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Sigue la tormenta

9 de enero de 2016. POR

La pintura sólo es un pretexto. En realidad lo único que existe es el pensamiento. El pensamiento de la barbarie y de la sumisión. El pensamiento del mal y de su transigencia con él. Un pensamiento vertiginoso como el del esfuerzo enloquecido con el que hemos colaborado en nuestro propio exterminio.

Enzo Cormann. Sigue la tormenta.

 

Todo nos interroga y recrimina.
Pero nada responde.
Nada persiste contra el fluir del día.

José Emilio Pacheco. ‘Árbol entre dos muros’, de Los elementos de la noche.

 

Cuando todavía resuenan ecos navideños en la cabeza, antes de volver a la rutina, antes de sacudirnos el regusto dulzón de las metáforas, los tópicos y el roscón, Escena Miriñaque (nos regala) presenta la undécima edición de 2016 del Indifest. Desde esta misma tarde hasta el próximo 28 de febrero ocho compañías presentarán en la sala de la calle Isaac Peral una buena muestra del teatro más destacado de nuestro país.

No faltan viejos conocidos, como la compañía valenciana Pérez & Disla, que el año pasado sorprendiera con un montaje tan atractivo como intrépido en el que el espectador se veía envuelto en un inesperado proceso asambleario. El ritmo frenético, los diálogos ‘picados’ y unos actores solventes y perfectamente compenetrados satirizaban con ternura esta sociedad del espectáculo.

Del resto de espectáculos a concurso destaca la presencia de textos clásicos (Segismundo sueña… La vida es sueño 2.0) y la teatralización del imaginario cervantino: El Quijote y Las novelas ejemplares se representarán sucesivamente el último fin de semana de enero y el primero de febrero. El circo llegará de la mano de 13 Días, y el amplio menú (…la navidad) se abre esta tarde con un texto de Enzo Cormann soberbio: Sigue la tormenta.

Sigue la tormenta

Sigue la tormenta

Han pasado once años desde que Helena Pimenta levantara la primera adaptación en España de una obra escrita por Cormann en 1997.

No recuerdo dónde vi el montaje, pero como Machado sí recuerdo la emoción y el desgarro que transmitía un Walter Vidarte inmenso.

Recuerdo el escenario, desnudo, con armazones de madera que remitían a campos de concentración. Y recuerdo una luz tenue, tamizada por la luminosidad del texto.

Ese texto me persiguió durante años, esa partida de ajedrez resonaba al leer los ribetes de enfrentamiento generacional que encierra Maus, o la reciente Reikiavik de Juan Mayorga y su necesidad de diálogo.

En Los justos al señalar la culpabilidad por omisión, la feroz cobardía de la representación dominante, y también en el arranque de la espléndida El triángulo azul (¿llegará a Santander?), ya que comparten la misma interrogación, el mismo punto de partida: ¿qué puede hacer el teatro, o la música, o el arte frente a una realidad violenta?

Martha Nussbaum se refirió recientemente a la importancia que tienen las humanidades a la hora de crear individuos sanos moralmente, pero Enzo Cormann, discípulo de Shakespeare, nos interpela en sus obras: ¿acaso había en Europa sociedad más culta que la alemana de los años cuarenta?

Enzo Cormann duda de la utilidad del arte escénico escribiendo obras de teatro. Obras de teatro en las que el teatro es el tema central. Resulta paradójico, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que Enzo Cormann no se llama Enzo Cormann. Es sólo una máscara, y es que con sus obras muestra la importancia que concede al teatro para cambiar la sociedad.

Cormann se pregunta por el sentido de su oficio porque al hacerlo se está preguntando por el sentido de la vida. Ese desgarro se muestra en Sigue la tormenta por la continua lucha entre la palabra y la materialización escénica. Esa lucha alimenta el enigma y hace que se propaguen tormentas por los siglos. Cormann rompe lo previsto y consigue que en las representaciones teatrales de sus obras  se manifieste algo que va más allá del texto. Y eso, precisamente eso, es el teatro.


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