Catalina Bárcena, una voz a través del tiempo. Estreno teatral lleno de sombras y descubrimientos

Las sombras de Catalina Bárcena – Teatro Caroca – 6 de marzo – Sala Argenta – 20:00 horas

Casa familiar en Lebeña
Prolegómenos: Comprender una obra llena de sombras, un estreno sobre un personaje real cuya vida aparece a retazos no es sencillo. Catalina Bárcena (1888-1978) nació en Cienfuegos -Cuba-, tercera hija de un matrimonio lebaniego que estaba haciendo fortuna en la isla con la fotografía como profesión. Su nombre de pila no contenía el Bárcena paterno: Catalina Julia María de la Paz de la Cotera París. Vuelta la familia a Cantabria en 1897, vivió en Santander con largos veranos en Lebeña (cerca de los pueblos paternos de Colio y Aliezo). A los 17 años, en la casa de José María de Pereda en Polanco, ocurrió un hecho que iba a cambiar su vida: en una velada con personajes como Galdos, Menéndez Pelayo o José Estrañí estaba la gran actriz María Guerrero (PRIMERA SOMBRA DE LA OBRA). Catalina, voz angelical entonces, recitó unos versos de Becquer de forma que impresionaron a la actriz y empresaria teatral que la invitó a hacer una prueba en Madrid.
Todo se acelera. Meritoria en la compañía de Guerrero, se casa en La Habana en 1909 y va subiendo categorías teatrales. Primer hijo en 1910 y muchas giras por España y América. Su talento es reconocido y en 1914 conoce al gran empresario y director teatral Gregorio Martínez Sierra (SEGUNDA SOMBRA DE LA OBRA) del que se enamora (y viceversa) y pasa a ser su pareja durante más de treinta años con la disgustosa avenencia de María Lejárraga (TERCERA SOMBRA DE LA OBRA), mujer de Gregorio y persona que escribía las obras de su marido. En 1924 nace su segunda hija: Catalina -Katia- Martínez Sierra (PERSONAJE DE LA OBRA). Gran diva del teatro, en 1931 rueda siete películas en castellano en Hollywood, volviendo a Madrid en 1936 donde vive el golpe de estado y sufre la Guerra Civil. Sus hijos en Tetuán, su casa madrileña destruida y un largo camino al exilio junto a Gregorio: Orán, Juan-les-Pins, París.

Hollywood, 1934
El 1 de julio de 1939 parten desde Francia a Buenos Aires donde vivirán ocho años, sobreviviendo con intervenciones de radioteatro de Catalina (por ejemplo, interpretó Cumbres Borrascosas) y nuevas versiones de sus éxitos españoles. Se conserva una gran parte de la correspondencia recibida en su casa porteña en la que se muestra el deseo de ambos por volver a España. Las obras de Gregorio estaban prohibidas y cuando se vuelven a permitir este ya estaba enfermo. El 16 de septiembre de 1947 aterrizan en Madrid, ciudad donde quince días después muere el 1 de octubre Gregorio (PRINCIPIO DE LA OBRA).
El 20 de mayo de 1948 se vuelve a estrenar una obra con Catalina como actriz principal, su hija Katia como ayudante y un camerino donde aparecen las sombras, sombras que ocupan dos horas de espectáculo y muestran los encuentros entre el pasado y el presente de entonces de una mujer cansada a sus 60 años en una España que ya no es la misma que dejó once años atrás.(CENTRO DE LA OBRA). Un breve epílogo contado por su hija que narra su posterior vida hasta su muerte en 1978 cierra la función.
Nudo: El estreno en Santander el pasado 6 de abril tuvo sus accidentados inconvenientes: retraso oficial de media hora por otras actividades en el Palacio y retraso de descortesía de ocho minutos. Las sombras de Catalina Bárcena es un texto de María Debén trabajado con primor por la compañía cántabra Caroca bajo la dirección de Román Calleja. Texto largo que ocupa 125 minutos en escena; la mayor parte de ellos trascurren en un camerino con una sola puerta de entrada y muchos telones invisibles.

Buenos Aires, 1940
El reparto lo encabeza Miriam Díaz-Aroca (Madrid, 1962) como Catalina Bárcena, Nuria Gallardo (Madrid, 1967) con un triple papel (María Guerrero, María Lejarraga, Mercedes periodista madrileña), Juan Gea (Valencia, 1953) como Gregorio Martínez Bárcena y Megan Tyler (Tenerife, 2001) como Katia, hija de Catalina.
Escenografía sencilla: un camerino con pocos elementos escénicos, una puerta por la que entra la realidad y un ciclorama que genera sombras e imágenes de guerra civil. El prólogo lleva añadido un velatorio de cuerpo presente. Un biopic teatral sobre la vida de Catalina que funciona, donde lo importante son los diálogos y las emociones que desencadenan para mostrar una gran actriz española que se estaba olvidando, con una vida muy tergiversada y cuyas verdades son otras: “Procuro transmitir la sensación, no de una verdad real, sino de una verdad artística”.
Desenlace: La obra atrapa desde el principio. El breve episodio de la muerte de Gregorio ya anuncia antagonismos -“¡Que poco conoces a tu padre!”- que no acaban de ser resueltos del todo. Un papel de hija algo desdibujado: acaba de volver a ver a sus padres después de once años y sus problemas son otros. Sumergidos rápidamente en los nervios de un estreno que es la reaparición de Catalina en España se suceden los mejores momentos: los tres duelos actorales de Nuria Gallardo con Miriam Diaz-Aroca y el de la sombra de Juan Gea con todos. Brilla Nuria con la fuerza que imprime a sus personajes (nada menos que María Guerrero y María Lejarraga) y la vis cómica de su tercer papel de periodista un poco franquista. Miriam aguanta dos horas en escena entre un torrente de emociones que es difícil de interpretar. Juan Gea muestra aplomo y Megan Tyler defiende a una hija creíble.
Mensaje claro, pero demasiado centrado en el trio de personajes con cuentas pendientes. La recuperación de la figura de Catalina Bárcena se consigue a medias y hay muchas sombras adivinadas que no se tratan. Una pequeña pega final: la extensa duración de la obra que hace remover asientos, aumentar salidas prematuras y una continua consulta a relojes y móviles de esos que se iluminan.

Propinas: Dijo Emilia Pardo Bazán de Catalina que “Su modo de recitar se inspira en la naturaleza”. Una voz suya muy expresiva que se puede apreciar en esta pequeña charla de 1930: https://www.youtube.com/watch?v=BuhF8vlIt6s
Y los versos de Lorca a Catalina Bárcena: “Tu voz es sombra de sueño. / Tus palabras son en el aire dormido / pétalos de rosas blancas. / Por tus cabellos dorados, / por tu mirada profunda, / por tu voz nublada y triste / ¡rindo mi capa andaluza!”. Grande Catalina.