«Entienden por colaboración público-privada cederle a la privada lo que podríamos y deberíamos hacer en la pública»

Antonio Jiménez fue jefe de Neumología de Valdecilla. Aunque no nació en Cantabria, ha sido testigo de la gran relación de la sociedad civil con el hospital de referencia de la Comunidad. Ahora ve con preocupación lo que está sucediendo con un programa como Cohorte Cantabria, que puede servir para la cesión de datos de vital importancia a una multinacional estadounidense que tiene detrás a un gigante como BlackRock
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Hay veces que las buenas ideas cambian por el camino y acaban siendo algo que sirve a unos determinados intereses. Esta es una sensación abierta tras la noticia de que Cohorte Cantabria, un proyecto al que se han apuntado más de 50.000 personas voluntarias en Cantabria para la recogida de muestras para que haya una investigación de gran tamaño identificando características del genoma de esos pacientes y tratando de ver vinculaciones con enfermedades, puede acabar vendiendo los datos y muestras recabadas a una multinacional estadounidense, de nombre Regeneron Pharmaceuticals.

Antonio Jiménez fue jefe de Neumología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y está muy familiarizado con este proyecto. Suscitó mucho interés cuando comenzó, hace cinco años. Era algo muy ambicioso y tenía detrás un espíritu de búsqueda científica, tratar de observar y descubrir cosas que sirvieran para mejorar los tratamientos que reciben los pacientes, detectar por qué en unos casos una determinadas enfermedad produce unos efectos y en otros desencadena otras consecuencias, y tratar de anticiparse al desarrollo de una patología concreta. Un proyecto público tratando de mejorar la atención sanitaria, en definitiva.

Jiménez explica, en una entrevista concedida a EL FARADIO, que la gran acogida de Cohorte Cantabria entre la población se ha dado por la gran identificación que existe entre la población y el hospital de referencia de la Comunidad. La participación de voluntarios en estos cinco años equivale a toda la población de Torrelavega, y eso que sólo estaba abierto a población entre 40 y 70 años.

Lo que este doctor ve es que ahora las normas del proyecto han cambiado. Ya no son las mismas que cuando esto empezó. Y es que ahora se está negociando para que la explotación de esos datos se haga en laboratorios estadounidenses privados. «Lo que se quiere mandar son datos que se llaman anonimizados o pseudonimizados. Anonimizados significa que lo que se manda es imposible de relacionarlo con un nombre concreto. Pseudonimizados, que lo que se manda se puede relacionar con un nombre concreto, pero eso está en una base de datos aparte a la que sólo tiene acceso el propietario», afirma.

Sin embargo, los voluntarios de Cohorte Cantabria firmaron un consentimiento informado que era bastante «exhaustivo», en línea con lo puntilloso que es el Reglamento General de Protección de Datos, que España ha incorporado de la Unión Europea. En ese consentimiento informado, según Jiménez, no se decía que la investigación podía «tener fines comerciales», aunque tampoco se negaba, que es a lo que podrían agarrarse en un futuro.

Aunque haya determinados parámetros éticos que se puedan cumplir, Jiménez cree que Regeneron «va a ganar dinero con nuestros datos, seguro». Señala que BlackRock, la empresa que, en tan sólo cuatro décadas, se ha convertido en el mayor fondo inversión del mundo, está detrás de esta multinacional sanitaria (como está también en el accionariado del Banco Santander). En opinión del médico, habría que rehacer el consentimiento informado para explicar con claridad a quien aporta datos sanitarios al proyecto qué es lo que puede pasar con esos datos, dónde pueden acabar, qué se puede hacer con ellos y qué retorno puede tener para el voluntario o voluntaria y para la sociedad en general.

Todo esto ocurre en aplicación de ese concepto que oímos a menudo al Gobierno de Cantabria: colaboración público-privada. Lo público no cuenta con los suficientes recursos para llevar a cabo proyectos de gran tamaño y por eso hay que acudir a empresas privadas para poder acometerlos. Es algo que Jiménez rechaza tajantemente. Asegura que el Centro Nacional de Análisis Genómico de Barcelona tiene 12 máquinas como las que utiliza Regeneron, y cada una puede procesar ocho genomas al día. Ya tienen miles analizados, participa en centenares de proyectos de investigación y publica en las mejores revistas científicas del mundo. Y es totalmente público. Es decir, que sí hay capacidad de hacer cosas.

