Lo que ha cambiado es la dirección del viaje

Tiempo de lectura: 6 min

|| Javier Mínguez Herrero||

A los contemporáneos de Santander para quienes quedarse y prosperar dejaron de ser lo mismo.

«Ya no te espero en Puerto Chico, frente a Peña Cabarga, ni en la Filmoteca Mario Camus.»

Santander aprendió a cantarse a sí misma con una habanera. La ciudad de Chema Puente era marinera, paciente y hospitalaria.

Un siglo antes, José María de Pereda había contado esa misma ciudad a través de Silda. Sotileza no tuvo que elegir entre Santander y su futuro. Ambas cosas eran la misma. Su identidad marinera no era un refugio sentimental; era el lugar desde el que podía construir una vida.

Quizá por eso hoy la canción suena distinta. Leo pertenece a otra Santander.

Leo nació mucho después de que Pereda escribiera Sotileza y de que Chema Puente convirtiera Santander en una habanera. Es STV. De las que conocen el calendario de las mareas casi tan bien como el académico. Ha pasado veranos enteros entre las playas de la ciudad y buena parte de sus años universitarios cambiando de biblioteca con los apuntes bajo el brazo y un futuro todavía por escribir. Me enseña su firma, grabada con quince años sobre un cemento que todavía no había secado del todo. La ciudad ha conservado esa huella. Ahora queda por saber si sabrá conservar también a quien la dejó.

En la Universidad de Cantabria estudió Economía. Allí descubrió el placer de investigar y comprendió que quería dedicarse a ello. Su próximo destino llegará de la mano de un Erasmus Mundus, una oportunidad que la llevará a continuar su formación en distintas universidades europeas.

Y, sin embargo, hay una pregunta que permanece. No es si Leo hace bien en marcharse. Es si Santander tiene un proyecto capaz de convencerla de volver. Leo no se marcha porque haya dejado de querer Santander. Se marcha precisamente porque quiere seguir creciendo. Como tantos otros jóvenes, ha acumulado años de estudio, idiomas, esfuerzo y expectativas que ya no encuentran aquí un horizonte suficiente. Busca universidades, otras lenguas, otras bibliotecas, otros museos, otras conversaciones.

Su historia ya no parece excepcional. Cantabria ha aprendido a formar talento. Lo que aún no ha aprendido es a retenerlo. La OCDE sitúa a la comunidad por encima de la media española y europea en población con estudios superiores: el 43,6 % de los cántabros posee educación superior, frente al 39,6 % de España y el 32 % de la Unión Europea.

Pereda escribió sobre una generación para la que pertenecer y prosperar eran lo mismo. La ciudad podía sostener la vida de quienes nacían en ella. El puerto era trabajo antes que paisaje. La comunidad era un proyecto compartido antes que un recuerdo.

La generación de Leo ha heredado otra realidad.

Cada año, la Universidad de Cantabria y otros centros forman a jóvenes preparados para investigar, emprender o innovar. Muchos lo consiguen. Solo que lejos de aquí. No es casualidad que Cantabria registrara en 2023 la segunda tasa de emancipación juvenil más baja de España: apenas el 13,9 % de sus jóvenes vivían fuera del hogar familiar. Quedarse, incluso para quienes desean hacerlo, se ha convertido en una posibilidad cada vez más difícil.

Amar Santander y construir un futuro profesional ya no siempre recorren el mismo camino.

Quizá esa sea la transformación más silenciosa de la ciudad.

Lo que puede perder Santander no es a Leo. Es la posibilidad de compartir con ella su futuro.

Porque la identidad marinera nunca consistió únicamente en barcos, redes o mareas. Consistía en la posibilidad de hacer una vida completa sin abandonar la bahía. El mar era un medio de vida, no solo una postal.

