“No hay ninguna casa o jaima en el Sáhara que no tenga un desaparecido o un muerto”

Hmad Hmad, vicepresidente de CODASO, que participa en los actos de conmemoración del 50 aniversario de la proclamación de la República Saharaui relata detenciones, secuestros y secuelas físicas por las torturas sufridas
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No es que el Sáhara Occidental, los territorios ocupados desde hace medio siglo por Marruecos, sea en la práctica una cárcel para la población saharaui que no puede desplazarse, participar en una manifestación  o criticar al Gobierno en medios de comunicación, como nos viene describiendo Equipe Media. Es que al avasallar sobre una zona que nunca les perteneció, convirtió gran parte de los espacios en cárceles, el destino que sufrieron antiguos colegios e incluso una vieja emisora de radio española.

Todas ellas las ha conocido Hmad Hmad, vicepresidente de CODASO (Comité para la Defensa del Derecho a la Autodeterminación del Pueblo del Sáhara Occidental), que visita esta semana Cantabria dentro de los actos organizados este miércoles por el 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, justo después de ser expulsados de su tierra.

No es, desde luego, la primera vez que visita Cantabria, donde, por ejemplo, ha tenido que tratarse médicamente de las secuelas que acumula de las múltiples torturas sufridas por luchar por su pueblo: desde uñas arrancadas con alicates para hacerle hablar a descargas eléctricas en todo su cuerpo, pasando por todo lo que pueda encajar entre medias.

También denuncia, en conversación con EL FARADIO, bombardeos con “napalm o fósforo” –prohibidas expresamente por las normas internacionales de derechos humanos y contra la guerra– en los primeros años del conflicto.

Sitúa uno de los episodios más graves en 1991, cuando se encontraba en la embajada española en Rabat solicitando asilo. “Estando dentro de la embajada española, nos entregaron a los servicios secretos marroquíes”, afirma, citando expresamente al embajador  responsable de entregarle a sus enemigos cuando pedía protección: Joaquín Ortega, en los años del PSOE de Felipe González.  A lo que suma su paso por la sede de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) y su detención en el contexto de la denominada “Intifada saharaui”.

“No hay ninguna casa o jaima en el Sáhara que no tenga un desaparecido o un muerto”, asevera, moviéndose entre el recuerdo de una vida entregada a la lucha desde hace medio siglo y unas represalías que continúan:  “La persecución para mí es casi diaria». «No tenemos mínimos derechos. Estamos secuestrados por la ocupación marroquí”, afirma.

Hmad responsabiliza a España, a la que llegó a pertenecer el territorio y que se desentendió  de él sin oponer resistencia alguna cuando fue invadido por Marruecos del sufrimiento saharaui. “Todo el sufrimiento tiene un único responsable: España, que sigue siendo la potencia administradora y nunca nos protegió”, sostiene. A su juicio, la comunidad internacional “es colaboradora” por no garantizar el cumplimiento del derecho a la autodeterminación, el destino último de las zonas que fueron colonias y que no se ha cumplido en el Sáhara.

El veterano luchador insiste en que “todo el pueblo saharaui quería la autodeterminación, un referéndum”, un proceso para el que la MINURSO fue creada en 1991 pero que aún no se ha celebrado. “Nunca dieron como válido lo que pedían los saharauis desde el comienzo de la invasión”, afirma. “Marruecos no quiere que se oiga la voz de este pueblo ni que haya testigos; no dejan entrar en los territorios ocupados”, añade, recordando las dificultades no sólo para la vida diaria, sino para quienes intentan acceder para documentar los abusos.

Hmad describe la situación como especialmente grave: “La vida del pueblo saharaui corre peligro”, advierte, apuntando que en torno al muro construido por Marruecos se han establecido numerosos puestos militares. “Estamos en un gigantesco cuartel del ejército», sentencia, mientras suma otra de las vejaciones, el expolio de los recursos naturales de su pueblo: pescado u hortalizas que Marruecos etiqueta y vende como si fueran suyos, y todo en un clima de llegada de miles de colonos marroquíes a los territorios.  “Seguimos en guerra”, afirma, en referencia a la ruptura del alto el fuego en 2020, y advierte de que el conflicto “se está haciendo cada vez más grande” y advirtiendo: «esto va a estallar».

 


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