En el caso de Cantabria, Jiménez cita declaraciones del consejero de Salud, César Pascual, en las que afirmaba que la Comunidad no tiene la capacidad de computación para poder analizar los datos de Cohorte, que eso sólo está al alcance de las mayores empresas estadounidenses y chinas. Sin embargo, España, relata el doctor, tiene 11 nodos de supercomputación, el situado en Barcelona como el de mayor capacidad, pero uno de esos 11 está en el Instituto de Física de Cantabria. Literalmente aquí.

Por eso Jiménez cree que el consejero «o está engañando, o es un ignorante que no merece estar en ese puesto». Resalta que ese Centro Nacional de Análisis Genómico tiene un plan a diez años vista y que la inversión que se hace en él es menor que el dinero que va a entregar cada año el Gobierno de Cantabria en Santa Clotilde. De nuevo, la colaboración público-privada. El desarrollo de un centro de investigación público como el de Barcelona logra atraer proyectos de investigación, y aquí serviría para un desarrollo más profundo de la actividad de la Universidad de Cantabria y del IDIVAL. «No tendríamos que depender de ningún laboratorio extranjero», asegura.

«Entienden por colaboración público-privada cederle a la privada lo que podríamos y deberíamos hacer en la pública». Es la conclusión a la que llega este exjefe de Neumología de Valdecilla. El concepto aparece sin cesar en documentos del propio Ejecutivo cántabro y es lo que llevan a cabo.

Existe otro proyecto, de nombre VALDATA, que camina paralelo a Cohorte Cantabria, que también cuenta con el trabajo del IDIVAL, aunque depende del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, y que serviría para potenciar la utilización de datos clínicos. Probablemente, un proyecto así debería estar liderado por el Ministerio de Sanidad, por hablar de datos de índole sanitaria (Nota del Redactor: es el proyecto al que se refiere la pregunta lanzado en el minuto 40 del vídeo, y no IMPaCT).

Pero Jiménez aporta a la conversación otro proyecto que podría ser el perfecto colaborador de Cohorte Cantabria, que es IMPaCT. Este se lleva a cabo en toda España, en  todas las Comunidades Autónomas, parte del Instituto de Salud Carlos III y trata de alcanzar una base poblacional genómica de 200.000 personas, pero con base en los centros de salud, no en un sólo centro de referencia como Cohorte Cantabria en Valdecilla. Eso ya supone que es un proyecto más cercano a la ciudadanía.

Cuando ese proyecto se presentó en Cantabria, 2023, contaba con la intención de colaboración de Cohorte Cantabria. Instituciones públicas trabajando juntas con un fin mayor científico y sanitario. Parecía un plan muy interesante, porque los dos proyectos, que tienen diseños distintos, sí podían complementarse, por tener el genoma como base de estudio. El consejero de Salud parecía estar de acuerdo (y también hubo elogios por parte de la alcaldesa de Santander). En febrero de 2026, se ha vuelto a hacer una presentación de IMPaCT en Valdecilla, «con el salón de actos lleno», y se ha vuelto a hablar de lo interesante que sería la cooperación entre ambos proyectos. Y justo después, aparece la noticia de Regeneron.

Jiménez cree que un andamiaje tan complejo y profundo como el de la Sanidad pública, o una joya como Valdecilla, o un proyecto del calado de Cohorte Cantabria o IMPaCT, son cosas que cuesta menos mantener que destruir. La colaboración entre proyectos, poniendo datos en común, es algo que puede ser de mucha ayuda para entender por dónde caminamos (por cierto, IMPaCT colabora con un proyecto europeo que pretende tener el genoma de más de un millón de ciudadanos), cuáles pueden ser los retos sanitarios del futuro y de qué manera la investigación científica y sanitaria puede servir mejor a la ciudadanía. Una empresa privada, por muy puntera que sea y por muy buenos profesionales que tenga, siempre tiene un ojo puesto en su beneficio económico y en su cotización en Bolsa.

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