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Atletismo y verdad

13 de agosto de 2018. POR

||por FERNANDO AUSENCIA, cofundador de alas Ediciones||

Hay verdad en la línea de salida donde todos ellos se apelotonan, se tocan, se acarician distraídos atentos a la pistola, al humo, al estruendo, al grito. Hay verdad y reconforta, te hace sentir en casa, reconciliarte con los días que se empeñan en pasar a destiempo, ante un gentío que construye con las cenizas de otros un pequeño castillo dentro de un cenicero limpio de nicotina que perdura, pese a la marea, indefinidamente.

Porque hay verdad en las zapatillas sobre el asfalto, hay verdad cuando los clavos presionan las calles bajo las plantas de los pies humildes, cobijados en zapatillas amarillas, rojas, verdes, zapatillas que rugen de rabia, que chistan y nadie hay afuera para escuchar su queja, su forma de estar en el paso de las estaciones.

Hay verdad a la hora de correr

La hay, la hay en las lecciones, en los días laborables y en su impertinencia, hay verdad bajo los paraguas y la oscuridad de los complejos deportivos, bajo las pieles de nuevo regaladas, y como los regalos, pieles que uno no elije, que se encuentran caladas hasta los huesos mientras hay tendones que se retuercen, músculos que con descaro exigen su sitio, la sensibilidad propia de los cuerpos infantiles que se niegan a descubrir aún sus claves, su postura vital definitiva, hay verdad en todo ello.

Cuando los progenitores se apelotonan hay verdad en sus palabras, palabras que se intercambian mientras sueñan despiertos con gradas plagadas de hombres nuevos, de mujeres nuevas, de respiraciones nuevas, de fisonomías nuevas. Hay verdad pero no conviene despistarse, la verdad a veces se extravía cuando uno no se da cuenta.

Hay verdad en la poesía y hay también verdad en los rapsodas que abrazan la palabra sin brazos, que lo hacen silbando a los imberbes atletas del presente, porque no hace falta una rima para transformar la percepción de las cosas, no es necesaria la gramática para transformar la luna en algo distinto a un astro, porque no se necesitan frases manidas para hacer comprender que hay verdad en el compromiso de los que enseñan, que construyen hombres, mujeres, sin generar burbujas peligrosas que lo arrasan todo una vez han explotado.

Hay verdad en el cronómetro, en el tic tac de las agujas, en que competir es una forma de vida que rabia por encontrar su sitio, hay verdad que incomoda, hay verdad que defiende que participar no es suficiente, hay verdad en todo lo que no comprendemos, en las reglas escritas, en las reglas que nadie ha caligrafiado, pero que todos saben y ponen en práctica.

Hay verdad cuando los tacos, cuando la pértiga, cuando la arena y el metro. En las entrañas del monstruo que pasa penurias hay verdad, ahí también. En medio de las revisiones médicas, en los calendarios, en las escuelas deportivas que saben que la gloria nació lejos de aquí.

Hay verdad que dice, que cuenta, que agazapada espera su momento, que adora los brazos al descubierto y las piernas libres de ataduras, pero sobre todo hay verdad en lo que mezcla, en lo que ignora, en lo que iguala, en lo que desecha, en lo que piensa que está por venir, en su sueño colectivo que se dicta en silencio, entre derroches de infancia mientras los atletas asfaltan el camino hacia las épocas juveniles en busca de la siguiente posta.

Hay toda esa verdad que no interesa, grandiosa, necesaria, como los monitores deportivos que entrenan al futuro momentos antes de acostarse, por si acaso hay un mañana que confirme la verdad que se intuye, que es una realidad al alcance de los que miran la luna y no ven un astro.


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