Olga, una florista de Cabezón de la Sal, impulsa desde Cantabria un proyecto de energía solar para una familia desplazada en Gaza
Olga tiene 58 años y regenta un pequeño negocio de flores muy conocido y arraigado en Cabezón de la Sal, donde hace años ha prendido un notable movimiento de apoyo al pueblo palestina, con vigilias semanales desde que arreció el genocidio o el exitoso festival Cabezón con Gaza.
Desde Cantabria, y tras más de dos años siguiendo la ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza, decidió dar un paso más cuando el 25 de agosto de 2025 recibió un mensaje directo en su cuenta de Instagram: “Mi familia y yo nos morimos sin que nadie se dé cuenta”. Así comenzaba el texto enviado por Rawida Jihad, una joven gazatí de veinte años.
Ese mensaje llegó en un momento en el que las autoridades israelíes anunciaban un nuevo desplazamiento forzado hacia el sur de la Franja. Desde entonces, Olga mantiene contacto directo con Rawida y ha articulado una red de apoyo formada por familias y amistades que realizan un donativo mensual. Ella misma gestiona de forma transparente esa ayuda económica, destinada a cubrir necesidades básicas y urgentes.
Ahora el grupo quiere ampliar el alcance de la iniciativa con un proyecto de energía solar que permita a la familia dejar de depender exclusivamente de donaciones.
Una estudiante de Ingeniería con los estudios interrumpidos
Rawida Jihad es la sexta de ocho hermanos. Forma parte de una unidad familiar compuesta por 22 personas, entre adultos y menores. Antes del inicio de la guerra, se preparaba para cursar una licenciatura en la Facultad de Ingeniería y Tecnologías de la Información. La ofensiva militar interrumpió sus estudios hace dos años.
“Soy Rawida Jihad, una joven de Gaza, nacida entre el miedo y la esperanza”, explica en un texto remitido a Olga. “La guerra me obligó a posponer mis estudios, pero la esperanza de completarlos sigue viva en mi corazón”.
En su relato describe una ciudad “trastornada” por la destrucción de infraestructuras, líneas eléctricas, agua, comunicaciones e internet. Según datos de Naciones Unidas, la Franja de Gaza sufre desde el inicio del conflicto graves daños en su red eléctrica y en servicios básicos, con cortes prolongados de suministro que afectan a la vida cotidiana de la población civil.
Antes de la guerra, la familia contaba con un proyecto completo de energía solar para operar una granja avícola, iluminarla y mantener un pozo de riego. Ese sistema quedó inutilizado.
Desde el campamento en el que residen actualmente, Rawida propuso recuperar la idea de la energía solar, esta vez orientada tanto a la subsistencia familiar como al apoyo comunitario.
Un proyecto con impacto comunitario
El objetivo es instalar un sistema de paneles solares que permita generar electricidad suficiente para cubrir necesidades básicas y prestar servicios en el campamento, donde viven actualmente unas 38 familias.
Entre los usos comunitarios previstos, que serían gratuitos, se encuentra proporcionar iluminación estable para que niños y niñas puedan estudiar por la noche, así como alumbrado en pasillos para reducir accidentes y aumentar la sensación de seguridad. Además, se plantea apoyar pequeños proyectos como costura o elaboración de dulces, y crear un espacio comunitario con acceso a electricidad.
Por otra parte, el sistema permitiría generar ingresos para la familia a través de servicios de carga de teléfonos y baterías por una pequeña tarifa, calentamiento y venta de agua, uso de pequeños electrodomésticos o venta de agua fría y zumos en verano. También se contempla la posibilidad de ofrecer servicios sencillos de impresión con una computadora y una impresora pequeña.
Según el desglose facilitado por Olga, el presupuesto incluye un aparato de 3 kilogramos VM2 (1.722 euros), cuatro unidades de reserva de 660 vatios (4.133 euros), dos baterías de 200 amperios (3.709 euros), cuatro células estándar (530 euros), cables (530 euros), un panel de energía solar (186 euros), anclaje (133 euros) y envío (265 euros).
A esta cantidad hay que sumar la comisión que cobran intermediarios financieros para facilitar efectivo, actualmente la única vía de acceso al dinero en Gaza. Esa comisión, según explica Olga en base a la información recibida desde el terreno, oscila entre el 25 y el 50 por ciento. Con todo ello, la estimación total asciende a 15.000 euros.
Si se alcanza la cifra prevista, la familia de Rawida dispondrá de una fuente de ingresos estable vinculada a la energía solar. Además, las 38 familias del campamento contarían con iluminación y acceso básico a electricidad.
En este sentido, Olga subraya que el objetivo es “transformar la luz del sol en una oportunidad real” que reduzca la dependencia de ayudas puntuales.
Desde su floristería en Cabezón de la Sal, esta vecina cántabra coordina la recaudación y la gestión de fondos. La iniciativa se apoya en una red informal de personas que realizan aportaciones periódicas.
La campaña se puede apoyar desde este enlace.
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