FIS 2M26 1 – Los Marcos Históricos tienen mucha Historia… y mucha Música. Una catedral con jazz y una iglesia con amores. Contrastes curiosos

Francesca Dego, violín Stradivarius
Dego / Carbonare / Taverna – Trío – Claustro catedral de Santander – 4 de agosto – 21:00 horas
Alguien dijo hace casi 60 años que “oír un concierto en el claustro de la catedral (de Santander) es sentirse trasladado a uno de los sitios más sensibles de Europa”. Exageró un poco (más bien, un mucho) cuando el lugar en pleno siglo XXI es receptor de todos los ruidos y voces exteriores, algo también muy sensible en un concierto de verano. Menos mal que el trio inaugural de virtuosos italianos procuró ofrecer con un clarinete, un violín y un piano músicas variadas de un siglo XX lleno de melodías dispares desde Michigan a Hungría, patrias chicas de dos de los compositores que se oyeron.

Alessandro Carbonare
El artista que dirigía el trio era un afamado clarinetista -Alessandro Carbonare (Desenzano del Garda, 1967)- con ganas de hacer llegar el sonido de sus dos clarinetes a un público repartido en dos, unos orientados al sur y otros orientados al este: el punto medio en una esquina sin orientación definida era un piano Yamaha tocado por Alessandro Taverna (Venecia, 1983). La violinista, un poco envidiosa, era Francesca Dego (Lecce, 1989), que puestos a mejorar la apuesta tocó con dos violines que intercambiaba, uno de ellos un Stradivarius.

Francesca, Alessandro T., Alessandro C.
La noche fue trascurriendo apacible con caprichos y allegros de Gian Carlo Menotti (1911-2007), que sonaron contrastados y juguetones (algo así como Pedro y el Oso Negro de Michigan en recuerdo de Prokofiev). El clarinetista mostró su calidad y virtuosismo en L’Histoire du soldat (Stravinsky, 1917), una pieza exigida y con un duelo “infernal” con la violinista con valses y danzas del diablo por medio; la violinista, según libreto, había salido del reino pacífico donde vivía para ser atrapada por el diablo. La paz llegó con el siguiente tercer tema de la velada: una interpretación jazzística de la ópera Porgy and Bess donde clarinetes y violines dejaron hueco al piano; ya tocaba, y tocó con ganas y ritmo un escondido Alessandro. Los tres acompasaron sus virtudes en los tres movimientos finales de Bela Bartok (Contrasts, 1938), danzas que terminaron en frenesí folklórico. Gustaron los esfuerzos por dar vida a músicas acaloradas.
Todo terminó bien (salvo que nadie explicó nada del programa y de las elecciones) y el trio se animó con dos propinas, explicadas con larga y detallada -es un irónico escribir- explicación: “Vamos a tocar música klezmer”, primera, “Vamos a tocar Poulenç”, segunda. Las gaviotas bailaban, el personal disfrutaba de Poulenç y su L’invitation au château, Mouvement de valse-hésitation. Quedaron inaugurados los marcos históricos 2M26 con buena e internacional música.

Josetxu Obregón, violonchelo
La Ritirata – Amor místico – Iglesia de la Asunción – Miera – 6 de agosto – 20:00 horas
“Ritirata” es una palabra que en italiano expresa retiro y refugio. Quizás por ello a La Ritirata (ensemble con 18 años detrás y con las calles nocturnas del Madrid de Boccherini como guía) le fue encomendada el tocar en uno de los pueblos más retirados y con más curvas de Cantabria: Miera y su pequeña y bella iglesia de la Asunción. No les avisaron que a las puertas del templo había una fuente sagrada, pero sus aguas y la virgen en las que apareció hace casi cuatro siglos velaron con un programa cariñoso: “Amor Místico” de los siglos XVII y XVIII.

Beatriz Oleaga
La Ritirata fueron en estas alturas pasiegas Josetxu Obregón (Bilbao, 1979) -violonchelo-, Daniel Oyarzabal (Vitoria, 1972) -órgano positivo- y Beatriz Oleaga (Madrid, 1987) -mezzosoprano-. La actriz Manuela Velasco completó la espiritual noche interpretando poemas de Juan de la Cruz (“Noche oscura del alma”), sonetos de Lope de Vega (“¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?”), versos de Teresa de Jesús (“Vivo sin vivir en mi”) y otros poemas amatorios de siglos místicos donde la fiebre interior iluminaba la pasión hacia un Dios que parecía insensible a bellas y profundas palabras. Compositores contemporáneos acompañaron con su música: Juan Hidalgo (1614-1685), Sebastián Durón (1660-1716) o Juan Manuel de la Puente (1692-1753). Se oyeron sus coplas y arias en la bella voz de Beatriz junto a otros temas de coetáneos italianos de la talla de Nicola Porpora, Antonio Caldara, Francesco Paolo Sopriano y Giovanni Felice Sances, italianos más preocupados de selvas, montes y arroyos, placeres y amores más mundanos.

Beatriz, Daniel, Josetxu, Manuela
Josetxu tocó embelesado con un violonchelo tirolés del 1800 que parecía llevarle a las alturas alpinas donde nació (el chelo, no Josetxu); retransmitía felicidad con gestos suaves, ojos cerrados y afinaciones sobre la marcha. Todo fluía con la ayuda y constancia del órgano de Daniel, un bajo continuo que subrayaba frases y lucía como solista en un pasacalles de Juan Cabanilles (1644-1712) que por el lugar era un pasamontañas. La mezcla entre españoles e italianos dejó tonadas bellas como Meninas de Portugal o la repetida propina “Esperar, sentir, morir” de Hidalgo. El tiempo pasaba cuando un reloj de iglesia sonaba con su timbre inequívoco, algo que corroboraba el encargado de vigilar desde el retablo (San Pedro con su libro de apuntes) la noche nada oscura de las almas, donde se juntaron amado con amada hasta la alborada (perdón, Juan de la Cruz, por parafrasearle), en lo que fue una noche más que “amable”. El amor -místico o no- es así y La Ritirata lo disfrutó e hizo disfrutar.