Una flauta muy mágica. Mozart revivió en una gran gala de inauguración del 75º FIS. Brillante, juguetona, impactante, bella… y a 23º en sala

Mozart, Reina de la Noche, Tamino
La flauta mágica – Ópera – Sala Argenta – Inauguración 75º FIS – 3 de agosto – 20:00 horas

Papageno, Tres damas, Mozart y Tamino
Un telón anuncia en alemán con letras góticas de 1791: Zauberflöte. Se levanta este primer telón; se leen frases en otro que recuerdan los últimos días de Mozart; se oyen toses, caballos y vientos mientras suena la obertura. Aparece en el escenario un personaje que es bueno reconocer previamente: el propio Mozart en una cama y con un piano cercano. A su alrededor van surgiendo los personajes y objetos esenciales en la obra. Un reloj marca las horas y será un referente durante casi tres horas, un objeto con vida propia que anuncia tempestades y bonanzas girando en todos los sentidos, a veces trastocados. Su importancia es tal que muchos alabamos al constructor de este ingenio que da sentido al tiempo en esta producción y al tiempo de Mozart (este vivió en pleno siglo XVIII -1756-1791-, con lunas y soles como marcadores del tiempo en su Salzburgo natal y en una ya ciudad como Santander). Die Zauberflöte (La flauta mágica) se estrenó en Viena el 30 de septiembre de 1791; Mozart estaba con fiebres y rodeado de su familia.
La propuesta escenográfica se aleja del mundo egipcio del libreto y -pareciendo sencilla- es todo un encaje visual dinámico en la sucesión de números y recitados: luces, imágenes de video en blanco y negro, armarios y mesas con doble entrada y una biblioteca que va y viene, separando escenas o haciendo de torno para la entrada de gentes del templo. Felicitar a Harold Thor por una propuesta diferente y moderna, muy moderna.
Con la Orquesta Sinfónica Freixenet en el foso, dirigida por un delicado y preciso director como es David Afkham, todo fluía y se empezó a escuchar la voz de Tamino (Javier Camarena) y de las tres damas de la Reina de la Noche: las cántabras Marina Pardo -mezzo- y Sofía Gutiérrez-Tobar -soprano- y la argentina Mercedes Arcuri (soprano). Un trio que triunfó vocal y actoralmente, dando vida con humor a los pasajes en los que intervinieron.

9 esclavos, Mozart, Pamina y Papageno
Contar el argumento resumido de la obra es imposible, pero se puede intentar. La Reina de la Noche está enfrentada a Sarastro, el señor del Templo de la Sabiduría. En medio, su hija Pamina, un príncipe que la persigue (Tamino), el malo de la función (Manostatos), tres sacerdotes y dos seres alados: Papageno y Papagena. Todo se complica, pero todo acaba bien. El director artístico de la producción -el tenor mexicano y muchas cosas más Rolando Villazón- añade las figuras de Mozart, su mujer Constanze y su hijo Carl Thomas. Con ello logra dar a la historia mozartiana un nuevo enfoque, muy colorido y con una estética que no para de generar bellos momentos visuales. Hay magia, ternura, comedia y tensión dramática. Todo es muy dinámico -como el propio artista- y con un resultado muy expresivo: se sienten cercanos los personajes con sus problemas y amoríos. Un 10 a lo artístico, lo mismo que a lo musical.

Orador, Mozart, Soldado, Patricia Cercas (Constanze)
Examinando al Reparto: Kathryn Lewek (Reina de la Noche), sobresaliente y poderosa, facilidad en su registro máximo de una soprano de coloratura dramática única; enmudeció de belleza al auditorio en sus dos grandes momentos estelares en las que tuvo que cantar desde las alturas; inconmensurable en su aria Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen (“La venganza del infierno hierve en mi corazón”). Frank-Joseph Zelig (Sarastro), sobresaliente y poderoso bajo, enamoró su voz. Theodore Platt (Papageno), sobresaliente de menos a más, acabó apoderándose del escenario con sus pájaros en la cabeza (curiosidad: Rolando Villazón ha sido varias veces Papageno, ahora jefe artístico en la obra). Emily Pogorelc (Pamina), sobresaliente de menos a más, se metió en su papel con rotundidad en el aria final “Ach, ich fühl’s, es ist verschwunden” (“Oh, lo siento, ha desaparecido”). Daniel Domínguez (Manostatos), sobresaliente y agitado en un papel malevo. Valeriano Lanchas (Orador y Primer sacerdote), sobresaliente cum laude para este barítono-bajo colombiano de gran aplomo escénico, voz poderosa y graves profundos. Sofía Esparza (Papagena), sobresaliente y pizpireta, alegró la sala con su espontaneidad. Vitus Denifl (Mozart), un saxofonista metido a actor que destacó en un papel difícil y con un ejercicio gimnástico final que impresionó. Patricia Cercas (Constanze), con su asistencia actoral a su marido acabó siendo la que llevaba la voz cantante sin cantar, sobresaliente y amorosa con hijos y Mozart por medio. Ivanna, Julia y Sofía (genios y muchachos), sobresalientes en su difícil tarea de actuar y cantar en alemán, ayudados por solistas subterráneos y su maestra de coro Samara Oruña.
El coro y Camarena: ¡Por fin hubo un coro en condiciones en el Palacio! La Academia Vocal de Cantabria lució actoralmente, supo moverse en el escenario con gracia y oportunidad, cantar desde el foso a veces de negro, a veces de blanco, en un agitado cambio de vestuario. Sobresalientes y bien dirigidos por Marco Antonio Diaz de Paz.
Y qué decir del gran cantante Javier Camarena (Tamino), sobresaliente de más a menos, con un fraseo impecable, un complicado trabajo escénico que resolvió con cara de muchacho de 20 años y con una roja flauta mágica en sus manos. Gustó en espera de papeles más exigidos.

Papagena y Papageno. Además: genios y Mozart
Sorpresas varias: Rolando Villazón llenó las escenas de guiños y toques personales. Se oyeron frases en español (“Que te den, Papageno”, “Poquito”…), el plano del templo era el de la ciudad de Santander, alguien tocando el bombo parecía David Broncano, 9 marionetas de tamaño natural y cabeza de emoticono sorprendieron divertentes como esclavos de Manostatos, globos saltarines, las andanzas imprevisibles del reloj, partituras volando y un Mozart que asciende a los cielos musicales después de fallecer en escena ante su apenada mujer. Vitus Denifl sube y sube y… de repente, se despoja de su mortaja mortuoria para aparecer colorido y volteador en el aire. Impacto final con el que se cierra la ópera y que manda un mensaje para este siglo XXI, también lleno de cambalaches: siempre querremos a Mozart (este aparece un momento después en un gran retrato de despedida).
Y casi al final, el gran impacto: el Lacrimosa del Réquiem de Mozart cantado por todos en torno a su figura en cama. Antes había sonado en el primer acto el principio de la Pequeña Serenata Nocturna, cuyos primeros compases encerraban un homenaje que Villazón y el Festival hacen al genio Wolfgang Amadeus.

11 minutos de aplausos y bravos 11
Para terminar: La flauta mágica es un cuento y una ópera hechos juego en el 235º aniversario de su primera representación por un artista como Villazón. Su versión está llena de mensajes positivos, con un plantel de cantantes de primer nivel y una representación en Santander que pide más óperas con esta categoría. Once minutos de aplausos lo confirmaron.
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