El Sardinero denuncia retrasos y “parches” en el mantenimiento de varios espacios clave del barrio
La Asociación en Defensa de El Sardinero ha denunciado la acumulación de retrasos y problemas de mantenimiento en distintos puntos del barrio, una situación que, según el colectivo, convierte la zona en un espacio marcado por obras prolongadas, actuaciones sin terminar y soluciones provisionales. “El Sardinero se parece cada vez más a un decorado de obras y apuntalamientos”, sostienen los vecinos.
El colectivo, constituido en 2025, advierte de que el barrio llega a las puertas del verano con numerosos proyectos abiertos y sin fechas claras de finalización. En este sentido, consideran que el problema no es únicamente la existencia de obras, sino la prolongación de los plazos y la falta de mantenimiento preventivo en espacios emblemáticos de la ciudad.
Uno de los casos que citan es el de los Campos de Sport de El Sardinero, donde siguen pendientes algunas actuaciones incluidas en el convenio firmado en 2022 entre el Ayuntamiento de Santander y el Real Racing Club. Entre ellas figuran mejoras relacionadas con la cubierta o la accesibilidad del estadio.
Además, el club presentó en octubre de 2025 un proyecto de reforma integral que contempla ampliar el aforo hasta 27.000 espectadores e incorporar nuevos usos comerciales en el entorno del estadio. Desde entonces, según señalan los vecinos, el proyecto continúa “sobre la mesa”, mientras el convenio vigente expira en agosto de 2026.
La asociación también se refiere al Hotel París, cuya demolición comenzó en febrero tras confirmarse el deterioro estructural del edificio. La propiedad prevé reconstruir el inmueble manteniendo su estética original y con una inversión anunciada de 20 millones de euros, aunque el nuevo edificio no estaría finalizado hasta 2028. Para los vecinos, la situación refleja “la pérdida de un símbolo mientras se promete una réplica”.
Otro de los puntos señalados es la situación de los bajos del Rhin, en la Primera Playa de El Sardinero. La zona continúa con estructuras provisionales, vallas y apuntalamientos desde hace más de año y medio. En palabras del colectivo, se trata de un ejemplo de “obra interminable” en uno de los espacios más transitados del paseo marítimo.
La reforma de los Jardines de Piquío es otro de los proyectos que acumula retrasos. El Ayuntamiento anunció que el espacio reabriría en primavera de 2026, pero los vecinos advierten de que los jardines siguen cerrados y vallados. “La pregunta es si estarán abiertos para el verano o si la joya del paseo marítimo seguirá siendo un decorado de obra”, plantean.
También mencionan la situación de los galeones de Vital Alsar en la Península de La Magdalena. Aunque recientemente se han realizado trabajos de apuntalamiento para evitar su deterioro, la asociación considera que se trata únicamente de “un parche” y reclama una restauración completa de estas embarcaciones históricas.
En el comunicado aparece igualmente el caso de La Horadada, un edificio situado frente a las playas de La Magdalena que permanece abandonado desde hace más de dos décadas. Aunque existe un acuerdo entre el Ayuntamiento de Santander y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para proceder a su demolición, la estructura continúa en pie.
A este escenario se suman las nuevas obras de semipeatonalización en el entorno de la Península de La Magdalena, iniciadas recientemente. Aunque el objetivo del proyecto es mejorar la movilidad y la accesibilidad en la zona, los vecinos consideran que la acumulación de actuaciones simultáneas está generando molestias continuas en el barrio.
En este contexto, la asociación sostiene que el Sardinero se ha convertido en una zona de obras prácticamente permanente. Según indican, residentes y negocios soportan “ruido, polvo y cortes” durante largos periodos sin que exista una coordinación clara entre proyectos.
Por ello, el colectivo reclama al Ayuntamiento un calendario detallado que permita conocer qué intervenciones estarán terminadas antes del verano y cuáles continuarán abiertas durante la temporada turística. “El verano no espera”, señalan los vecinos, que piden mayor planificación y una política de mantenimiento más constante en uno de los principales espacios urbanos y turísticos de Santander.
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