Mientras caminamos, Leo va señalando la ciudad como quien recorre un álbum familiar. Allí vivía su abuela cuando ella era niña. Un poco más adelante estaba su guardería. Reconoce fachadas por los colores que tuvieron antes de ser repintadas y recuerda comercios que ya no existen. Después nos detenemos frente a una casa blanca de la calle Fernando Calderón. Dice que siempre imaginó vivir en una de ellas: un balcón desde el que ver cambiar la luz sobre la bahía, una cocina orientada al norte, una biblioteca junto a una ventana que tiemble con el viento sur.

Durante unos instantes ese futuro parece existir.

Después desaparece.

No porque haya dejado de ser posible, sino porque cada vez le resulta más difícil creer que pueda construirse aquí.

En junio de 2026, el alquiler medio en Santander alcanzó los 12,1 euros por metro cuadrado, el máximo de la serie histórica registrada por Idealista.

La casa sigue ahí.

Lo incierto es quién podrá permitirse habitarla.

Mientras Santander se prepara para recibir más visitantes, más cruceros y más terrazas llenas frente a la bahía, cabe preguntarse qué espacio reserva para quienes nacieron aquí y quieren desarrollar aquí una carrera, formar una familia o emprender un proyecto.

No hay contradicción entre abrir la ciudad al mundo y retener su talento.

La contradicción aparece cuando Santander parece haber aprendido mejor a alojar visitantes que a dar razones para quedarse.

La habanera de Chema Puente sigue sonando en las fiestas y vuelve a escucharse cuando El Sardinero celebra un gol del Racing, hoy con Iñigo Vicente conduciendo el contraataque y Villalibre rematándolo. Sotileza continúa ocupando un lugar privilegiado en la memoria cultural de Cantabria.

Lo que ha cambiado no es el paisaje.

Lo que ha cambiado es la dirección del viaje.

Quizá esa sea la diferencia entre la Santander de Sotileza y la de Leo.

Silda nunca tuvo que preguntarse si pertenecer implicaba renunciar a prosperar.

Leo sí.

Cuando haga las maletas, Leo volverá en Navidad, en verano, quizá algún fin de semana largo.Seguirá diciendo que es de Santander.

Pero volver unos días no es lo mismo que quedarse.

Pereda dedicó Sotileza «a mis contemporáneos de Santander que aún vivan». Ciento cuarenta años después, la pregunta ya no es cuántos siguen vivos. La pregunta es cuántos podrán seguir viviendo aquí.

Silda heredó una ciudad donde pertenecer era también una forma de prosperar. Leo sigue perteneciendo a Santander; lo que ya no sabe es si Santander seguirá perteneciendo a su futuro.

Fuentes:

Consejo de la Juventud de España (2024). Observatorio de Emancipación. Segundo semestre de 2023. Disponible en: https://www.cje.org. Datos difundidos por Europa Press: Europa Press: Cantabria tiene la segunda tasa de emancipación más baja de España (13,9 %).

https://www.europapress.es/cantabria/noticia-cantabria-tiene-segunda-tasa-emancip acion-mas-baja-espana-139-20240812205754.html?

Idealista. Informe de precios del alquiler en Santander. https://www.idealista.com/sala-de-prensa/informes-precio-vivienda/alquiler/cantabria/ cantabria/santander/?

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). *Rethinking Regional Attractiveness in Spain’s Cantabria Region* (2023). https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2023/05/rethinking-re gional-attractiveness-in-spain-s-cantabria-region_9cea308a/30afc118-en.pdf?

Mostrar comentarios [0]

Comentar

  • Este espacio es para opinar sobre las noticias y artículos de El Faradio, para comentar, enriquecer y aportar claves para su análisis.
  • No es un espacio para el insulto y la confrontación.
  • El espacio y el tiempo de nuestros lectores son limitados. Respetáis a todos si tratáis de ser concisos y directos.
  • No es el lugar desde donde difundir publicidad ni noticias. Si tienes una historia o rumor que quieras que contrastemos, contacta con el autor de las informaciones por Twitter o envíanos un correo a info@emmedios.com, y nosotros lo verificaremos para poder publicarlo.