«La Libre es una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar»
La Libre es uno de esos espacios de la ciudad de Santander donde se respira cultura alternativa y se aspira a tener una comunidad cada vez más fuerte gracias a las aportaciones de sus socios. Uno de ellos, Tomás González, nos cuenta cómo se han vivido los últimos meses en este lugar, siempre acogedor y donde se da la oportunidad a quien quiera de organizar eventos y conversar para poner pensamientos en común.
Hace unos meses se encendió la alarma en esta librería de la Rampa de Sotileza de Santander, un lugar donde llevan 15 años. Las dueñas del local tenían la necesidad de venderlo, pero no por discrepancias con La Libre. Precio:150.000 euros, una cantidad inasumible para un proyecto de este tipo. Tener que cambiar de ubicación hubiera sido una dificultad muy preocupante. Pero apareció gente cercana al proyecto que hizo frente a ese precio, con lo que el local queda ya en manos de La Libre. Una gran suerte. Pero ese préstamo debe ser devuelto. Para ello, La Libre va a abrir una campaña de crowdfunding con el objetivo de recaudar esa cantidad y devolvérsela a quienes han dado el paso para facilitar que La Libre perviva.
González cuenta, en una entrevista concedida a EL FARADIO, que esa decisión de las propietarias de vender el local les pilló «un poco de sopetón». Eso fue en diciembre del año pasado. En enero se convocó una asamblea para explicar la situación a quienes están, de un modo u otro, cerca y pendientes de La Libre. Una situación que vivieron «con mucho estrés, con mucho miedo», dice.
Ahora, ya con un poco más de alivio, se necesita devolver el favor y para ello han elegido el crowdfunding como fórmula. Se hará a través de la plataforma ‘Mi grano de arena’, ya conocida por campañas de apoyo a proyectos como este, donde son personas, altruistamente, las que lo mantienen en marcha, sin cobrar un sueldo, como recuerda González. Al tratarse esta campaña de una donación a una entidad sin ánimo de lucro, después se puede desgravar en la Declaración de la Renta, lo que facilita que se puedan sumar más personas para este necesario apoyo.
Este próximo lunes, 27 de abril, se ha convocado una rueda de prensa en la librería, a las 11 de la mañana, para hablar de todo el proceso y la manera de sumarse al apoyo. Será el 1 de mayo la fecha de comienzo de la campaña de crowdfunding. Además, han abierto una cuenta en Instagram para que más gente pueda conocer el proyecto, con el eslógan ‘La Libre se queda’.
González dice que este momento tan difícil al que La Libre se ha visto expuesta puede ser también «una oportunidad para darnos a conocer y para crecer y relacionarnos aún más», esperando que muchas personas se enteren de cómo funciona La Libre, que se enteren de lo que ha pasado y de la necesidad que hay de recaudar y que se animen a apoyar.
Este socio del proyecto habla sobre su relación con La Libre y destaca, en primer lugar, que no se puede ver como un negocio, sino como «una casa de todos». Refuerza esta idea el hecho de que se sostenga gracias a las cuotas de los socios. «Forma parte de lo que llamamos la edición, distribución de materiales alternativos, editoriales independientes, que pone a disposición del público textos que ponen en cuestión el sistema establecido de alguna u otra manera, libros sobre ecología, feminismos…», relata. Es por eso que en sus estanterías hay ejemplares que difícilmente se podrían encontrar en otros espacios literarios de Cantabria.
González la describe como «una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar» y de relacionarse o comprometerse. Y como centro social, dice que es «un espacio donde cualquier persona que tenga unas inquietudes pueda desarrollar una charla, un taller, la presentación de un libro, una reunión de tu colectivo…».
Cuenta que conoció la librería al poco de nacer, hace ya un cuarto de siglo. Primero estaba en la calle Cisneros. «Era un pequeño local, poco más grande que una habitación de un piso», al que se llegaba después de atravesar un patio interior. Un lugar donde nadie podría pensar que había ni un comercio, ni una tienda ni una librería. «Había ahí cinco estanterías apretadas llenas de libros», recuerda.
Para él fue un cambio, un amor a primera vista. Al final de su adolescencia, La Libre le ayudó a construirse su propia conciencia política. Él, que no vivía en Santander, empezó a ir a la capital sólo por ir a la librería. Cuando se convirtió en un proyecto asociativo, no dudó en apoyar económicamente y ser, hasta hoy en día, en un miembro más de la comunidad. Al mudarse al local donde están ahora, los propios socios se pusieron el mono de trabajo para hacer los arreglos necesarios para dejar el lugar como una librería y un espacio acogedor. «Sentí que no estaba solo en el mundo, sino que había tejido y que había un espacio en el que yo podía ir y encontrarme con otras personas que también tuvieran estas inquietudes», explica.
Lugares como La Libre le parecen a González más importantes que nunca. «Estamos en un momento complicado a nivel global y a nivel local. Los movimientos sociales están un poco de capa caída, la situación política mete miedo mirar hacia ella», afirma. Por eso cree que «necesitamos de estos espacios físicos donde discutir y donde seguir formándonos». Una vez se cierre la campaña de crowdfunding, La Libre ya no vivirá con la necesidad de pagar un alquiler ni depender de las decisiones de una propiedad. Es una forma de fortalecer el proyecto. González dice que»La Libre lo ha hecho muy bien estos años. Siempre se puede hacer mejor y estamos en eso, a ver cómo lo hacemos mejor».
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