La manifestación a favor de la República reivindica también las condiciones de la clase trabajadora

Cada año se produce la manifestación que aboga por volver a tener una República en España que sustituya a la actual Monarquía. Los manifestantes dicen que no hay dos sin tres, en referencia a las dos experiencias históricas
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La llegada del calendario hasta el 14 de abril siempre es recordada por quienes prefieren vivir en un sistema republicano y no monárquico. Esta vez han esperado hasta el sábado para reivindicarlo por las calles de Santander, en una manifestación que ha hecho un recorrido algo diferente a lo habitual, adentrándose en calles comerciales y llamar la atención a quien se pase por el centro de la ciudad un sábado por la mañana para hacer compras.

Se da la circunstancia de que la fecha de la movilización ha coincidido con la presencia en Santander del portaaviones Juan Carlos I, atracado en el Puerto y disponible para ser visitado durante todo el fin de semana. El nombre de esta embarcación de guerra también ha sido motivo de crítica por parte de los manifestantes.

La guerra en Irán y Líbano o la vivienda también han sido temas que los activistas han traído a colación, para significar que los problemas que tenemos no se reducen, únicamente, a un cambio de Monarquía por República, sino que hacen falta políticas en otras temáticas también.

Tras el recorrido, la manifestación alcanzaba otro punto significativo de la ciudad como es la Plaza de Alfonso XIII, donde está el edificio de Correos, y que tiene una estatua dedicada a otro monarca de la familia Borbón, concretamente el bisabuelo del actual rey Felipe VI.

Allí se procedía a la lectura del manifiesto, donde se subrayaban los 95 años que han pasado desde que se proclamara la II República, «que abrió un horizonte desconocido hasta entonces de esperanza de un futuro mejor, más justo y equitativo, y de liberación de un sistema caciquil. Un país donde las personas pudieran acceder a la educación y la cultura, con oportunidades y libertades». Sin embargo, esa oportunidad de lograr progresar hacia una sociedad más igualitaria terminó de forma abruta en 1936 con el golpe de Estado militar encabeza por Francisco Franco.

El manifiesto también lamentaba que el fin de la dictadura no trajo una ruptura democrática, sino una «transición tutelada que dejó intactas muchas estructuras del régimen anterior». Y en esa transición se elaboró la Constitución vigente, «donde se introdujo de manera artificial la Monarquía parlamentaria como forma de Estado, hurtando de manera artera al pueblo español la posibilidad de elegir mediante referéndum la forma de Estado». Una Monarquía que terminó de consolidarse con el intento de golpe de Estado del 23F de 1981 «por parte de elementos fascistas del Ejército, donde la Corona jugó un papel predominante para dar una salida controlada a la crisis, consolidando así el nuevo modelo político».

Resaltaban los convocantes que, desde la transición hasta ahora, «las condiciones económicas y materiales de la clase trabajadora no han dejado de empeorar, con el desmantelamiento paulatino del estado de bienestar, la precarización del empleo y la pérdida de derechos laborales. La inflación de los precios de la energía, de productos básicos, hace que cualquier subida salarial sea insuficiente ante la pérdida del poder adquisitivo».

Ese desmantelamiento se trasluce en la privatización de servicios públicos esenciales para el bienestar de las y los trabajadores como sanidad, educación o pensiones, que sigue avanzando, debilitando lo público, denunciaban, poniendo como ejemplo casos como el de las muertes de personas en residencias, o los accidentes en el ámbito laboral.

Por esta manifestación trataba de ser también una reivindicación de los derechos de la clase trabajadora como auténtica sostenedora de un sistema económico que la castiga empeorando las condiciones laborales en aras del beneficio económico. Y esto lleva a elevar las dificultades de muchas familias para poder tener una vivienda digna. «La falta de una política efectiva que garantice el derecho a una vivienda digna, ya sea en régimen de alquiler o en propiedad, se ha convertido en una quimera para amplias capas de la población», decían.

Con todo esto, a muchas personas les ha llegado el momento de lidiar con su salud mental, porque parecemos sumidos en una época donde las frustraciones aparecen más a menudo y no siempre es fácil gestionarlas con eficacia.

El manifiesto también hacía referencia a la represión que se sigue aplicando, hoy en día, contra activistas y sindicalistas, aplicando la ley mordaza. «Cantantes como Pablo Hasél han sido encarcelados por expresar una opinión crítica. Esto evidencia que la República no es solo una cuestión simbólica, sino una necesidad para avanzar en derechos humanos y sociales».

También se recordaba que España, hace justo 40 años, votó en un referéndum por la permanencia en la OTAN, y se señalaba que «el pueblo español tuvo que soportar condiciones de intoxicación mediática y presiones internacionales para aceptar la permanencia en esta organización». Y hacían esta denuncia en un momento donde el escenario bélico es parte de la actualidad que consumimos cada día. Muchos frentes abiertos, y algunos de ellos parecen poner en serio riesgo la estabilidad, a todos los niveles, de muchas o casi todas las sociedades humanas. Mientras sucede esto, lo que se amplía es la inversión en armamento y se recorta derechos sociales. «España participa en estas dinámicas, alineándose con intereses geopolíticos ajenos a los de la mayoría social», se afirmaba en el manifiesto.

Por eso se quería recordar el carácter pacifista de la II República española. «Caminar hacia una República no es un tema de nostalgias del pasado. Es el futuro que queremos construir, una democracia donde la ciudadanía pueda decidir todo, desde la forma de Estado hasta las políticas económicas y sociales». Es decir, que desean una III República, pero no de cualquier tipo.

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