de lectura: 4 min

Estamos acostumbrados a ver imágenes de la Guerra Civil  o la dictadura en blanco y negro y eso automáticamente nos los aleja. Da otra sensación verlo en color: parece más cercano, los rostros más humanos. Esa parece ser la idea que late detrás de la cuenta de Instagram guerracivilespañolaencolor, en la que hemos podido ver este miércoles imágenes de Cantabria.

En los últimos años hemos podido romper el silencio sobre el campo de concentración de La Magdalena, una realidad prácticamente desconocida hasta la primera investigación, hace una década, de Alberto Santamaría. Esa brecha, poco a poco, ha llegado hasta la declaración como Lugar de Memoria Democrática, un reconocimiento del Gobierno central que sirve para recordar puntos históricos, aunque le moleste a un Ayuntamiento de Santander que comienza a discernir que hay determinados hechos históricos que fueron negativos.

La Magdalena será lugar de memoria

Amplió el campo de investigación a más puntos Carlos Hernández, corresponsal de guerra, a quien hemos perdido recientemente y que se convirtió en la referencia de la documentación de los campos de concentración, tanto nazis como franquistas –tan relacionados como que los nacionales, aliados de las nazis, llegaron a enviar presos republicanos de España a Alemania–.

Va por ti, Carlos: La Magdalena, lugar de memoria

Su investigación recogía un apartado específico para Cantabria, y no era para menos: fue la comunidad con más campos en relación a su tamaño y aquí fue donde se ensayó el modelo, diseñado por un Camilo Alonso Vega al que durante décadas el Ayuntamiento consideró digno de reconocimiento en forma de calle.

Cantabria fue la comunidad con más campos de concentración en proporción a su tamaño

Entre esos campos estaba, cuando todo Cantabria se llenó de campos, la Plaza de Toros de Santander, uno de los principales espacios de internamiento masivo habilitados por las autoridades franquistas tras la caída de la ciudad en agosto de 1937, y que podemos ver ahora en color gracias al tratamiento que ha hecho esta cuenta de Instagram.

Lejos de tratarse de un recinto provisional sin organización, el coso taurino fue integrado en un sistema represivo planificado que combinaba hacinamiento extremo, clasificación de prisioneros y control militar permanente.

Tras la ocupación de Santander por las tropas franquistas e italianas, la plaza se convirtió en un enorme depósito humano. En el propio ruedo se concentraban miles de detenidos al aire libre, mientras que los tendidos, pasillos interiores, corrales y dependencias auxiliares se utilizaban para encierros diferenciados, interrogatorios y separación de prisioneros según su perfil político, militar o social. Muchos pasaban días o semanas durmiendo directamente sobre el suelo, sin apenas refugio frente a la lluvia o el frío, con raciones mínimas de comida y sin condiciones higiénicas básicas.

El campo de la Plaza de Toros no funcionaba de forma aislada. Formaba parte del llamado complejo concentracionario de Santander, junto a los Campos de Sport de El Sardinero, instalaciones vinculadas al entorno del Palacio de La Magdalena y el Seminario de Corbán. La lógica era la de un gran centro de recepción y clasificación: los prisioneros capturados en el Frente Norte eran amontonados inicialmente en estos recintos urbanos antes de ser redistribuidos hacia cárceles, consejos de guerra, batallones de trabajadores forzados o campos situados en otras provincias.

Los testimonios recogidos por la historiografía describen escenas de hacinamiento extremo, con miles de personas vigiladas por tropas armadas, escasez crónica de agua potable, brotes de enfermedades y una mortalidad elevada en los meses posteriores a la ocupación. Las palizas, humillaciones y malos tratos eran frecuentes, especialmente durante los procesos de interrogatorio y depuración política, en los que se decidía quién sería liberado, quién enviado a prisión y quién acabaría ante un tribunal militar.

La Plaza de Toros volvió a utilizarse como espacio de internamiento entre febrero y mayo de 1939, una vez terminada oficialmente la guerra, dentro del proceso masivo de represión y depuración del nuevo régimen. En ese momento ya no se trataba solo de prisioneros de guerra, sino también de civiles considerados desafectos al franquismo, militantes políticos, sindicalistas y personas denunciadas por su entorno.

Las investigaciones de Carlos Hernández de Miguel han demostrado que Cantabria fue uno de los territorios con mayor densidad de campos de concentración en proporción a su tamaño, y que Santander actuó como uno de los grandes nodos represivos del norte peninsular. El uso de una infraestructura civil tan visible como la plaza de toros evidencia hasta qué punto la represión franquista se insertó en el corazón de las ciudades, transformando espacios cotidianos en instrumentos de castigo colectivo y control social.

La imagen recientemente publicada no solo ilustra un episodio concreto, sino que remite a una realidad mucho más amplia:

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2 Comentarios

  • Sheldon Mills
    11 de febrero de 2026

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  • Andrea Flynn
    12 de febrero de 2026

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