La mejor banda homenaje a The Doors del mundo, The Doors in Concert, desembarca en Escenario Santander este jueves
Este jueves, 23 de abril, el Escenario Santander abre sus puertas a una de las noches más especiales de su temporada. The Doors in Concert llegan a la ciudad como parte de su gira española, con paradas también en Nájera, Zaragoza o Valladolid, para ofrecer algo que va mucho más allá de un repaso a los grandes éxitos de la icónica banda del poeta Jim Morrison. El espectáculo que veremos esa noche es una recreación minuciosa y apasionada de lo que fue un concierto real de The Doors en su época de mayor intensidad, incluyendo las mismas canciones, los mismos instrumentos de la época, los teclados de Ray Manzarek del 66, la mítica Gibson de Robby Krieger o el micrófono Electro-Voice cromado del “Rey Lagarto”, que aún huele a Venice Beach. Traen en su mochila dorada de sueños y versos la misma oscuridad cálida y mística que hacía que el público sintiera que el suelo se movía bajo sus pies y que la percepción de la vida podía cruzar umbrales prohibidos y puertas abiertas de par en par. Santander, ciudad que siempre ha mirado al mar como quien espera que llegue algo desde el otro lado, parece el escenario perfecto para una banda cuya música lleva décadas prometiendo exactamente eso.
Tuve la suerte de hacerles algunas preguntas antes de que llegasen a Santander, que como una Ítaca los espera, y lo que me encontré al otro lado no fue el entusiasmo profesional de una banda de versiones, sino la convicción serena de quien sabe que está custodiando algo sagrado.
— Hay algo de declaración de intenciones —casi una reivindicación— en vuestra banda. Los conciertos en directo de The Doors tenían una impureza cruda y hermosa que ninguna grabación de estudio podría contener jamás. ¿Qué tiene el escenario que hace que todo sea más real? ¿Qué recorre vuestro cuerpo cuando interpretáis, con una precisión casi quirúrgica, canciones que cambiaron el rock para siempre?
— Creemos que cuando tocas música en directo junto al público ocurre algo sinérgico. No sabes del todo hacia dónde va. Por supuesto, hay un esquema de la canción que sigues, pero con The Doors siempre hubo mucho espacio para la improvisación, y es ahí donde puede surgir algo verdaderamente único y puro. Ese tipo de sinergia solo existe cuando vives y das forma a la música junto al público en tiempo real.
— Jim Morrison solía decir que The Doors eran un ritual chamánico disfrazado de banda de blues. Vosotros recreáis ese ritual cada noche. ¿En qué momento del concierto sentís que cruzáis al otro lado? ¿Cuándo dejáis de ser músicos y os convertís en otra cosa… quizás en médiums?
— No hay un momento concreto. Creamos una lista de canciones que sentimos que encaja con la energía de la noche, y dentro de esas canciones hay momentos en los que algo cambia. Depende mucho de cómo transcurre la velada. Algunas noches fluye con más facilidad que otras, pero siempre es especial. Cada persona lo vive de manera distinta, tanto dentro de la banda como entre el público.
— Las máscaras, la ficción, las mentiras y la verdad forman parte del universo poético de The Doors. Soy actor —he pasado tres décadas aprendiendo a mentir con verdad—. ¿Qué se siente al ponerse esa máscara en cada actuación?
— En realidad no lo vemos como una máscara. Claro que tocamos música del pasado, pero no nos parece una imitación. Creemos en lo que hacemos y en lo que tocamos, tanto dentro como fuera del escenario. Al mismo tiempo, si lo piensas bien, todo el mundo lleva una especie de máscara en la vida. Nos ayuda a movernos por el mundo. En ese sentido, quizás la banda funciona de manera similar.
— Ray Manzarek habló del encuentro con Morrison en Venice Beach como una especie de Big Bang. ¿Tuvisteis vuestro propio momento fundacional? ¿Una “playa” —real o metafórica— donde algo se encendió y supisteis que esto era más que una simple banda?
— Danny (voz) y yo (Willem, órgano) nos conocimos el 14 de marzo de 2009 en Stairway to Heaven, un bar de rock en Utrecht. Habíamos estado en contacto a través de las redes sociales para formar una banda tributo a The Doors. Esa noche fue el punto de partida. A partir de ahí, todo fue creciendo poco a poco hasta lo que es hoy, dieciséis años después.
— ¿De dónde viene vuestra pasión por The Doors? ¿Cuál fue la primera grieta?
— Es diferente para cada uno de nosotros, pero en mi caso viene de mi crianza. Mis padres crecieron en esa época, así que desde pequeño estuve rodeado de esa música. Siempre me llegó. Empecé a tocarla en el piano y, con el tiempo, eso se convirtió en una pasión más profunda.
— Morrison era poeta antes que letrista, y se nota —hay una densidad literaria en sus canciones que pocas bandas han alcanzado jamás—. Como intérpretes de su legado, ¿os sentís también custodios de esa poesía?
— Absolutamente. Es una de las principales razones por las que hacemos esto. Queremos mantener vivo el legado de The Doors, incluida la poesía de Jim Morrison, porque ha significado muchísimo para nosotros y todavía puede significar algo para nuevos públicos que descubren a la banda, a veces a través de nosotros. Llevar eso adelante nos parece un honor.
— Cada noche, Danny se mete en la piel de una de las figuras más complejas y autodestructivas del rock. ¿Cómo se sale de Jim Morrison después de un concierto? ¿Hay algún ritual para volver… o siempre queda algo de él?
— Creo que algo siempre queda. Hay que bajar de ese estado después de un concierto y cuidarse. A veces sale bien, otras veces menos. Pero bueno, “Nadie sale vivo de aquí…”.
— The Celebration of the Lizard fue una pieza que ni los propios Doors lograron domesticar del todo en directo. Vosotros os atrevéis a interpretarla. ¿Qué significa adentrarse en un territorio que incluso sus creadores consideraban peligroso?
— No estamos del todo de acuerdo con eso. The Doors sí interpretaron The Celebration of the Lizard muy bien en directo. El problema fue que Elektra no la consideró suficientemente comercial para lanzarla completa, lo que fue una gran decepción para Jim. Se podría decir que eso también afectó a la dinámica interna de la banda a partir de entonces. Dicho esto, es una pieza extraña y peligrosa, y precisamente eso es lo que hace que sea tan emocionante de interpretar. Engancha de verdad al público y refleja la dirección más oscura que estaban explorando The Doors.
— Santander os recibirá con el mar Cantábrico a sus espaldas —una ciudad que lleva siglos mirando hacia un horizonte incierto—. The Doors hablaban de “break on through to the other side”. ¿Creéis que hay ciudades —geográfica o espiritualmente— más cercanas a ese “otro lado”?
— No necesariamente. Al fin y al cabo, todos somos parte de lo mismo. Así que, en lugar de centrarnos en lugares concretos, preferimos centrarnos en la experiencia compartida aquí, en el planeta Tierra.
Noticias relacionadas:
- Espacio Jándala concentra tres días de programación cultural con música, poesía y mercado literario en Pedreña
- ‘Palabras rotas’ llega a Octubre con una reflexión sobre el miedo y las heridas del autoritarismo
- Smolny acoge este viernes un debate sobre la vivienda como derecho o negocio
- Periodistas y comunicadores abordarán en Cantabria cómo transformar las narrativas frente al discurso de odio