Desactivar el odio con algo tan simple como ser buenas personas
Voces muy diversas y con puntos de vista muy interesantes para escuchar y reflexionar. Debate frente al odio era el título de esta mesa redonda, moderada por Pablo Moreno, de El Faradio, en el que estaban presentes dos personas migrantes, Yassine, proveniente de Marruecos, y Miler Alberto Ortiz, que llegó procedente de Colombia. También estaba Sara Pelaz (también conocida como Sara Puaj), que es de Cartes y es maestra y Pedro Quesada, que es educador y que forma parte del equipo de Fundación Cuin que trabaja en el centro de Cartes.
Yassine relataba su historia de cuando llegó a España por primera vez, una auténtica aventura, pero no en la mejor de las acepciones de esa palabra, porque se convirtió en un camino lleno de dificultades, teniendo que evitar permanentemente a la policía y a las autoridades del barco que tomó para cruzar el Estrecho de Gibraltar. Tuvo varias idas y vueltas en ese viaje hasta que logró desembarcar en su destino. Relataba cómo después ha ido viviendo en lugares muy diversos, hasta lograr establecerse en Santander.
Miler reconocía que su llegada no tuvo nada que ver, porque vino en un avión comercial, por lo que se decía incluso «privilegiado» después de escuchar las peripecias de su compañero de mesa para conseguir su objetivo. Ambos destacaban las dificultades para establecerse en un nuevo lugar, incluso cuando, en el caso de alguien que viene desde Hispanoamérica, no tiene la barrera idiomática. En contraposición a los discursos que dicen que quienes llegan como migrantes reciben, de inmediato, una paga, en estos dos caso hablan personas que han tenido que enfrentarse a una burocracia para poder vivir en Cantabria.
El odio se basa en mensajes que tienen que ver con una visión de España en la que sólo deberían vivir españoles, como si no hubiese millones de españoles que viviesen en otros países y la migración no fuera algo que ha sucedido en la humanidad a lo largo de toda la historia. Ese discurso a veces aplica un prisma algo distinto, cuando se asume la realidad de que España, en el ámbito económico y laboral, sería radicalmente diferente y mucho menos próspera si no fuera por la aportación de las personas migrantes que trabajan aquí. Hemos escuchado a alguna figura muy reconocible de la política española señalando específicamente la necesidad de que venga gente para asumir trabajos como el trabajo doméstico, la atención sociosanitaria a personas dependientes o la hostelería.
Yassine pasó por centros como el de Cartes cuando era menor de edad, y quiso remarcar la importancia de aprender unas normas de comportamiento y una disciplina. En esto coincidía también Pedro al hablar de su experiencia en Cartes, aunque lleve tan sólo unos días. Aunque se trate de personas que llegan después de una experiencia muy dura y dejando atrás familia y amigos, una parte de su adaptación también consiste en seguir unas pautas, como ocurre en cualquier casa, centro educativo o de trabajo.
El mensaje que dejaron claro ambos es que algo tan simple como ser buenas personas debería ser suficiente para poder vivir en sociedad con total normalidad. Por eso Pedro no quería centrarse en las concentraciones de rechazo a los menores que ha habido en Cartes, sino en los gestos que han tenido varios ciudadanos, que les han llevado diversas cosas al centro como muestra de acogida. No dejan de ser personas y no todo es odio, por mucho que pueda parecerlo al darse una vuelta por las redes sociales o al escuchar declaraciones políticas que no se centran en ese detalle tan fácil y fundamental.
Frente al odio, la educación debe ser la respuesta siempre. Es lo que Sara quiso destacar como maestra. Es una forma de integrar, y es una forma de que el respeto y la aceptación sean las normas comunes de comportamiento hacia los demás. Es lo mayoritario y, si se detecta que en algún sitio no sucede así, es algo que apuntar en el debe de las administraciones, que tienen que vigilar que no haya problemas de convivencia y aplicar las leyes que obligan, por ejemplo, a atender a menores en situación de vulnerabilidad. En el caso de Cartes hablamos de menores que llegan de Ceuta, Melilla o Canarias, de centros completamente saturados.
Además, Sara también destacaba que no es la primera vez que personas extranjeras llegan a Cartes. Ya hay, desde hace tiempo, migrantes que viven allí, sin que eso haya generado problemas. Lo hizo también recientemente en una entrevista en EL FARADIO.
“Llevamos años viviendo con gente de otros países sin ningún tipo de problema”
La Fundación Cuin es quien gestiona el centro de Cartes, y es una entidad con décadas ya de experiencia en lo que es la atención, la educación y la inserción, también laboral, de personas con determinadas dificultades para poder desarrollar una vida digna. Desde el público asistente al acto también se quiso reconocer la función que cumple, personificada, en este caso, en uno de los trabajadores que atiende a los, hasta ahora, 10 menores que han llegado a Cartes.
“Nuestro trabajo es generar oportunidades”: así funcionará el centro de menores migrantes de Cartes
Hubo más intervenciones por parte de los asistentes, en las que se destacaban otros puntos interesantes, como intentar no dejarse arrastrar por los mensajes que tratan de inyectar odio ni la dialéctica típica de quienes, por definición, discriminan a las personas migrantes, sino hacer entender que quienes llegan lo hacen con otras experiencias y que nadie se desplaza miles de kilómetros para delinquir. O también que hay una irresponsabilidad por parte de medios de comunicación que sólo destacan la parte negativa de la migración, obviando siempre todo lo bueno que aportan quienes están dispuestos a jugarse la vida o, simplemente, alejarse de sus familias, para buscarse la vida en un lugar desconocido.
Casi dos horas de debate, destacadas por muchos asistentes como necesario por el momento que estamos viviendo, y por reforzar la idea de que hay una buena parte de la sociedad civil que no concuerda con las ideas de considerar que personas menores de edad que llegan a nuestra sociedad son, por definición, delincuentes.
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