Ecologistas en Acción denuncia que la inversión forestal en Cantabria ha caído un 50% mientras los incendios se vuelven crónicos
La organización señala que en Cantabria existe un patrón de intencionalidad vinculado a la gestión del territorio. Afirman que más del 90% de los incendios forestales en la región son intencionados. La gran mayoría de estos focos se producen en montes públicos. Estos fuegos, en más de un 90% de los casos, buscan la regeneración de pastos mediante el uso del fuego.
El impacto de los incendios en datos
El texto subraya que Cantabria se enfrenta a una situación climática hostil, con un aumento de la temperatura de 2,8ºC en el último siglo. En este contexto, los datos de incendios resultan alarmantes:
-Se registran una media de 725 incendios forestales al año.
-Cada año arden unas 10.503 hectáreas. En lo que va de siglo, la cifra total asciende a unas 250.000 hectáreas, muchas de las cuales sufren incendios de forma recurrente.
-Propuestas para la revitalización del mundo rural
Frente a este escenario, Ecologistas en Acción aboga por que el mundo rural lidere la ‘economía verde’. Proponen que los bosques sean valorados como generadores de recursos vitales —sumidero de CO2 y despensa de agua— y que ese beneficio genere un retorno económico directo y prioritario en la financiación municipal.
Nuestra casa está siendo destruida de manera contumaz mientras la Administración gestiona de espaldas a la realidad forestal. Ecologistas en Acción Cantabria solicita una revisión urgente de los presupuestos de Cantabria, donde las partidas para restauración vegetal son actualmente testimoniales. Y reclama una inversión urgente en los bosques de Cantabria frente a la degradación por incendios.
Ecologistas en Acción Cantabria hace un llamamiento a la Administración Autonómica para transformar el modelo de gestión forestal y revertir la desinversión en el sector, señalando que la protección del patrimonio natural debe ser una prioridad en la financiación pública.
Una tragedia anual en cifras
Según datos oficiales analizados por la organización, Cantabria registra una media de 725 incendios forestales y 10.503 hectáreas quemadas al año en lo que va de siglo. Esta recurrencia ha provocado que, en las últimas décadas, hayan ardido aproximadamente 250.000 hectáreas, afectando gravemente a los ecosistemas del interior oriental y occidental.
El perfil del incendio en Cantabria presenta características singulares respecto al resto de España: Más del 90% de los incendios son provocados fundamentalmente para regeneración de pastos y ocurre mayoritariamente en montes públicos. A diferencia del resto del país, los incendios en la región se concentran en los meses de invierno.
Crítica a la gestión actual y falta de inversión
Ecologistas en Acción advierte de que el presupuesto destinado al Sector Forestal ha sufrido un descenso drástico. En el año 2022, la inversión representaba apenas la mitad de lo consignado en 2005.
Ecologistas en Acción critica el enfoque de la Administración al gestionar los bosques como «huertos de madera» y denuncia la falta de transparencia en los presupuestos destinados a la restauración de la cubierta vegetal y la protección de espacios de especial interés. Asimismo, señalan que el uso de «quemas prescritas» autorizadas está en el origen de buena parte de los incendios forestales de la comunidad.
Propuestas para un nuevo modelo rural
Frente a la crisis climática —con un aumento de la temperatura media de 2,8ºC en Cantabria en el último siglo — la organización propone una transición hacia la economía verde que revalorice el mundo rural.
Las propuestas clave incluyen:
-Que el patrimonio natural y la conservación de bosques sean criterios prioritarios en la Financiación Municipal.
-Fomentar que el mundo rural reciba beneficios directos por sus servicios ecosistémicos (sumidero de CO2, reserva hídrica, biodiversidad).
-Abandonar la repoblación con especies exóticas y priorizar la formación e información de la población local.
-Un bosque no es un huerto de madera; es cultura y es la vida de todos, instando a la Administración a ver el patrimonio natural como una fuente de ingresos sostenible y un legado imprescindible para las generaciones futuras.