Muro violeta contra el fascismo: feminismo para blindar la democracia

Victoria Cedrún. Integrante de Izquierda Unida Cantabria.
Tiempo de lectura: 4 min

Cada 8 de marzo no celebramos una fecha simbólica: reivindicamos una historia de lucha. Los derechos de las mujeres (el derecho a decidir, a vivir libres de violencia, a la autonomía económica, a la igualdad en el trabajo…) no fueron concesiones, sino conquistas arrancadas frente a resistencias profundas. Y hoy, de nuevo, el feminismo no solo conmemora: resiste.

En toda Europa asistimos al avance de fuerzas reaccionarias que han convertido el antifeminismo en uno de sus ejes centrales. Se niega la violencia machista, se banalizan las agresiones sexuales, se cuestionan las leyes de igualdad y se intenta expulsar la educación afectivo-sexual de las aulas. No es un fenómeno aislado, sino una estrategia para debilitar consensos democráticos básicos y reinstalar una cultura de subordinación.

Allí donde la ultraderecha entra en las instituciones o condiciona gobiernos (y también donde, sin pactos explícitos, logra marcar la agenda pública) sus exigencias son claras: recortar políticas de igualdad, diluir el reconocimiento de la violencia machista y frenar avances feministas. Cuando se evita confrontar el discurso machista para no incomodar a determinados sectores o preservar equilibrios parlamentarios, se abre la puerta a su legitimación y se contribuye a su normalización.

Las consecuencias no son abstractas. El Sistema VioGén cerró 2025 con más de 100.000 casos activos de víctimas de violencia machista en España, miles de ellos en situación de riesgo medio o alto. Decenas de mujeres viven bajo riesgo extremo. Más de 50.000 tienen protección policial con menores a cargo, y cientos de esos niños y niñas están también en riesgo directo. La violencia vicaria (cuando el agresor utiliza a hijas e hijos para dañar a la madre) ha dejado ya demasiadas víctimas. Negar su especificidad o relativizar su dimensión estructural no es una opinión: es invisibilizar una realidad devastadora.

Existe además una realidad menos visible: muchos agresores utilizan a los animales de compañía para amenazar y controlar a las mujeres. Estudios internacionales señalan que hasta un 71 % de víctimas ha sufrido daños o amenazas contra sus animalescomo forma de control coercitivo, y cerca del 60 % retrasa su salida de la relación por miedo a lo que pueda ocurrirles. Esta forma de violencia, basada en la misma lógica de dominación, ha llevado a crear programas como ACOPET, que facilita la acogida temporal de los animales de las mujeres víctimas para facilitar su salida segura de la situación de maltrato.

Las culturas autoritarias se basan en jerarquías que justifican la subordinación: de las mujeres, de la infancia, de las personas más vulnerables y también de los animales. Frente a ese modelo, el feminismo defiende una ética del cuidado, la interdependencia y el respeto a la vida. Defender la igualdad implica rechazar cualquier forma de violencia que normalice el abuso como instrumento de poder.

Por eso la lucha feminista es también un muro antifascista. Defender la igualdad es defender la democracia frente a quienes aspiran a vaciarla desde dentro. Cada vez que se relativiza la violencia machista, cada vez que se cuestiona la existencia de la violencia vicaria, cada vez que se invisibiliza el vínculo entre distintas formas de violencia, se debilita el marco democrático que protege derechos y libertades.

La igualdad no puede depender de equilibrios parlamentarios ni de cálculos estratégicos. Requiere convicción democrática y políticas concretas: protección integral frente a todas las formas de violencia machista, refuerzo de los servicios públicos, especialmente en el medio rural, formación con perspectiva de género en todos los ámbitos institucionales y presupuestos que reflejen prioridades reales.

Este 8M necesitamos levantar un muro violeta contra el fascismo y la cultura de la dominación. Un muro construido desde la movilización social y desde la acción institucional coherente. Un muro que no solo frene retrocesos, sino que avance hacia una sociedad más justa, más igualitaria y más respetuosa con la vida en todas sus formas.

No daremos ni un paso atrás. Porque cuando el feminismo avanza, retrocede el odio. Y porque sin igualdad real no hay democracia plena.

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